Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 26 a. Semana – Ciclo A

“Mientras iba de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: “Te seguiré a donde vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. A otro le dijo: “Sígueme” “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Deja que los muertos entierren a sus muertos; tu vete a anunciar el Reino de Dios”. “Te seguiré. Pero déjame primero despedirme de mi familia”. “El que echa la mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”.
(Lc 9,57-62)

Aquí las cosas claras.
Nada de cremas suavizantes.
En una ocasión me vino una religiosa pidiéndome que si tenía alguna chica con signos de vocación, se la enviase a su Congregación. Y comenzó a hacerme una serie de rebajas que guardé silencio por rato. Se le permitía esto y lo otro. Sin mediar palabra, me levante, tal vez fue demasiado duro, y le dije: “Madre, hemos terminado. Aunque tuviese alguna no se la enviaría, porque ustedes rebajan tanto el Evangelio que no vale la pena”.

El seguimiento de Jesús:
no puede ser una falsa ilusión.
no puede ser un falso sueño.
no puede ser un viaje de turismo.

Jesús no quiere seguidores engañados que cuando descubren la realidad se echan atrás.
Seguir a Jesús es saber la verdad del camino.
Seguir a Jesús es ser consciente de que el camino es bello, pero no es fácil.
Seguir a Jesús es conocer esa belleza pero también esas dificultades.

Seguir a Jesús es:
Mirar siempre hacia delante.
Nunca hacia atrás.
Es mirar al futuro.
Nada de quedarnos un pie en el pasado y otro en el futuro.
Es entusiasmarse con la novedad del Evangelio.
Y no quedarnos añorando el pasado.

Por eso Jesús:
No propone la invitación a seguirle por los caminos de lo nuevo.
Pero también nos hace ver las dificultades de lo nuevo.
“Las zorras tienen madrigueras, el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.
Que nadie se imagine una vida cómoda y fácil.
El pasado es algo muerto. “Dejad que los muertos entierren a sus muertos”.
Seguirle es hacer opción por la vida y los vivos.

El seguimiento de Jesús implica radicalidad.
Radicalidad no es obsesión ni ilusión.
El seguimiento de Jesús requiere pensarlo bien.
Pero Jesús no quiere luego indecisos.
No quiere seguidores que luego se desilusionen.
El seguimiento de Jesús es un “sí sin condiciones”.

Siento pena cuando veo jóvenes llenos de ilusiones y que al poco tiempo, ya no sienten su vocación.
No entiendo que uno pueda ordenarse sacerdote y a los seis meses pida un tiempo de discernimiento.
No entiende que alguien se case a bombo y platillo, a los pocos años “ya no siento nada por ti”. Y se había comprometido “para todos los días de mi vida”.

Está bien que ofrezcamos la belleza del seguimiento.
Pero es necesario ofrecer también las piedras del camino.
El camino del seguimiento debiera ser un camino sin condiciones.
El camino del seguimiento debiera ser un camino sin rebajas.
El camino del seguimiento debiera ser un camino sin retorno.
El camino del seguimiento debiera ser un camino donde tropezamos con frecuencia, pero aún así seguimos cantando.
Los inciertos mejor se quedan.
Los que dudan, mejor siguen donde están.
Solo los que se han enamorado de Jesús y son capaces de dejarlo todo, debieran responder a la llamada.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 26 a. Semana – Ciclo A

“Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?” El se volvió y le regañó, y se marcharon a otra aldea”. (Lc 9,51-56)

Las ideas nos dividen.
Las ideologías nos separan.
La misma religión nos separa y distancia.
La misma religión crea enemistades.

Los samaritanos y los judíos no se hablaban por problemas religiosos.
Incluso cada uno tenía su propio Templo.
Uno en Jerusalén, otro en el Garicín.

El mismo Jesús pasó por esta experiencia.
¡Cuánto nos cuesta a los hombres vivir en convivencia!
¡Cuánto nos cuesta respetar el modo de pensar del otro!
¡Cuánto nos cuesta respetar a los que piensan diferente!

Cuando se enteraron que iba camino de Jerusalén, le negaron alojamiento.
Como vas a los otros, no tienes nada que ver con nosotros.
Como no eres de los nuestros, para ti no hay lugar.

Y lo peor fue la reacción de los dos discípulos.
No se andaban con bromas.
Querían solucionar el problema exterminándolos.
Y se trata del Discípulo del amor y su hermano.
“Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo y acabe con ellos?”
Todo lo queremos solucionar por la fuerza.
Todo lo queremos solucionar por la violencia.
Todo lo queremos solucionar acabando con los otros.

Si miramos a nuestro corazón nos daremos cuenta de que:
Todos llevamos la violencia dentro.
Todos llevamos unos incendiarios dentro.
Todos llevamos el arma de la fuerza dentro.

Todavía no hemos aprendido a solucionar:
Nuestras diferencias con el amor.
Nuestras diferencias con la comprensión.
Nuestras diferencias con la bondad del corazón.
Nuestras diferencias con el sentido de la fraternidad.
Nuestras diferencias con el diálogo sincero y franco.
Nuestras diferencias sin romper nuestra comunión.

¿A caso los esposos:
Solucionan sus diferencias con el amor?
Solucionan sus conflictos con el diálogo?
Solucionan sus problemas sentándose a dialogar?
¡Cuántos matrimonios rotos por la violencia!
¡Cuántos matrimonios fracasados por la violencia!
¡Cuánto se habla hoy de la violencia en el hogar!

¿Acaso las Iglesia y religiones:
Solucionan sus divisiones respetándose mutuamente?
¡Cuánta violencia religiosa hoy!
¡Cuántas muertes por no saber comprendernos!
¡Cuántos problemas por anunciar en el Evangelio en otras zonas religiosas!
¡Cuántas críticas entre las Iglesias!
Y todo a título de distintas creencias.
Y todo a título de distintas mentalidades religiosas!

Como dice el Papa Francisco, ¿cómo anunciar el Evangelio viviendo divididos por causa del Evangelio? ¡Por causa, incluso de distintos carismas!
Una religión que no vive del amor sino del resentimiento, no es la religión que Dios quiere.

Miremos a nuestros corazones.
Es posible llevemos demasiados fuegos incendiarios.
Aparentamos ser pacíficos, y en el fondo llevamos la violencia.
Si no incendiamos, criticamos, que es también una manera de matar.
¿No mereceremos que también hoy Jesús nos “regañe”?

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 26 a. Semana – Ciclo A

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

“Ahí tenéis a un Israelita de verdad, en quien no hay engaño.” Natanael le contesta: “¿De qué me conoces?” Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, te vi”. (Jn 1,47-51)

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
De niños nos hablaron de nuestro Angel de la Guarda. Que cada uno teníamos nuestro angelito que nos cuidaba.
Bueno, con lo travieso que era, yo debía tener varios angelitos.
En la Escritura figuran tres Arcángeles que son como emisarios de Dios.
Miguel como el defensor.
Gabriel que es el encargado del anuncio de la Encarnación.
Rafael que es el encargado de la salud.

Y el Evangelio nos habla los ángeles que subían y bajaban sobre el Hijo del Hombre.
Yo no he visto a mi Ángel de la Guarda, pero todo esto nos habla de que Dios no nos abandona y que Dios camina cerca de nosotros y nos protege y nos acompaña.

Lo lindo del Evangelio de hoy, al menos para mí es que:
Jesús nos ve antes de que le veamos.
Jesús nos ve antes que los hombres nos inviten.
Jesús nos ve en cualquier lugar.
Incluso debajo de una higuera.

“¿De qué me conoces?
“Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, te vi”.

Esto es lo maravilloso de Dios:
Antes de que existiésemos, pensó en nosotros.
Antes de ser, ya existíamos en el pensamiento y el corazón de Dios.
Antes de existir en la tierra, nosotros existíamos en pensamiento de Dios.
Antes de que nosotros podamos ver a Dios, Dios ya nos ha visto.
Antes de que nosotros amemos a Dios, Dios ya nos ha amado.
Antes de que nosotros le llamemos, Él ya nos ha llamado a nosotros.
Antes de que nosotros le contemos nuestras necesidades, Él ya las conoce todas.
Antes de que nosotros le pidamos, Él ya nos lo está dando.

Dios siempre nos lleva la delantera:
Dios siempre lleva la iniciativa.
Dios siempre se nos anticipa.
Antes de que le busquemos, Él ya nos ha encontrado.
Antes de que le veamos, Él ya nos ha visto a nosotros.
Antes de que nos confesemos, Él ya nos ha perdonado.
Antes de que queramos salvarnos, Él ya nos ha salvado.
Podemos estar bajo la higuera o podemos estar caminando, cocinando.
Incluso podemos estar despistados, pero Él, ya ha puesto sus ojos en nosotros.

Nos ha visto.
Y nos ha conocido primero.
“Ahí tenéis a un Israelita de verdad, en quien no hay engaño”.
Antes que nosotros le abramos la ventana de nuestro corazón, Él ya lo ha visto.
Antes que nosotros le abramos la puerta, Él ya ha entrado dentro de nosotros.
Es inútil queramos escondernos de Dios.
Es inútil queramos esconderle nuestro corazón.
Es inútil queramos ocultarle nuestras bondades o miserias, Él ya las conoce.

Podremos vivir despistados, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos vivir en pecado, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos ser buenos, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos ser indiferentes, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos decir que nos interesa, pero Dios nos ve y nos ama.
Podremos estar en silencio, pero Dios ya nos está llamando.

Como Natanael podemos preguntarle: “¿De qué nos conoce?”
La respuesta será siempre la misma: “Te vi cuando estabas bajo la higuera”.
Te vi antes que me vieses.
Te busqué antes que me buscases.
Te amé antes que me amases.
Te invité antes que me invitases.
Queramos o no:
Dios siempre lleva la iniciativa en nuestras vidas.
Dios será siempre pregunta.
A nosotros solo nos toca ser respuesta.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 26 – Ciclo A

“¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve a trabajar en la viña”. Y él le contestó: “No quiero”. Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. El contestó: “Voy, Señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre? Contestaron: “el primero”. “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios”. (Mt 21,28-32)

Una parábola sencilla.
Pero es posible refleje muchas de nuestras vidas.
Y hay una afirmación de Jesús que puede escandalizarnos, pero que pone al descubierto muchas de nuestras vidas.

Hay muchos que dicen “no”, pero que es un “sí”.
Hay muchos que dicen “sí”, pero que es un “no”.
¡Cuántos hemos dicho “sí” pero luego nuestra vida es un “no”!
¡Y cuantos han dicho “no” y luego sus vidas son un “sí”!
Hemos dicho “sí” al sacerdocio. ¿Pero nuestra vida es sacerdotal?
Hemos dicho “sí” a los consejos evangélicos. ¿Pero nuestra vida es evangélica?
Hemos dicho “sí” al amor conyugal. ¿Pero luego amamos conyugalmente?
Hemos dicho “sí” a la fidelidad de nuestro amor. ¿Pero luego vivimos fielmente?

Hay muchos que no tienen el coraje de decir “no voy”.
Pero luego tienen el coraje de reflexionar y “van”.
Como hay muchos que hemos dicho que “sí” para quedar bien, pero nuestras vidas han sido un no al Evangelio.
Hemos quedado bien con nuestras palabras.
Pero hemos quedado mal con nuestras vidas.
Hablando de los manicomios existe ese refrán:
“Ni están todos los que son, ni son todos los que están”.
Ni están todos en la Iglesia, ni son Iglesia todos los que están.
Ni se casan todos por el sacramento, ni son todos los que celebraron el sacramento.
Ni toda la basura está fuera de la Iglesia, ni todo es santidad en la Iglesia.
Ni todos están bautizados ni todos los bautizados viven su bautismo.

Jesús pone de manifiesto que:
Hay demasiado hipocresías en los que se creen buenos.
Y hay mucha capacidad de bondad en aquellos que consideramos malos.
Hay demasiada mentira en los que estamos dentro.
Y hay mucha sinceridad en los que nosotros consideramos fuera.

Para ello utiliza una frase que se necesita de mucho coraje para decirla.
¿Quién se atrevería a decirla hoy en la Misa parroquial?
“los publicanos y prostitutas son mejores que nosotros”.
Cuando José Luis Martín Descalzo compuso aquel teatro: “Las prostitutas os predecirán en el Reino de los cielos”, algún periodista la dijo: “José Luís, ¿no te parece un título demasiado fuerte?”.
Lo de fuerte, no lo dudo, pero siento que no tengo su autoría.
Es lo único del libro que no es mío, sino de Jesús.
En mi Parroquia quisieron escenificarlo.
No duró ni una semana, porque todas las beatas y los beatos, armaron tal escándalo que tuvieron que retirarlo.

Preferimos un Evangelio en botecitos de crema que el Evangelio al desnudo.
Preferimos un Evangelio que nos resbale, que no un Evangelio que nos saque ronchas.
Preferimos un Evangelio nos tape nuestra mentira, a un Evangelio nos ponga al descubierto.
Preferimos un Evangelio que no duela, a un Evangelio que nos raspe la piel.

No vamos a condenar a nadie que está dentro y cuyo corazón solo El conoce.
Pero tampoco vamos a condenar a los “publicanos y prostitutas” de hoy, cuyo corazón tampoco conocemos.

Clemente Sobrado C. P.

Las verdades duelen

Domingo 26 del Tiempo Ordinario – A

Hace unos años, José Luis Martín Descalzo escribió una obra de teatro titulada: “Las prostitutas os precederán en el Reino de los cielos”. Aquí en la Parroquia, un grupo de teatro pidió para escenificarla. A las dos semanas debieron retirar la Obra, porque el escándalo de las viejas de la parroquia fue grande. ¿Cómo es posible que en una Parroquia se estén dando este tipo de teatros? Fue tal el jaleo, que la compañía se retiró por falta de público.
Recuerdo que cuando la obra se inauguró en Bilbao, me coincidió con mis vacaciones. Las paredes estaban empapeladas con su anuncio. Los periodistas siempre inquietos le hicieron una entrevista al autor, un extraordinario sacerdote.
Recuerdo que le preguntaron si no le parecía demasiado fuerte el título. José Luis contestó: que conste que lo único que precisamente no es mío es el título, porque el título se lo debo al mismo Jesús.

Hay verdades, cuyo solo título, nos hacen daño, aún sin ver su contenido. El solo nombre de prostituta ya ponía los pelos de punta a las viejas de mi parroquia. Claro que no estoy seguro si estarían tan escandalizadas de saber que sus maridos alguna vez anduvieron por esos rincones de la vida y que sus hijos todavía hacen sus visitas periódicas.

Yo no sé si el escándalo provenía de “eso de prostitutas” o más bien provenía de que “nos llevan la delantera en el Reino de los cielos”, porque eso sí tiene que ser grave para muchas beatas que se sienten postergadas por esa gente “de mala vida”, porque la de los clientes debe ser de “muy buena vida”.

Confieso que a mí tampoco me gusta demasiado el título, pero no porque me escandalice de la afirmación de Jesús, sino porque, de alguna manera, también a mí me puede caer la cachetada. Porque también yo puedo ser uno de esos que le he dicho que “sí” a Dios, pero mi vida está siendo un “no”. O porque también yo me considere de la clase selecta de los buenos y luego me esté resistiendo a las exigencias que Dios me pone en mi camino. De esos que se creen tan buenos que hasta Dios les tiene que estar agradecido. Lo mismito que sucedía en el Teatro de José Luis Martín Descalzo, cuando el Gobernador, el Alcalde y las grandes autoridades del pueblo ingresaron a aquella casa de prostitución para rescatar a aquel gran Crucifijo ante el que cada día oraban las prostitutas. Cuando entraron encontraron a la prostituta de rodillas hablando con Cristo. “Mira, Señor, quién viene ahí, es el Gobernador, tú ya lo conoces porque ha estado muchas veces por aquí”. “El otro también te es conocido, es el Alcalde, sí, el que continuamente pedía nuestros servicios y luego nos amenazaba para no pagarnos”.

¡La hipocresía humana es tan grande! No podían permitir que un Cristo Crucificado pudiese conservarse en una casa dedicada a la prostitución. Y los mismos que trataban de rescatarlo eran clientes normales y ordinarios de la misma casa. Y fueron ellas, las prostitutas las que se resistieron a que les quitasen aquel Cristo ante el que cada día oraban y rezaban y entre las que Cristo se encontraba más a gusto que en medio de tanto fariseo hipócrita que a veces llana nuestras Iglesias. Era su mundo, el mundo de los enfermos, el de los pecadores, el de los publicanos. El mundo de las que sentían que lo necesitaban, porque era el único que las podía comprender. El resto las utilizaban y compraba cada día sus cuerpos.

Con frecuencia, Jesús tiene frases que pueden desnudarnos en público. Y que El las decía con toda libertad y sin miedo al juicio y la crítica de los “buenos”, pero cuya bondad era el mayor obstáculo para abrirse al Reino de los cielos.

A veces, no es el pecado de la debilidad humana, lo que más nos distancia de Dios, sino precisamente la falsa o la aparente bondad.
El creernos lo suficientemente buenos que ya ni necesitamos de Dios.
El creernos tan buenos, que hasta el mismo Dios queda en deuda con nosotros.
El creernos tan buenos, que nos autoriza a condenar a medio mundo.
El creernos tan buenos, que nos da carta de garantía para juzgar a todos.
El creernos tan buenos, que da derecho de decidir quiénes han de entrar en el cielo y quiénes no.
El creernos tan buenos, que no aceptamos la corrección de nadie.
El creernos tan buenos, que de buenos nos hemos convertido en unos inútiles.

Ciertas frases pueden sonar a escándalo. Pero estoy convencido que necesitamos de alguien que, de cuando en vez, nos escandalice, aunque no sea sino para despertarnos de nuestra modorra espiritual y abrir nuestro corazón al Evangelio. El peor obstáculo que Dios encuentra en nuestro corazón para hacernos santos, puede que sea el creernos ya demasiado buenos.

Señor: A veces eres muy poco cortés con los que nos creemos buenos.
Nos echas en cara que nuestra bondad no pasa de unas palabras bonitas
o de una simple máscara.
Y necesitamos que alguien nos desnude.
Que alguien nos diga nuestra verdad, por más que nos duela.
Tú no eres de los que gustan de las palabras bonitas.
Tú eres de los que exige vida.
Es fácil decirte que sí, y luego hacer de nuestra vida un no.
Señor: la verdad duele. Pero la verdad también nos sana.
Sana hoy nuestros corazones si no son lo que tú esperarías de nosotros.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 25 a. Semana – Ciclo A

“Entre la admiración general por lo que decía, Jesús dijo a sus discípulos: “Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres”. Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto”. (Lc 9,43-46)

Jesús no quiere que los discípulos se queden con la admiración y aplauso de la gente, que siempre lleva un tufillo de vanagloria y triunfalismo.
Por eso, de inmediato les dice :
“Meteos bien esto en la cabeza: al hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres”.
No se trata de decir algo por decirlo.
Jesús quiere poner en claro que lo que les va a decir tienen que meterlo bien en la cabeza.
Tiene que ser como la clave para entenderle.
Tiene que ser como el eje para comprender su misterio.
Que lo que les va a decir tiene poco de aplauso.
Que lo que les va a decir tiene poco de triunfalismo.
Quiere que entiendan que:
Su verdad está al final del camino: la cruz.
Hay cosas que son esenciales.
Hay cosas sin las cuales todo queda sin sentido.

Y precisamente esas verdades las que nos cuesta entender.
“Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres”.
Los discípulos no entienden de la misa la media.
Hay cosas que no caben en nuestra cabeza cuando está llena de otros valores.
Hay cosas que no queremos entender.
Hay cosas que no deseamos entender.
Hay cosas que preferimos no saberlas.
Hay cosas que preferimos ignorarlas.

Y no queremos entenderlas porque nos dan miedo.
“Ojo que no ve corazón que no llora”.
“Verdad que no conozco no me molesta”.

Y por eso:
Preferimos, como los discípulos:
No preguntar.
No buscar.
No interesarnos.
Entre esas cosas que no nos interesa preguntar es la Cruz.
La palabra cruz siempre suena mal cuando preferimos una vida vivida a media caña.

El Papa Francisco tiene unas frases fundamentales, cuando dice:
«incluso Pedro que ha confesado a Jesucristo, le dice: «Tu eres Cristo, el hijo de Dios vivo. Yo te sigo, pero no hablemos de la Cruz. Es algo que no tiene nada que ver… Te sigo, sin la Cruz».
Pero «cuando caminamos sin la Cruz, cuando construimos sin la Cruz y cuando confesamos a un Cristo sin la Cruz… no somos discípulos del Señor: somos mundanos; somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor».

«Y yo quisiera que todos, después de estos días de gracia, tengamos el valor; sí, el valor:
de caminar en presencia del Señor,
con la Cruz del Señor,
de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor que se derramó en la Cruz;
y de confesar la única gloria: a Cristo crucificado.
Y así, la Iglesia irá hacia delante. Deseo para todos nosotros que el Espíritu Santo y la oración de la Virgen, nuestra Madre, nos conceda esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo».
Y Pablo añadirá: “y éste crucificado”.

Cuando la Iglesia vive sin la experiencia de la cruz, no es la Iglesia de Jesús.
Cuando la Iglesia deja de anunciar la cruz, está aguando y rebajando el Evangelio.
Cuando la Iglesia deja de “preguntar por miedo” por la cruz, se parece a los discípulos que durante la Pasión no dieron cara, y desaparecieron.
Cuando el cristiano no tiene la cruz como criterio y norma de su vida, deja de ser cristiano, “está en el mundo y es del mundo”.
¿Para qué nos santiguaremos?
¿Para qué llevar un cruz al cuello?

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 25 a. Semana – Ciclo A

“Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas” El les preguntó: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo? “Pedro tomó la palabra y dijo: El Mesías de Dios”. Y les prohibió terminantemente decírselo a nadie”. (Lc 9,18-22)

Lucas presenta este examen de los discípulos en un clima de oración.
Posiblemente el mismo Jesús sentía que la gente no le comprendía.
Y que ni los discípulos lograban tener una idea integral sobre él.
Y hasta me imagino que en su oración Jesús desahogaba su corazón con el Padre de su soledad.
Porque no hay soledad más dolorosa que la no ser comprendido en su verdad.

Jesús hace en realidad tres preguntas:
Pregunta por la gente.
Pregunta por los mismos discípulos.
Y pregunta por sí mismo.

De ordinario todos llevamos un fallo en nuestro corazón.
Damos por hecho:
que ya le conocemos a Dios.
que ya conocemos a Jesús.
que ya conocemos el Evangelio.
que ya conocemos nuestra fe y nuestro cristianismo.
que ya lo sabemos todo.

Cuando en realidad:
No debiéramos dar por hecho nada.
Sino que debiéramos cuestionarnos constantemente.
Alguien hablaba de que, incluso entre sacerdotes, pudiera haber demasiados ateos.
No porque neguemos a Dios, sino porque el Dios en que creemos no es el de Jesús.
Dios también se hace historia, y el Dios de nuestros abuelos, puede que no sea el Dios de hoy.
Dios se nos va revelando al ritmo mismo del desarrollo de la historia y de las preguntas del corazón del hombre.
No estaría mal que cada día pudiéramos preguntarnos: ¿Señor quién eres?
Y es posible que Dios se haga nuevo cada día en nuestros corazones.

¿Quién dice la gente hoy que es Jesús?
Para hablar de Jesús a la gente es necesario saber qué piensan.
Para hablar de un Jesús que interese a la gente habría que saber qué imagen tienen de él.
De lo contrario puede que estemos predicando al aire.
Que digamos muchas cosas pero que no interesan a nadie porque no responden a las preguntas que llevan dentro.

Y también nos tendremos que preguntar a nosotros mismos.
¿Qué Dios estamos ofreciendo a la gente?
¿Qué Dios estamos predicando?
No nos olvidemos que Pedro solo conocía a Jesús a medias.
Y que la otra mitad ni él mismo quería aceptarla.
Lo que dijo era verdad, pero no toda la verdad sobre Jesús.
Y, con frecuencia, las verdades a medias terminan siendo las grandes mentiras.

Y esto lo debiéramos hacer en todo:
¿Qué pienso yo de mi fe?
¿Qué pienso yo de mi sacerdocio?
¿Qué pienso yo de mi matrimonio?
¿Qué pienso yo de mi vida consagrada?
¿Qué pienso yo de mi predicación?
¿Qué pienso yo de mi administración de los sacramentos?
¿Qué pienso yo de mi oración?
No tengamos miedo a nuestra autocrítica, puede ser el médico que nos sana.

Vivimos en un mundo nuevo, en cambio.
¿Qué Dios y qué Jesús estamos anunciando?
¿Es un Dios que ilusiona?
¿Es un Dios que atrae?
O es un Dios que no interesa a nadie, y menos a la sensibilidad moderna.-

Clemente Sobrado cp.