Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 11a. Semana – Ciclo B

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando oréis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis”. (Mt 6, 7-15)

Yo tengo miedo a esos charlatanes que solo hablan ellos y no dejan hablar al resto.
Yo creo que Dios también está un poco harto de tanto charlatanes que dicen que oran, pero lo único que hacen es decir palabras aprendidas de memoria.

Hay “monólogos” solo hablan y solo se escuchan ellos.
Hay “diálogos” donde hablan todos y se escuchan todos.
Hay “triólogos” (perdón por la palabra) donde hablan todos juntos y nadie escucha a nadie. ¿Nunca han escuchado a las cotorras hablar todas juntas en el árbol?

La oración es un diálogo con Dios.
Un diálogo que unas veces lo hacemos con palabras.
Otras veces dejamos que solo hable el corazón.
Hay diálogos en los que solo hablamos de nosotros mismos.
Hay diálogos donde tratamos de sintonizar con los sentimientos de los otros.
La oración, es cierto que muchas veces, solo le hablamos de nosotros.
La oración es más auténtica cuando callamos y escuchamos.
Le dejamos hablar a El.
Y nosotros como María hacemos silencio y escuchamos.
Porque nosotros tenemos muy poco que decirle, mientras El tiene mucho que comunicarnos.

Flickr: aronki

La oración no es tanto para darle a Dios noticias de nosotros.
“Vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que se lo pidáis”.
La oración no es para convencer ni cambiar la voluntad de Dios.
La oración es para crear un ambiente espiritual en el que podamos escuchar su voluntad.

Por eso Jesús nos regala con la mejor oración: “el Padre nuestro”.
Una oración que nos mete en ese clima de paternidad y filiación.
Una oración que hace brotar la alegría de nuestra alabanza y reconocimiento hacia El.
Una oración que trata de hacernos sentir los verdaderos intereses de Dios.
“Yo no hago nada por mi cuenta sino lo que el Padre me ha mandado”.
Una oración llamada a ponernos esa actitud de disponibilidad de servicio y compromiso con el Reino.
Una oración que nos hace sentir los mismos sentimientos de Cristo Jesús en su relación con el Padre, con el Reino y con los hombres.
Solo en un segundo momento nos convertimos nosotros en objeto de nuestra oración.
Pero no tanto como pedigüeños que tratamos de que Dios soluciones nuestros problemas sino que nos ayude en nuestras debilidades y nos haga fieles a su amor.
Una oración que brote del amor hecho perdón.
Una oración que nos haga fuertes en nuestras fragilidades.

Hablamos demasiado.
Y Jesús nos lo dice “no uséis muchas palabras”.
Utilizad más el silencio.
Dejad que habla vuestro corazón.
Dejad que hable vuestro amor.
Dejad que habla él dentro de vosotros.

¿Qué no sabemos qué decirle a Dios y estamos desganados?
No importa: “Señor aquí estoy”.
¿Qué no tenemos ganas de hablarle?
No importa. Dios entiende mejor el silencio que las palabras.
¿Que estamos cansados y no nos sale nada?
No importa. ¿No has visto cómo el niño se duerme en brazos de su madre?
¿Qué nos quedamos dormidos en la oración?
¿Y nunca has visto cómo el niño se queda dormido con la tetita de la madre en la boca?
¡Y qué maravillosa comunicación entre madre e hijo!

Eso sí. Nunca olvidemos que la verdadera oración ha de brotar de un corazón que no solo ama a Dios sino que ama y perdona a los hermanos. Sin amor y sin perdón, nuestras palabras se las lleva el viento.

Clemente Sobrado C. P.

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s