Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la 5 a Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Si el mundo los odia, sepan que me han odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya, pero como no son del mundo, por eso el mundo los odia. Acuérdense de lo que les dije: “No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la de ustedes”.Y todo esto lo harán con ustedes a causa de mí nombre, porque no conocen al que me envió”. (Jn 15,18-21)

Jesús no es:
De los que pone las cosas fáciles.
Ni de los que maquillan el Evangelio.
Ni de los que ocultan la verdad.

Lo dijo claramente:
“El que quiera seguirme, tome su cruz y sígame”.
Ahora, a la hora de las despedidas les habla con toda claridad.
“Si el mundo os odia, antes me han odiado a mí”.
Es decir, la suerte del cristiano no es otra que la del mismo Jesús.
A él no lo quisieron aceptar.
Tampoco el que le sigue tendrá mejor suerte.
A él lo odiaron.
También el mundo odiará al que le sigue.
A él lo excluyeron.
También al que le sigue le excluirán.
El que sigue a Jesús no tendrá mejor suerte que él.

¿Razones?
A Jesús lo odiaron porque no le conocieron de verdad.
A Jesús lo odiaron porque no le reconocieron al que lo envió.
El mundo tampoco conocerá la verdad del cristiano.

Por tanto:
Jesús estaba en el mundo, pero no era del mundo.
El seguidor de Jesús está en el mundo pero no es del mundo.
No piensa como el mundo.
No tiene los mismos criterios del mundo.
No vive como vive el mundo.
No somos del mundo.
Y somos un peligro para el mundo.
Somos un estorbo para la mentalidad y modo de vivir del mundo.

Hay una profundo unidad y relación entre Jesús y los que le seguimos.
Nos ama como el Padre le ama a El.
Nos odiarán como le han odiado a El.

Los cristianos no podemos olvidar todo esto. Nuestra tentación suele ser:
Un cristianismo más fácil.
Un cristianismo más a tono con el mundo.
Un cristianismo más de acuerdo con el mundo.
Un cristianismo con más rebajas.
Un cristianismo un poco más aguadito.
Un cristianismo “que sí”, pero “que no”.
Un cristianismo a nuestra medida.
El Papa lo dijo muy claro: “La fidelidad no se negocia”.

No temo a una Iglesia y a unos cristianos perseguidos.
Más temo a una Iglesia y a unos cristianos aplaudidos.
Porque es señal de que “son del mundo”.
Es doloroso ver cómo se persigue a los cristianos.
Pero es también la manera de ver que son seguidores verdaderos de Jesús.
La Cruz es la “señal del cristiano”.
Pero no solo porque en ella hemos sido salvados, sino porque ella nos configura con Jesús.
Con una cruz colgada al cuello, no podemos luego ir reclamando “mejores precios” y “mayores rebajas”.
Por algo nos dijo Jesús que, el que quiera seguirle, piense cómo construye: sobre “roca o sobre arena”.

No es fácil “estar en el mundo y no ser del mundo”.
No es fácil que el mundo nos aplauda.
Pero ese, y no otro, es el camino de Jesús.
De nosotros depende aceptarlo o rechazarlo.
De nosotros depende vivir “en nombre de Jesús o en nombre del mundo”.

Clemente Sobrado C. P.

 

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Viernes de la 5 a Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo les he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no les llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a ustedes les llamo amigos, porque les he dado a conocer, todo lo que he oído de mi Padre. No son ustedes quienes me han elegido, soy yo quien los he elegido y los he destinado para que vayan y den fruto, y su fruto dure”. (Jn 15, 12-17)

¿Queremos cambiar realmente el mundo?
Bueno, de ideologías ya estamos bien, y total para nada.
¿Queremos una familia unida? Consejos tenemos de sobra.
¿Queremos una Iglesia unida, comunidad de Jesús? El Derecho Canónico no lo ha conseguido.
¿Queremos realmente un mundo nuevo, donde todos nos sintamos hermanos, amigos, compañeros?
¿Creen que hay algún método de hacerlo realidad?
Yo creo que sí.
Pero me temo que no nos atrevamos a ponerlo en práctica.
¡Sería tan sencillo!
¡Sería tan barato!
¡Sería tan fácil!

Pues ahí está.
La receta nos la da Jesús.
“que se amen unos a otros como yo les he amado”.
El mundo no tiene que ser lo que es.
La familia no tiene que ser lo que es.
La Iglesia no tiene que ser lo que es.
La vida no tiene que ser lo que es.
El mandato de Jesús sería más que suficiente para cambiarlo todo.
“Amarnos.
Pero amarnos como El nos amó”.

Ensayamos mil sistemas conscientes de que todos son inútiles.
Porque el mundo sigue igual.
Con lo fácil que sería “amarnos”.
No habría armas.
No habría ejércitos.
No habría divisiones.
No habría injusticias.
No habría desigualdades.
No habría hambrientos que no tienen que comer.
No habría niños vendiendo caramelos en la calle.

Además, nosotros mismos:
Nos sentiríamos distintos.
Nos sentiríamos más felices.
Nos sentiríamos más a gusto unos con otros.
Porque junto al amor hay algo más:
Seríamos los amigos de Dios.
Seríamos amigos que no buscamos amigos sino que somos “elegidos”.
Dejaríamos de ser esclavos.
Dejaríamos de ser extraños a Dios.
Porque seríamos los confidentes de Dios.
Porque conoceríamos los secretos del corazón de Dios.
Porque no sería gente inútil que no hace nada.
Daríamos frutos y frutos abundantes.

¿Por qué le tendremos miedo al Evangelio?
¿Por qué le tendremos miedo a Jesús?
¿Por qué le tendremos miedo a Dios?

Por favor:
No nos quejemos de que todo anda mal.
No nos lamentemos que todo anda al revés.
No nos lamentemos de “las calles peligrosas”.
No nos lamentemos de los niños que mueren de hambre.
No nos lamentemos de que no nos entendemos.

Lo nuevo es bien simple: “amaos como yo os he amado”.
¿Quieren una receta más barata?
Vayan a la farmacia y luego me lo cuentan.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la 5 a Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Como el Padre me ha amado, así los he amado yo; permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandamientos permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa”. (Jn 15,9-11)

Amigos: como para no creerlo.
Y sin embargo es la mejor expresión de nuestra fe.
¿Se han dado cuenta del doble paralelismo?
¿Y se han dado cuenta de la conclusión a la que quiere llegar Jesús?

Primero:
¿Estaremos dispuestos a creer que Jesús nos ha amado como el Padre le amó a El?
Para saber cuánto nos ama Jesús tendremos que ver cuánto ha sido el amor del Padre para con E?
¿Nos sentiremos amados por Jesús como El se sentía amado por el Padre,
“Este es mi Hijo, el amado, el Predilecto”?
¿Será esta nuestra experiencia de fe?
¿Será esta nuestra experiencia de Jesús?
¿Será esta nuestra experiencia del Padre?
La gran experiencia de Jesús durante toda su vida fue el amor del Padre.
Y esto nos dice que también tendría que ser la experiencia nuestra.
¿Qué hay en nosotros para amarnos así?
La respuesta la dará el mismo Juan: “Dios es amor”.
Lo único que sabe hacer Dios es amar.
Lo único que puede hacer Dios es amar.
Por eso nuestra única relación con él no puede ser otra que el amor.

Y no se trata:
De sentirnos amados a ratos.
De sentirnos amados cuando somos buenos.
De sentirnos amados cuando creemos merecerlo.
Tenemos que “permanecer en su amor”.
Tenemos que vivir “impregnados de su amor”.
Tenemos que convertir nuestra experiencia en algo definitivo durante toda la vida.
Tenemos que vivir en el amor.
Todo lo que no es amor no es de Dios.
Todo lo que no es amor puede ser fruto de nuestros sentimientos heridos.

Segundo:
“Si guardan mis mandamiento, permanecerán en mi amor”.
“lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”.

El amor se expresa cumpliendo los mandamientos de Jesús.
Pero no esos mandamientos de hacer o no hacer esto y lo otro.
El gran mandamiento de Dios es “amar”.
“que os améis los unos a los otros”.
“que también nosotros lavemos los pies a los demás”.
“haced esto en memoria mía”.
“amarnos hasta entregar su vida por nosotros”.
Ese fue el mandamiento del Padre: “amarnos como él es amado”.
Ese fue el mandamiento del Padre: “tanto amó Dios al mundo que entregó a su hijo al mundo”.

Que maravilloso paralelismo:
Amar como es amado.
Cumplir los mandamientos como El cumple los mandamientos.
¿No es esto formar una misma realidad con el Padre y el Hijo?
¿No es esto vivir la misma vida que vive el Padre y el Hijo?
¿No es esto formar una misma familia que el Padre y el Hijo?
¿No es esto vivir una misma comunión que el Padre y el Hijo?
Como ven ser cristiano no es vivir bajo el mandato de la ley.
Ser cristiano no es vivir la esclavitud de los mandatos y preceptos.
Ser cristiano no es vivir leyes bajo pecado.
Ser cristiano en vivir en una misma comunión de amor con el Padre y el Hijo.

Y esta es la fuente la verdadera alegría.
Una alegría que brota del Padre, pasa por el Hijo y la vivimos nosotros.
No es una alegría cualquiera fruto de algo que hoy es y mañana no es.
Es vivir la misma “alegría completa”, que no es otra que la que El vivió.

Amigos:
¿Será creíble tanta dicha?
¿Será posible tanta felicidad?
¿Será posible tanta alegría?
Todo depende: permanecer en Jesús cumpliendo sus mandamientos.
Todo depende: permanecer en Jesús amando como el Padre ama a Jesús y como Jesús nos ha amado.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Miércoles de la 5 a Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el viñador. Si alguna de mis ramas no da fruto, él la arranca; y poda las que dan fruto, para que den más fruto. Ustedes ya están limpios por las palabras que les he habado; permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Como la rama no puede producir frutos por sí misma, si no permanece en la vida, así tampoco pueden ustedes producir fruto si no permanecen en mi. Yo soy la vid, ustedes las ramas: el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no pueden hacer nada”. (Jn 15,1-8)

Grape Vine

La parábola de Jesús la vid y nosotros los sarmientos es una de las parábolas más bellas sobre Jesús y sobre nosotros. Porque nos presenta a Jesús
como el tronco por el que corre la vida del Padre.
como el tronco de cuya vida vivimos todos.
como la fuente de nuestras energías.
como una misma realidad y comunión de vida con nosotros.

Personalmente soy amante de la naturaleza y del verde de los árboles.
Por eso, cada vez que en el jardín podan los arbolitos y los rosales siento que me duele.
Siendo estudiante de Filosofía en Tafalla, el primer año me llevé una tremenda desilusión.
Cuando llegamos daba gusto contemplar los campos todos llenos de viñedos.
Todo parecía una alfombra de verde.
Y además como las vides son relativamente bajas todo se veía por encima.
Luego contemplar, algo que yo nunca había visto: todos las ramas o sarmientos colgando de cantidad de bellos racimos.
Pero cual fue me desilusión cunado, luego de la vendimia, contemplar como los viñadores podaban todos los sarmientos y quedan los troncos desnudos que parecían secos. Todo era de otro color.
Pero cuál fue mi alegría cuando en la primavera comenzaron a brotar los sarmientos y otra vez todo se veía verde.
Y de nuevos volvía a colgar bellos racimos. Creo que recién comencé a entender la parábola de Jesús la viña y nosotros los sarmientos.

Podaban las viñas para que las raíces tomasen más fuerza.
De nuevo brotaban con mayor vitalidad los nuevos racimos.
Y de nuevo volvían a cargarse de bellos racimos.

Jesús se declara él mismo la vid.
Y nos declara a cada uno de nosotros sarmientos que brotaban.
Y cada uno nos veía cargados de racimos, de hermosos frutos de donde sacar el rico vino.

Por eso Jesús:
Nos ve a todos como brotes de sí mismo.
Nos ve a todos como formando con él una misma vid.
Nos ve a todos dando frutos del rico vino que alegra los corazones.
Que sin él no tenemos vida, por muchas cosas que hagamos.
Que sin él estamos secos y muertos.
Que sin el mejor nos cortan y nos queman.
Que sin esa comunión de vida no somos nada.
Que vivimos en la medida en que estamos en esa comunión con él.

Jesús es el buen vino.
Y nosotros estamos llamados a ser el buen vino de la Iglesia.
Y Jesús está llamado a dar racimos de vino en cada uno de nosotros.
Y Jesús quiere una Iglesia que viva la alegría del buen vino; una Iglesia de la alegría.
María le dijo a Jesús: “No tienen vino”.
Nuestra primera misión es ser como sarmientos de Jesús.
Nuestra primera misión es tener a Jesús como centro de nuestras vidas, de nuestras comunidades, de nuestras parroquias, de la Iglesia.
No serán nuestras estructuras las que nos den vida.
Sino nuestra unión con él.
El vivir de su propia vida.
Sólo así seremos sarmientos vivos en la Iglesia.
Solo así daremos vida a la Iglesia.
Solo así haremos una Iglesia vino de fiesta.

La pregunta será:
¿Cuántos sarmientos vivos hay en la Iglesia?
¿Cuántos sarmientos secos hay afean a la Iglesia?
¿Cuántos sarmientos secos que hacen inútil a la Iglesia?

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Martes de la 5 a Semana – Ciclo A

“Les he dicho esto, antes de que suceda, para que cuando suceda crean. Ya no hablaré mucho con ustedes, pues se acerca el Príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me mando lo hago”. (Jn 14,27-31)

Ya es tiempo de muchas palabras.
Ya no es tiempo de anunciar la suerte final en la Cruz.
Ya las palabras están de sobra.
Ahora ya es la hora de los hechos.
Ahora ya es la hora de las realizaciones.
Ahora ya las fuerzas del mal comienzan a actuar.
Y realmente qué poco habló Jesús en sus Pasión.
Apenas dijo nada. Más bien “callaba”.
Ahora su gran palabra será su Pasión y su Muerte y Resurrección.
Las tres palabras que harán realidad todas las palabras habladas hasta ahora.

Es la hora del silencio de Dios.
Es la hora en la que la palabra la tienen los hombres.
Y Jesús no tuvo reparo en anunciar este duro momento de despedida.
Tampoco lo tiene ahora.
Cuando les anunció el final ellos no creyeron.
Ahora que llega el momento, Jesús que sepan que esto tiene que suceder, para que cuando suceda “crean”.

Pero antes:
Quiere dejarles su paz.
La misma que será el primer saludo pascua.
No esa paz barata que suele dar el mundo.
Sino la paz:
Que el mismo tiene.
La paz que viene del Padre.
Quiere hacerles ver que su Pasión y Muerte será obra del mal en el mundo.
Pero que aún el mal puede ser camino para realizar la voluntad del Padre.
Que será el mal del mundo quien lleve a cabo su Muerte.
Pero no por eso se sentirá derrotado.
Al contrario el la convertirá en la expresión del amor del Padre.
Será el mal el que actúe.
Pero no será el mal el que triunfe.
El será capaz de aceptar libremente el poder del mal.
Libremente se dejará crucificar por la fuerza del mal.
Pero su amor y libertad serán capaces de triunfar sobre el mal.

El pecado del mal buscará eliminarlo.
Pero en eso mismo El revelará “su amor al Padre”.

Dios no ama el mal.
Pero Dios es capaz de triunfar en el mal.
Dios no quiere la enfermedad.
Pero Dios quiere que el enfermo triunfe sobre la enfermedad.
Dios no quiere la injusticia.
Pero Dios quiere que seamos más que la injusticia.
Dios no quiere la pobreza.
Pero Dios quiere que nos sintamos más que la pobreza.
Dios no quiere la muerte.
Pero Dios quiere que triunfemos sobre la muerte.
Por eso Dios no ama la enfermedad.
Pero sí ama y quiere al enfermo.
Dios no quiere la pobreza.
Pero Dios sí ama a los pobres y los hace objeto de su especial amor.

Lo importante es que cuando todo esto “suceda” sigamos creyendo.
Tal vez la oscuridad del mal nuble nuestra fe.
Tal esos triunfos aparentes del mal oscurezcan el cielo de nuestro espíritu.
Pero que, a pesar de todo sigamos creyendo.
Al contrario es el momento de afianzar nuestra fe.
Porque también entonces tenemos que revelar el amor del Padre.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 5 a Semana – Ciclo A

“El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió. Les ha hablado de esto mientras permanezco con ustedes, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les recuerde todo lo que le he dicho”. (Jn 14, 21-26)

La palabra sin obras está vacía.
La verdad del amor está en cumplir las palabras de Jesús.
No basta decir “yo le amo”.
Dime si cumples su palabra y te diré si le amas.
Dime si tu vida es expresión de la palabra de Jesús.
Que tampoco es palabra suya, sino la Palabra de Padre que lo envió.
No seamos fáciles en decir que “amamos a Dios”.
Antes pensemos a qué palabras responde nuestra vida.
¿A la de Dios o a la de los hombres?
Cada vez que leemos la Palabra de Dios, ¿cuál es nuestra interrogante?
Terminamos diciendo: “Palabra de Dios”.
Todo muy bonito, pero ¿y yo la vivo?

Pero Jesús nos anuncia algo que nos ayudará:
El se va, pero vendrá el Espíritu Santo.
El se va, pero en su nombre el Padre nos enviará el Espíritu Santo.
Y su misión es esencial en la Iglesia:
Necesitamos de un Maestro que nos enseñe a leer todo lo que Jesús nos dijo.
Necesitamos de un Maestro que nos enseñe a entender lo que Jesús nos dijo.
Necesitamos de un Maestro que nos enseñe a vivir lo que Jesús nos dijo.
Necesitamos de un Maestro que nos haga de traductor para entender.
Necesitamos de un Maestro que nos haga interiorizar la Palabra de Jesús.
Necesitamos de un Maestro que nos haga como dichas para nosotros.
Necesitamos de un Maestro que nos haga dóciles a sus palabras.
Necesitamos de un Maestro que haga contemporánea su sus palabras.
Necesitamos de un Maestro que nos haga sentir que Dios habla hoy nos hablas a nosotros hoy.

Pero, además, el Espíritu Santo tiene la misión de:
“recordarnos todo lo que Jesús nos ha dicho”.
El Espíritu Santo es la “memoria de la Iglesia”.
El Espíritu Santo es la “memoria de cada creyente”.

Pero una “memoria” que no es:
Recordar un pasado que ya pasó.
Recordar es dar vida al pasado.
Recordar es actualizar.

Mi Fundador, San Pablo de la Cruz, tuvo esa intuición del Espíritu, viendo la Iglesia de su tiempo:
La Iglesia ha olvidado sus raíces.
La Iglesia ha olvidado el misterio de la Cruz.
La Iglesia ha olvidado el misterio pascual.
De ahí que viva, en aquel entonces, una anemia espiritual.
Olvidar que nació de la Cruz es olvidar sus raíces.
Olvidar que nació de la Cruz es olvidar el “tanto amó Dios al mundo”.

Y por eso fundó una Congregación cuya misión fuera:
La de hacer memoria, anunciando a Jesús crucificado.
La de hacer memoria, predicando el amor de Dios revelado en la Cruz.

Esa es la misión del Espíritu:
“recordar”,
“hacer memoria”,
“hacer que nuestras raíces vuelvan a tener vida”.
Es alma viva de la Iglesia y que la hace vivir y revivir cada día.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Domingo 5 º – Ciclo A

“El Padre que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Créanme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, crean a las obras. Les aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre”. (Jn 14,1-12)

Y seguimos proclamando este capítulo 14 de Juan.
Es una afirmación de la filiación divina de Jesús.
Es una afirmación de la necesidad de regresar al Padre.
Y es una afirmación sobre nosotros:
También el Padre está en nosotros.
Es preciso creer en Jesús.
Y seremos capaces de hacer las “obras que él hace”.
¿Y no se habrá excedido un poco: “y aún mayores”.

Es lógico que los discípulos sientan que se van a quedar solos.
Pero él trata de consolarlos y devolverles la alegría diciendo que eso es necesario.
Porque, al irse él seremos nosotros quienes:
Tendremos que testimoniar la paternidad y la filiación divinas.
Tendremos que testimoniar que ahora seremos nosotros “los que hacemos la obras del Padre”.
Tendremos que testimoniar que ahora “haremos las obras que él mismo hace”.
Y añade como un apéndice: “y aún mayores que las que él hacía”.

Tengo serias dudas:
De que nosotros tengamos fe en nuestra grandeza.
De que nosotros tengamos fe en nuestra dignidad.
De que nosotros tengamos fe en lo importantes que somos.
De que nosotros tengamos fe en nuestras posibilidades.

El único pecado del que Jesús habló fue “el no creer en él”.
Pero ahora el pecado de la Iglesia es “no creer ella misma”.
El gran pecado nuestro es “no creer en nosotros”.

Nuestra gran pecado:
Es la poca estima que tenemos de nosotros.
Es la poca valoración que tenemos de nosotros.
El creernos menos de lo que realmente somos.
El creer que podemos hacer menos de lo que realmente podemos.

Hemos vivido una espiritualidad en la que importante era:
Ser humildes.
Pero con una humildad que era negar la verdad de Dios en nosotros.
Ser humildes era sentirnos pura basura.
Como si Dios se dedicase a hacer basura.
Como si Dios quisiera vernos basura.
Cuando en realidad ese es nuestro peor defecto, por no decir pecado.

Siento una verdadera alegría al pensar que, en mis largos sesenta años de sacerdote, he hecho muchas cosas:
He tratado de amar a los demás como Jesús, aunque aquí me quedo corto.
He perdonado a muchos más que los que Jesús perdonó durante su vida.
He podido realizar la Eucaristía diariamente transformando el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre.

Señor: tú a muchos les dijiste: “vete, tus pecados quedan perdonados”.
Señor: ¿sabes la cantidad de gente a la que, en tu nombre, le he dicho “te absuelvo de tus pecados”, vete nuevo a tu casa.
Señor: ¡qué grandes nos ves a todos cuantos creemos en ti!
Señor: has querido irte, pero confiando en que nosotros, al igual que tú:
“estemos en el Padre”,
“el Padre en nosotros”.
“y podamos hacer las obras del Padre e incluso te ganemos a ti”.
Bueno esto de que te “ganemos a ti” creo que es una gentileza tuya, para que nos sintamos felices.
Bueno, yo creo que nos quieres tranquilizar, porque:
Así como tú haces las obras del Padre,
Ahora quieres que nosotros hagamos las tuyas.
Y así como el Padre actuaba en ti,
Ahora eres tú quien actúa en nosotros.
Gracias, Señor, porque nos has hecho tan grandes, que ni nos lo creemos.

Clemente Sobrado C. P.