Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Los Fieles Difuntos – Ciclo A

“Al llegar al mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a media tarde, Jesús clamó con vos potente:”Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?… Jesús dando un fuerte grito, expiró”. ( Mc 15,33-39;16,1-4)

Hoy celebramos la Conmemoración de todos los fieles difuntos.
Esta celebración tiene su historia.
Hacia la mitad del siglo segundo nos encontramos con una serie de oraciones por lo fieles difuntos.
Ya en el siglo cuarto estas oraciones abundan.
Pero será San Odón en el siglo diez-once que fija la conmemoración de los difuntos el día dos de noviembre, que es la que hasta ahora perdura.
La liturgia tiene una serie de lecturas para la misa de hoy.
Es que Jesús habló mucho de su muerte, pero no habló directamente de la nuestra.
Por eso tendremos que ver la muerte del cristiano a la luz de la de Jesús.

El pueblo cristiano tiene una gran veneración por los difuntos.
El pueblo cristiano ofrece constantemente Misa y oraciones por los difuntos.
El pueblo cristiano asiste hoy más a visitar a sus difuntos en los cementerios que a las Iglesia a celebrar la Eucaristía.

En el fondo es una confesión de fe en el más allá.
Es una manera de confesar que los muertos viven.
No tendría sentido visitar los sepulcros ni ofrecer flores, ni ofrecer Misa, si los que han muerto ya no existen.

Es posible de que hoy se actualice la mañana de pascua.
Todos a visitar los sepulcros que ya están vacíos.
Pero donde lo muertos, al igual que Jesús, estén vivos.
No sabría decir hasta donde los que acuden hoy a visitar a sus seres queridos creen que todavía siguen allí, o hasta donde creen que están vivos en Dios, compartiendo la resurrección de Jesús.

Pero es el día que a todos nos invita:
A meditar sobre el sentido de la muerte.
A meditar sobre la suerte de los muertos.
A meditar sobre la nueva vida de los muertos.
Por una parte cuando muere un ser querido nos sentimos nosotros morir con él.
Y hasta se da un cierto signo de desesperación, de pérdida de nuestros seres queridos.
Cuando en realidad, vista desde la fe cristiana es la meta a la que todos estamos llamados.
Es un fenómeno natural de nuestra condición humana.
Pero es también el momento de reafirmar y celebrar nuestra fe en el más allá.

No podremos entender nuestra muerte:
Si no es a la luz de la muerte de Jesús.
Si no es a la luz de la nueva vida de la fe.
Si no es a la luz de que la muerte no es el final sino “la llamada” de Dios.
Si no es a la luz de ese germen de nueva vida que ya hay en nosotros.
Y que la muerte lo único que hace:
Es romper la cáscara que encierra en germen de la vida.
“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene ya la vida eterna”.
“Si el grano no muere queda infecundo, pero si muere da mucho fruto”.

La vida eterna, la vida resucitada no es algo que comienza con nuestro morir.
Nuestro morir es lo que hace posible que la vida eterna que llevamos dentro florezca en vida resucitada, en la nueva vida de Dios.

Para el niño que nace, el nacer es como una especie de muerte.
Se sentía feliz en el seno materno.
Nacer para él es un morir.
Mientras tanto cuantos esperamos que la mamá dé a luz, esperamos “su nacimiento”.
Nacer es comenzar a vivir una nueva vida.
Morir, para nosotros es sentir que, al otro lado, Dios espera nuestro nacimiento definitivo.

Yo no quisiera que sobre mi tumba escriban: “aquí yace”.
Sino que escriban por aquí pasó alguien que ahora comparte la gloria de Dios.
Por eso me gusta aquella oración de Jesús en Ultima Cena: “Padre, este es mi deseo que aquellos que me diste están conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste antes de la creación del mundo”.
Digamos con gozo: la muerte es la boda del hombre con Dios.
La muerte hace posible nuestra vida eterna, la vida de Dios.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Todos los Santos – Ciclo A

“Al ver Jesús el gentío, subió a la montaña y se sentó, y se acercaron sus discípulos: y él se puso a hablar, enseñándoles: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpio de corazón, porque ellos verán a Dios…” (Mt 5,1-12)

Hoy celebramos la festividad de Todos los Santos.
Celebramos el rostro resplandeciente de la Iglesia.
Celebramos el rostro bello y hermoso.
Celebramos el misterio de la gracia en la debilidad humana.
Celebramos el misterio de lo que Dios puede hacer en cada uno de nosotros.
Celebramos la alegría de Dios en cada uno de nosotros.
Celebramos el optimismo y la esperanza de la Iglesia y de cada uno de nosotros.

Celebramos la felicidad de los pobres de corazón:
Que han puesto su confianza en Dios.
Han sabido compartir su pedazo de pan con el que tiene hambre.
Han sabido compartir su techo con los que carecen de casa.
Han sabido compartir su vestido con el desnudo.

Celebramos la felicidad de los han llorado:
Por sus hermanos que sufren.
Por los hermanos que están tristes.
Por los hermanos que se siente marginados.
Por los hermanos marginados que sufren hambre.

Celebramos la felicidad de los que han sufrido:
Por los hermanos que sufren.
luchando por la felicidad de los demás.
luchando por manifestarles el rostro de Dios.
Luchando por los hermanos que aún no conocen a Dios.

Celebramos la felicidad de los que tienen hambre y sed de justicia.
De que se han comprometido para que todos tengan lo necesario.
Para cambiar el mundo y no haya ningún niño abandonado.
Para que todos puedan vivir con dignidad.
Para que sean respetados y valorados y no haya excluidos.

Celebramos la felicidad de los misericordiosos que han sabido:
Comprender las debilidades de los demás.
Comprender al hermano que ha caído.
Perdonar al hermano que ha fallado.
Acoger al hermano que ha sido infiel a Dios y a sí mismo.
Acoger y dar cariño al hermano herido por el despecio.

Celebramos la felicidad de los que tienen un corazón limpio:
Porque ellos verán el rostro de Dios.
Porque ellos vieron el rostro humano del hermano.
Porque ellos vieron la necesidad de cariño del hermano.
Porque ellos vieron que el hermano los necesitaba y han acudido en su ayuda.
Porque ellos fueron capaces de ver lo bueno que hay en el corazón de cada hermano.

Porque la santidad no es de superhombres especiales.
La santidad es la vocación de cada hijo de Dios.
La santidad no es privilegio de esos que hoy están en nuestros altares.
La santidad es privilegio de Dios a todos los bautizados.
La santidad es don de Dios a todos.
“Y luego vi una multitud que nadie podía contar, de toda raza lengua y nación”.
La santidad no es de los que nunca han pecado.
Sino de que “han lavado sus túnicas blancas en la Sangre del Cordero”.
La santidad, más que de lo que nosotros hacemos, es lo que Dios hace en nosotros.

Por eso tenemos la santidad de los santos de altar.
Y la santidad de los que andamos a pie.
La santidad de los de corbata.
La santidad de los que visten su pobreza.
La santidad del Dios que anda entre las ollas y pucheros.
La santidad de los que tienen coche y de los que viajan en microbús.

Felicidad a cuantos Dios nos quiere santos y actúa en nosotros cada día.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 30 a. Semana – Ciclo A

“Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos le estaban espiando. Se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los maestros de la Ley y fariseos, preguntó: “¿Es lícito curar en sábado o no?” Ellos se quedaron callados. Jesús tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: “Si a uno de vosotros se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?” Y se quedaron sin respuesta”. (Lc 14,1-6)

Un Evangelio un tanto extraño y que crea una serie de interrogaciones.
En primer lugar, extraña ver a Jesús entrar en casa de uno de los principales fariseos para comer.
Ciertamente fue invitado, lo que resulta extraño que un fariseo y de los jefes, le invitase.
Pero a la vez un comienza a pensar si allí no había gato por liebre.
“Ellos le estaban espiando”.
¿Invitación por simpatía o invitación con trampa?
¿Y cómo estaba allí un enfermo de hidropesía?
No todas las invitaciones son signos de amistad.
Hay muchos signos de amistad que pueden ser toda una trampa.

En segundo lugar, ¿se puede armar toda una comida para tantos en un sábado?
¿y luego escandalizarse de que Jesús cure en sábado?
¿Se puede banquetear en sábado y no se puede sanar en sábado?

En tercer lugar, Jesús les amargó la comida.
Porque los cuestionó en algo que era fundamental para ellos.
¿Se puede curar en sábado?
¿Se puede sacar del pozo al hijo o al buey ¿y no se puede sanar en sábado?
Y en sus mismas narices sana al hombre que padecía hidropesía.
Y nadie se atreve a decirle nada.

En cuarto lugar el silencio.
Ninguno de ellos se quiere mojar.
Ninguno de ellos se quiere complicar.
Ninguno de ellos se quiere definir.
Ninguno de ellos se quiere enfrentar.
Cuando no hay sinceridad, lo mejor es callarse.
Cuando no se busca la verdad, lo mejor es callarse.
Cuando no se quiere manifestar, lo mejor el silencio.

Jesús les pide que se definan.
Pero ellos no tienen el coraje de hacerlo.
Hay silencios que dicen más que mil palabras.
Hay muchos silencios entre nosotros que nos definen claramente.
Hay muchos silencios entre nosotros que tratan de evitar complicarnos.
Hay muchos silencios entre nosotros que definen nuestras cobardías.
Hay muchos silencios entre nosotros que definen nuestros miedos.
Hay muchos silencios entre nosotros que definen nuestras inseguridades.
Hay muchos silencios entre nosotros que son la negación de lo que somos.

Para no complicarnos la vida, lo mejor el silencio.
Diremos que por dentro pensamos otra cosa.
Pero no tenemos la valentía de declararnos cuando nos preguntan.
Preferimos responder con el silencio y un simulacro de sonrisa.
Y creemos que con ello nos hemos salvado.
Dios pide definiciones y no indecisiones.
Dios pide claridad y no medias tintas.
Que nuestros silencios en los grupos sociales, pueden ser la negación de nuestra identidad cristiana.
¿Alguien quisiera que Dios guarde silencio sobre nosotros?

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 30 a. Semana – Ciclo A

“Se acercaron unos fariseos a decirle: “Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte”. El contestó: “Id a decirle a ese zorro: “Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego mi término”. Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”. (Lc 13, 31-35)

Lo que le faltaba a Jesús.
Primero vive un enfrentamiento con el poder religioso, que siempre ha sido más fuerte y del cuál fue víctima hasta la muerte.
Pero es curioso el poder religioso siempre había vivido en compadrazgo con el poder político.
Intereses del negocio.
Enemigos, pero de acuerdo para no crearse problemas.
Y ahora Jesús aparece como enfrentado con el poder político: “Herodes quiere matarte”.
Es inútil, el Evangelio crea confrontaciones religiosas y confrontaciones políticas.
Como dice el refrán, todos contra uno y uno contra todos.
Jesús contra el poder religioso.
Jesús contra el poder político.
El poder religioso contra Jesús.
El poder político contra Jesús.
Jesús contra nadie, pero su vida pone en cuestionamiento tanto el uno como al otro.

Es posible que hayamos destacado poco este aspecto de la vida de Jesús.
Lo hemos visto muy confrontado con el poder religioso.
Pero le hemos visto menos confrontado con el poder político.
Y no es que Jesús sea un tipo insociable que se pelea con todo el mundo.
Es la realidad religiosa y política la que no aceptan las enseñanzas y el comportamiento de Jesús.
“Los fariseos buscaban cómo acabar con él”.
“Herodes te busca para matarte”.
Y el caso es que son los mismos fariseos quienes le ponen de sobre aviso.
La verdad que resulta curioso.
Como si el poder religioso quisiera ahora protegerle.
Como si el poder religioso quisiera presentarse como el bueno de la película.

Jesús se manifiesta siempre libre frente a los unos y a los otros.
“Id a decirle a ese zorro: Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término”.
“Y buscaban cómo ponerlo a prueba para apresarlo”.
Y ahora se hacen los buenos avisándole del peligro político.
¿No les parece que Jesús vive entre entre ambas aguas?

Pero Jesús vive y actúa al margen del doble peligro:
Al margen del peligro religioso.
Al margen del peligro político.
Es el mismo problema de la Iglesia:
Tienen enemigos dentro de ella misma.
Enemigos religiosos.
Tiene enemigos que no aceptan que la Iglesia cree problemas a los políticos.

El sigue adelante.
Por encima de los intereses políticos y religiosos él sigue su camino.
No se pliega a los intereses religiosos de la religión de la Ley.
Ni se pliega a los intereses políticos de la sociedad.
Se siente libre frente a unos y frente a los otros.
No busca la aceptación de los uno ni de los otros.
“Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios”.

Esa es la misión de la Iglesia.
Y esa es la misión del cristiano.
Sus intereses son los del reino.
Por más que signifiquen crearse problemas por parte de unos y de otros.
Prefiero una Iglesia perseguida que una Iglesia aplaudida.
Prefiero una Iglesia que crea problemas.
A una Iglesia que no inquieta a nadie.
Porque es señal de su autenticidad.
Es señal de su verdad.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 30 a. Semana – Ciclo A

“Jesús, de camino hacia Jerusalén recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?” Jesús les dijo: “Esforzaos por entrar por la puerta estrecha. Porque muchos querrán entrar y no podrán”. (Lc 13, 22-30)

Una pregunta llena de pesimismo.
Pero que tiene su razón de ser.
Nos han hablado tanto de condenación que ya nos cuesta creer que alguien pueda salvarse.
Otra era la mentalidad del Cardenal Martín, cuando alguien le preguntó si creía en el infierno. El respondió: “sí creo en el infierno, pero tengo serias dudas de que alguien esté en él”.

Para quienes todo es pecado.
Para quienes toda su preocupación es el no pecar, el problema de la salvación se pone difícil.
En cambio para aquellos cuya preocupación es el amor de Dios, el convencernos de que Dios nos ama “hasta entregar a su propio hijo por nosotros”, la conclusión es la posibilidad de que todo nos salvemos.
El número de los salvados es tan amplio como el universal es el amor de Dios.
“Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por él”.

¿Cuál es la “puerta estrecha” de que nos habla Jesús?
Una vida, no según los criterios del mundo, que es muy ancha y donde todo es permitido y válido.
La “puerta estrecha” de Jesús es:
Vivir a la luz del Evangelio.
Vivir sintiéndose amados por Dios.
Vivir del amor a Dios y al prójimo.
Comparada con la puerta del mundo parece estrecha, y exigente.
Sin embargo, la puerta del amor, es una puerta tan grande como el corazón de Dios.
La puerta del amor es tan grande como la Cruz de Jesús.

El problema está:
¿qué puerta elegimos?
¿la puerta del mundo?
¿la puerta de Dios?
Ante la puerta de Dios, la del mundo queda estrecha.
Claro que por esta puerta no podemos entrar aunque queramos.
Lo estrecho de Dios es más grande que lo amplio del mundo.

¿Por qué no preguntarle a Jesús: Señor serán poco los que se condenen?
Yo no entiendo hablarle a Dios de tacañerías, cuando su amor es universal.
Yo no entiendo hablarle a Dios de tacañerías, cuando a Dios lo vemos como amor y gratuidad.
El amor de Dios no es algo que tengamos que ganarnos.
El amor de Dios es siempre gratuidad.
El amor de Dios es siempre un don.
Y eso es lo que personalmente me consuela.
Llevo ya más de sesenta años de sacerdote.
Y sin embargo tantos años no me dan seguridad, aunque he tratado de vivirlos lo mejor posible.
Para mí, lo único que me consuela y me ofrece seguridad es el amor que Dios me tiene.
Para mí, lo único que me serena y tranquiliza es que yo mismo soy “un milagro del amor de Dios”.

Por eso, cada día que celebro misa:
Siento un gozo especial.
Me olvido de mí mismo y de mi vida.
Y me meto en el cáliz de la sangre de Jesús.
Y me ofrezco a Dios mojado en esa sangre.
¿Y alguien piensa que Dios se fijará en mis flaquezas y debilidades viéndome mojado en la sangre de su Hijo?
¿Tanto tiempo y todavía no entendéis mi corazón y mi amor?
No me salves por mi bondad, sálvame por la gratuidad de tu amor.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 30 a. Semana – Ciclo A

Señor de los Milagros
San Simón y San Judas Tadeo

“Subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles”.
(Lc 6,12-19)

En el Perú celebramos la festividad del Señor de los Milagros. En la liturgia universal recordamos a los apóstoles San Simón y San Judas.
Yo no creo que el Señor de los Milagros se me enfade porque dé preferencia a los Apóstoles. Al fin y al cabo son apóstoles de Jesús.

Para Jesús se trata de un momento importante:
Va a elegir entre los discípulos que le seguían a sus Doce Apóstoles.
Las doce columnas sobre las que fundamentará la Iglesia.
Las doce columnas que darán inicio al proceso de evangelización.
Las doce semillas de que la brotará socialmente la Iglesia.

Se trata de un momento decisivo.
Jesús no improvisa a las cosas.
Tampoco actúa movido por preferencias personales.
Necesita hacer un discernimiento espiritual y evangélico.

Para ello se prepara con una noche de oración.
Con una noche de diálogo con el Padre.
Como si le preguntará “¿a quienes has elegido, Padre?”
¿Cuál es la voluntad del Padre?
Antes de los grandes momentos y decisiones, Jesús ora.
Jesús entra en intimidad con el Padre.
Quiere cumplir la voluntad del Padre.

El siempre se sintió como “el enviado del Padre”.
El no vive de su voluntad ni de sus caprichos.
Y la elección de alguien significa entrar primero en el corazón de Dios.
Toda elección nace en el corazón de Dios.
Primero existimos en el corazón de Dios.
“Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”.
Y ahora cuando llama a alguien, primero nos llama en su corazón.
Son llamadas que no nacen de intereses particulares.
Son llamadas que nacen del amor y gratuidad del corazón de Dios.
Nuestro nombre sonó primero en el corazón de Dios.
Antes de hacernos sentir su voz que nos llama, Dios escuchó nuestro nombre en su corazón.
Y toda llamada es un “enviarnos también a nosotros”.
Toda llamada de Dios configura nuestra vida para siempre.
Antes de entrar en su Pasión, Jesús se pasa unas horas en oración.

Por eso Jesús se pasa la noche en oración escuchando al Padre.
Algo importante para todos nosotros.
Antes de tomar decisiones importantes: debiéramos orar.
Antes de responder a la llamada de Dios: debiéramos orar.
Antes de decidirnos: debiéramos orar.
Antes de decir casarnos: debiéramos orar.
Antes de engendrar a un hijo: debiéramos orar.
Antes de aceptar una responsabilidad: debiéramos orar.
Antes de anunciar el Evangelio: debiéramos orar.
Antes de sentarnos al confesionario: debiéramos orar.
Antes de celebrar la Misa: debiéramos orar.
Antes de confesarnos: debiéramos orar.

Porque la oración:
Es entrar en diálogo con Dios.
Es entrar en la búsqueda de la voluntad de Dios.
Es entrar en el plan de Dios.
Es decirle a Dios: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.

Antes de tomar las grandes decisiones de nuestra vida, primero es preciso ponernos en sintonía con los planes y la voluntad de Dios.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 30 a. Semana – Ciclo A

“Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer quedas libre de tu enfermedad”. Le impuso las manos, y enseguida se enderezó y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: “Seis días tienen para trabajar, vengan esos días a que les curren, y no los sábados”. Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: “Hipócritas, cualquiera de ustedes, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a beber, aunque sea sábado?” (Lc 13,10-17)

Una religión que no humaniza al hombre no es una religión que lleve a Dios.
La religión que no lleva a Dios a través del hombre, no es la religión de Dios.
La religión no es solo para dar culto a Dios.
La religión es para valorar lo que Dios valora.
La religión verdadera es la que rinde culto a Dios sirviendo al hombre.
Los dos mandamientos principales de la ley son el amor a Dios y al hombre.
La verdadera religión tiene que tener como base la relación con Dios pero también con el hombre.

El sábado, hoy el domingo, es el día dedicado a Dios.
Por tanto también dedicado al servicio del hombre.
No podemos imaginarnos un domingo sin el hombre.
No podemos pensar en un domingo para Dios, olvidándonos del hombre.

El domingo podemos preocuparnos del buey y del burro.
Pero ¿no podemos ocuparnos del hombre?
¿Acaso el domingo es para el buey y el burro?
Pero no para lo que más interesa a Dios que es el hombre.

La religión es buena como camino para rendir culto a Dios.
La religión es buena como camino para dedicarnos al servicio de Dios.
Pero la religión:
¿puede olvidarse de los intereses de Dios?
¿puede olvidarse de los intereses del hombre?

Una religión que se preocupa del buey y del burro, pero se olvida del hombre:
¿será la religión que Dios quiere?
¿será la religión que nos lleva a Dios?
¿a caso Dios se olvida del hombre el sábado o el domingo?
¿a caso el hombre no existe para Dios los sábados o los domingos?
¿a caso solo existen los bueyes y los burros los sábados y domingos?

Para Jesús el camino de Dios es el hombre.
A Dios se llega a través del servicio al hombre.
A Dios se llega a través de una mujer desconocida y encorvada dieciocho años.
A Dios se llega, enderezando en sábado, a una mujer que solo mira a la tierra porque no puede enderezarse.
A Dios se llega enderezando a una mujer encorvada que, por primera vez, puede mirar al cielo.

Jesús no quiere una religión ritualista.
Jesús no quiere una religión de un culto ritualista.
Jesús no quiere ni anuncia una religión que prescinde del hombre.
¿Acaso no comenzó él mismo por hacerse hombre?
¿Acaso no salvó al hombre haciéndose hombre?
¿Acaso no reveló a Dios asumiendo nuestra condición humana?
La encarnación es el camino de Dios hacia el hombre.
La encarnación es la revalorización del hombre.

¿Por qué crucificaron a Jesús?
Porque Dios quiso manifestarse como hombre.
Y eso es lo que la religión no aceptó.
No aceptó un “Dios hombre”.
Por eso tampoco acepta un “hombre imagen de Dios”.

No cambiaremos el mundo con un culto ritualista.
Solo podremos cambiarlo cuando revaloricemos al hombre por encima de la religión.
Solo podremos cambiarlo cuando el hombre sea tan importante que prevalezca sobre el culto ritual.
Solo cuando seamos de valorar al hombre como Dios lo valora.

Tenemos que enderezar al hombre:
Tiene que mirar a la tierra.
Pero tenemos que enseñarle a mirar al cielo.
El verdadero creyente no es el que solo mira al cielo.
Sino el que encuentra el cielo mirando a la tierra.
Por eso necesitamos enderezarle.
Es preciso mirar hacia abajo, pero sin dejar de mirar hacia arriba.

Tendremos que enderezar a la mujer en la Iglesia, demasiado tiempo encorvada.
Tendremos que enderezar a la mujer en la Iglesia, demasiado tiempo viviendo a la sombra de la religión masculina y machista. Y esto, aunque sea domingo.

Clemente Sobrado C. P.