Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la Octava de Pascua – Ciclo A

“Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo: “¿Por qué se asustan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona. Tóquenme y dense cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos como yo tengo”. Dicho esto les mostró las manos y los pies”. (Lc 24 35-48)

¿Cuáles suelen ser nuestras credenciales cuando queremos identificarnos ante los demás?
De ordinario sacamos del bolsillo nuestra tarjeta del DNI.
Y si la cosa es más seria un documento notarial que nos acredita.
O, en todo caso, damos algunos datos de nuestro pueblo y de nuestra familia.
Es decir: nos acreditamos con papeles.

Jesús se aparece a los discípulos.
La primera reacción es de “miedo por la sorpresa”.
Y hasta “creían ver un fantasma”.

¿Cómo se acredita Jesús para justificar su identidad?
De una manera que debiera ser también la nuestra.
Lo que mejor define a Jesús ante ellos es:
En primer lugar, el “saludo de paz”. Paz a ustedes”.
En segundo lugar: les muestra sus manos y sus pies.
Unas manos y unos pies con la señal de los clavos en la Cruz.
Les hace recordar que es el mismo crucificado, ahora resucitado.
Les muestras unas manos heridas por el amor con les mostró.
Les muestra unos pies heridos por los caminos que anduvo y que terminaron clavos den la cruz.

El DNI de Jesús no es una tarjeta ni unos papeles.
El DNI de Jesús son unas manos llegadas.
El DNI de Jesús son unos pies llagados.

¿Cuál debiera ser nuestra verdadero DNI?
Nuestras manos tendidas en señal de amistad.
Nuestras manos tendidas para levantar al que ha caído.
Nuestras manos que nos han acariciado en nuestros momentos de dolor.
Nuestras manos endurecidas de partir el pan que compartimos.
Nuestras manos endurecidas de trabajar para ayudar a nuestros hermanos.
Nuestras manos endurecidas y callosas de cavar y sembrar el pan que compartimos.
Nuestras manos endurecidas de ayudar a los demás.
Nuestras manos llagadas de tanto atender a los demás.
Nuestras manos llagadas de tanto trabajar por el bienestar de la familia.

Nuestro DNI debiera ser:
Unos pies heridos de tanto caminar en busca de los que están lejos.
Unos pies heridos de tanto caminar en busca de la oveja perdida.
Unos pies heridos de tanto caminar saliendo al encuentro del hermano.
Unos pies heridos de tanto caminar saliendo al encuentro del hermano solitario.
Unos pies heridos de tanto caminar para ayudar el hermano necesitado.
Unos pies heridos de tanto caminar para ayudar al hermano que tiene hambre.
Unos pies heridos de tanto caminar para ayudar al hermano abandonado.
Unos pies heridos de tanto caminar para visitar a nuestros hermanos marginados a las afueras de la ciudad.
Unos pies heridos de tanto caminar encontrarnos con los hermanos todos excluyen.

Siempre hablamos de un Jesús divino puro espíritu.
Y Jesús que una vez asumió nuestra condición humana, no la abandona.
Ya no será una humanidad como la de la encarnación.
Será una humanidad resucitada, pero humanidad.

¿Quieres conocer a alguien?
Mírele a sus manos y a sus pies.
¿Quieres conocer al verdadero cristiano?
Mírele las llagas y los pies.
Manos y pies que revelan el amor crucificado.
Manos y pies que revelan el amor hasta la muerte en la Cruz.
Manos y pies que revelan que somos capaces de darnos por los demás.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Miércoles de la Octava de Pascua – Ciclo A

“Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a un pueblo llamado Emaús. Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Sus ojos no eran capaces de reconocerle. ¿Eres el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días? Entonces Jesús les dijo: “!Qué necios y torpes son ustedes! Ya cerca del pueblo, él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya atardece”. “Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio”. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Y levantándose volvieron a Jerusalén donde encontraron a los Once. “Era verdad, el Señor ha resucitado”. (Lc 24,13-35)

El relato de los dos discípulos es toda una catequesis de cómo encontrarnos y reconocer al Resucitado:
Los discípulos están encerrados por el miedo.
Dos de ellos ya se dan de baja y retorna a sus casas.
Van tristes y desilusionados por el camino.
Jesús se une a ellos y establece un diálogo con ellos.
Lo invitan a quedarse con ellos.
Jesús parte el pan símbolo de la Eucaristía.
Y es entonces que se les abren los ojos y lo reconocen.
Regresan corriendo a Jerusalén y comparten su experiencia.
Para entonces también ellos ya creen porque se le ha aparecido a Simón.

Bello relato donde Jesús nos expone cómo anunciarle a El para que los demás lo reconozcan.
Sin Jesús ellos se sienten desilusionados.
Posiblemente ellos tenían otras metas y ven que todo ha fracasado.
La desilusión del devuelve a su casa.
Por eso van tristes.
Mutuamente se hunden en su tristeza y desilusión.

Hasta que Jesús se une a ellos.
Jesús no se impone, como siempre se hace el que ignorante que no sabe nada.
Pero los escucha.
Es fundamental comenzar no por imponer nuestras ideas, sino escuchar a los otros.
Y es entonces que Jesús comienza a explicarles las Escrituras.
En los momentos:
En que estamos tristes y preocupados, desilusionados.
En que tenemos problemas que nos ahogan.
Es peligroso el diálogo entre nosotros porque nos afianzamos en nuestra angustia.
Es necesario de un tercero que haga de intérprete y nos ayude a clarificarnos.
No que nos dé soluciones hechas.
Sino que vaya poniendo luz para que nosotros mismos descubramos el camino.

Pero Jesús resucitado ya no es el mismo de antes.
Ahora ya está en clima pascual y no podemos descubrirlo con nuestros ojos.
Ahora Jesús se revela en la fe.
Sobre todo:
El espacio de ver es la Eucaristía.
El espacio de reconocer es la Eucaristía.
El lugar donde Jesús mejor se manifiesta resucitado es la Eucaristía.

La tristeza se convierte en alegría.
Ahora entienden cómo escuchar a Jesús sus corazones comenzaban a calentarse.
Es la hora el retorno:
Jesús desaparece.
Ellos se ponen en camino de retorno.
Comparten su experiencia.
Unos y otros comparten sus experiencias.
Y de nuevo se integran a la comunidad.

Todos tenemos nuestro camino de penas y tristezas.
Con frecuencia nos hacemos daño mutuamente confirmándonos en nuestras dudas.
Siempre necesitamos de un tercer que haga de traductor de nuestros problemas.
Pero el mejor lugar para encontrarnos con el Resucitado es la Misa.
De ahí que la Misa dominical no puede ser una obligación bajo pecado.
Tiene que ser el deseo de reconocer y encontrarnos con el resucitado.
De esa Misa debiéramos salir todos con el corazón feliz y alegre.
De la Misa tenemos que salir con un corazón pascual.
Pero no para quedarnos donde estábamos, sino para correr hacia los hermanos.
Para compartir nuestra experiencia.

Necesitamos cambiar de mentalidad:
Por una parte las Escrituras son el camino.
Pero insuficientes. Se necesita de la Eucaristía.
Y se necesita compartir nuestra alegría con los demás.
Ese es el cristiano: El de Emaús que es camino de ida y de vuelta.
Que es camino de desilusiones y de esperanzas.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Martes de la Octava de Pascua – Ciclo A

“Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntaron: “Mujer, ¿por qué lloras?” Dicho esto, dio media vuelta y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: “Mujer ¿por qué lloras?, ¿a quien buscas? Ella pensando era el jardinero, le contestó: Señor, si tú te lo has puesto. Jesús le dijo: “¡María!” Ella lo reconoció y le dijo: “¡Maestro!” María Magdalena fue y anunció a los discípulos: “He visto al Señor y ha dicho esto”. (Jn 20,11-18)

Y siguen las mujeres de la Pascua.
Mientras ellos viven muertos de miedo, ellas se encaminan al sepulcro.
Es el amor el que las hace madrugar.
Todavía no hay fe en su corazón.
Todavía siguen creyendo encontrarlo en el sepulcro.
Y la único que encuentran es el sepulcro vacío.
Ven los restos que han quedado, pero a “él lo han llevado”.
A El lo han puesto en otro lugar.
Y las lágrimas comienzan a correr por sus mejillas.
Los ángeles no dan respuesta alguna.
Más bien preguntan ¿por qué lloran?

En los sepulcros vacíos solo se encuentran recuerdos del pasado.
“Vendas y sudario”.
Pero vacías.
Cuando miramos al pasado vemos demasiados sepulcros vacíos.
Y muchos solo buscan en las estructuras vacías.
Muchos solo buscan en las Iglesias vacías.
Muchos solo buscan en los corazones vacíos.
Muchos solo buscan en lo que ya no tiene vida.
Porque la vida no ama sepulcros.
La vida prefiere los jardines.

María necesita dar la espalda al sepulcro y contemplar el jardín.
Las lágrimas le impiden ver.
Confunden a Jesús con el jardinero.
El encuentro solo comienza cuando uno escucha pronunciar su nombre.
“Jesús le dijo: “¡María!”

Otra vez la mujer se lleva las primicias:
La primera en verlo.
La primera en escuchar su voz de resucitado.
La primera en escuchar pronunciar su propio nombre por el resucitado.
La primera en querer abrazarlo resucitado.
La primera en recibir el mandato de “Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mio y Padre vuestro, al Dios mío y al Dios vuestro”.
La primera en correr a anunciar a los hermanos “He visto al Señor y ha dicho esto”.

No conocemos a Jesús porque hemos oído hablar de él.
Conocemos a Jesús cuando Jesús pronuncia nuestro nombre.
Conocemos a Jesús cuando nos sentimos llamados por El.
Conocemos a Jesús cuando le reconocemos vivo en medio de nosotros.
Conocemos a Jesús cuando nos encarga la misión de ser portadores de su mensaje.
Conocemos a Jesús cuando somos capaces de anunciar al resucitado a “nuestros hermanos pastores”.

Es Pascua:
Cuando vemos lo sepulcros vacíos.
Cuando buscamos donde hay vida.
Cuando nos sentimos llamados por nuestro nombre.
Cuando llamamos a los demás por su nombre.
Cuando somos capaces de decir que “hemos visto”.
Cuando somos capaces de confiar en las mujeres.
Cuando somos capaces de enviar a las mujeres.
Cuando nuestros pastores son capaces de escucharles el mensaje del resucitado.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la Octava de Pascua – Ciclo A

“Las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; y corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Alégrense”. Ellas se acercaron, se postraron ante él y la abrazaron los pies. Jesús les dijo: “No tengan miedo: avisen a mis hermanos que vayan a Galilea y allí me verán”. (Mt 28,8-15)

Primera novedad de la Resurrección.
Los primeros testigos del Resucitado fueron las mujeres.
La cultura y la antigua religión de la Ley negaba que las mujeres fuesen testigos.
Y en primer cambio que vemos el día mismo de Pascua es:
Jesús les salió al encuentro.
A las primeras que les anunció la alegría de la Resurrección.
“Alégrense”.
“No tengan miedo”.
Las primeras elegidas para llevar la noticia a los Discípulos.
“Avisen a mis hermanos que vayan a Galilea y allí me verán”.

Los primeros en verlo resucitado: las mujeres.
Los primeros testigos de que está vivo: las mujeres.
Los primeros evangelizadores que anuncian: las mujeres.

Las comunidades de Mateo revalorizaron a la mujer.
Y la convirtieron en los testigos del mayor acontecimiento de la Iglesia.
Y fueron ellas:
Las que comenzaron evangelizando llevando la “Buena Noticia”.
Las que comenzaron la evangelización como anuncia “alegre”.
Las que comenzaron la evangelización con “alegría y sin miedo”.
Las primeras comunidades que rompieron con la cultura anti-mujer.
Las primeras comunidades que dieron su lugar a las mujeres en la Iglesia.
Las primeras comunidades que hicieron de las mujeres evangelizadoras de los mismos pastores.

¿Por qué luego las hemos hecho callar en la Iglesia?
¿Por qué luego las hemos marginado a las sacristías a lavar y planchar albas y purificadores?
¿Por qué luego no les hemos reconocido credibilidad en la Iglesia?
¿No será que nos olvidamos de que la resurrección es el centro de la Iglesia?
¿No será que nos olvidamos de que el gran anuncio de en la Iglesia es que “Jesús está vivo”?
¿No será que también a nosotros nos cuesta salir de la religión de la Ley?

¿Tendrá que resucitar de nuevo Jesús:
Para que vuelva a salir al encuentro de la mujer?
Para que vuelva a saludarlas con el saludo pascual?
Para que vuela a enviarlas a los Pastores de la Iglesia a darles la buena noticia?

Me encanta la Secuencia de la Misa de Resurrección, que recupera la presencia de la mujer:
“¿Qué viste de camino,
María, en la mañana?”
“A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza”.

“Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua”.

¡Gracias, mujeres, que nos regalasteis la Pascua!
¡Gracias, mujeres, primeros testigos del Resucitado!
¡Seguid, mujeres, vuestra misión pascual!
¡Dejad de ser el silencio de la Iglesia!
Y regaladnos cada día “vuestro genio femenino” que dice el Papa.

Mientras los Jefes se empeñan en negar la Pascua.
Y mientras los soldados venden su mentira.
Vosotras seguís gritando: “Está vivo y os espera”.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: La Resurrección del Señor – Ciclo A

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.
Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.”
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. (Jn 20.1-10)

Flickr: Pedronchi

Queridos amigos: ¡Feliz Pascua de Resurrección!
¿Habéis resucitado todos con Jesús en esta noche?
¡No me digan que también ustedes siguen metidos en el sepulcro de su vieja vida!
Hoy no es día de sepulcros.
Bueno, es el día de sepulcros pero vacíos.
Es el momento de los corazones llenos de alegría.
Es el momento de unos ojos nuevos que todo lo ven nuevo.
Es el momento de la búsqueda y del encuentro.
Es el momento en que la Cruz del Calvario se ilumina como esas cruces de nuestros cerros iluminadas en la noche.
Hoy, con él todos hemos resucitado a la vida.
Hoy todos somos distintos.
Porque donde veíamos hombres, hoy vemos hermanos.

Es el día de la luz nueva.
Del agua nueva.
Es el día de la vida nueva y recién estrenada.
Todo ha sucedido de noche.
Pero para que la noche se haga día.
Ninguno lo hemos visto resucitar, para disfrutar del encuentro y del abrazo

¿Habéis participado en la Vigilia Pascual?
Comenzamos con la Iglesia y todas las luces apagadas, hasta que el celebrante encendió en el nuevo fuego el Cirio Pascual símbolo de Cristo luz del mundo.
Y luego cada uno fuimos encendiendo nuestras velas en ese Cirio, luz de Cristo.
Hasta que, por fin, toda la Iglesia quedó toda iluminada.
Bello símbolo de esta Noche Pascual.
Jesús nació en una noche oscura en Belén.
Y resucitó también en una oscura noche en Jerusalén.
Para que el amanecer tuviese más luz.

Sólo quienes de noche se durmieron, luego debieron pasarse el día corriendo a buscarle muerto en el sepulcro.
Lo buscaron pero no lo encontraron.
Y la tristeza y la duda invadieron sus corazones.
Es que a Jesús ya no lo podemos buscar ni encontrar en lo que está muerto.
A Jesús ya no lo podemos encontrar en el pasado.
La resurrección de Jesús es el comienzo de lo nuevo.
Y a Dios y a Jesús solo podremos encontrarlo en el nuevo fuego y en las brasas nuevas y no en las viejas cenizas.

Ahora estamos en el tiempo:
de un Dios nuevo,
de un hombre nuevo,
una Iglesia nueva y
un mundo nuevo.

Lo viejo ha pasado.
Lo nuevo ha comenzado.
La muerte ha pasado.
Ahora es el tiempo de la vida nueva.

Ya no es la hora de los sepulcros, sino la hora del jardín y la hora de los encuentros.
Ya no es hora de mirar atrás sino de mirar adelante.
Saludemos gozosos al Resucitado con nuestro Aleluya.

Con la Resurrección de Jesús:
El día tiene más luz.
Tu corazón tiene más luz.
Tu mente tiene más luz.
Tu vida tiene más luz.
Hoy somos todos la “Iglesia del aleluya!

Clemente Sobrado C. P.

Resucitó

Lo vimos morir y enterrar. Lo vimos meter al sepulcro.
Y ahora lo queremos ver vivo. Resucitó.
Lo queremos ver no en el sepulcro vacío.
Sino en el jardín disfrutando de las flores.
Dando vida a las flores.
Dando vida a quienes lo lloran porque no saben quién lo ha llevado.
Es el día de la vida, del triunfo de la vida sobre la muerte.

¿Y nosotros hemos resucitado con él? ¿Cómo lo sabes?
Si pones amor donde otros ponen odio.
Si pones perdón donde otros ponen resentimiento.
Si pones alegría donde otros siembran tristeza.
Si pones ilusión donde otros ponen desilusión.
Si pones esperanza donde otros ponen desesperanza.
Si pones luz donde otros ponen oscuridad.
Si ves hermanos donde otros ven extraños.
Si el dolor del hermano te duele a ti.
Si el hambre del hermano es tu propia hambre.
Si ves hermanos donde otros ven desconocidos.
Si ves hijos de Dios donde otros ven simples consumidores.
Si ves hijos de Dios donde otros no ven ni cuñados.

Estar resucitados es sentirse renovado interiormente.
Estar resucitados es sentirse nueva criatura.
Estar resucitado es ver a Dios como Padre.
Estar resucitado es sentirnos todos hermanos.
Estar resucitado es sentirnos a todos hijos.
Estar resucitado es sentir la alegría de la vida.
Estar resucitado es buscar a Dios entre los hombres y no en el sepulcro.
Estar resucitado es ver los sepulcros vacíos porque todos han volado al Padre.
La resurrección es vida, es filiación, es fraternidad, es compromiso.
¡Saludos a todos, porque El ha resucitado en ustedes!

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Semana Santa: Vigilia Pascual – Ciclo A

Noche de la libertad

La noche del Sábado Santo es la noche de las libertades.
Es la noche en la que el sepulcro lleno queda vacío.
Es la noche en la que la muerte se hace vida, porque recién de madrugada, antes que luzca el sol, volverá a lucir la nueva luz: CRISTO RESUCITADO.

Flickr: Iglesia en Valladolid

Es la noche de lo nuevo.
La nueva vida.
La nueva fraternidad.
El nuevo amor.
La nueva libertad.
El nuevo hombre y nueva mujer.
La nueva creación.
¡Cuántas cosas para una sola noche!
Por eso es la noche bautismal.
El bautismo es la nueva vida pascual.
El bautismo es la nueva resurrección del hombre.
Es salir del pecado para entrar en el ámbito de la gracia.
Es la noche de la Iglesia que nace del agua nueva de la ida.
Es ola noche de la gracia.
Es la noche de Dios.
Es nuestra noche.

Clemente Sobrado C. P.