Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 14 a. Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; y le basta al discípulo ser como su maestro, y al esclavo como su amo.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
No, teman más bien al que puede destruir con el fuego el alma y el cuerpo. ¿No venden un par de gorriones por unas moneditas? Y, sin embargo, ni uno de ellos cae al suelo sin que el Padre de ustedes los disponga. No hay comparación entre ustedes y los gorriones”. (Mt 10,24-33)

Estos días Jesús no ponía el seguimiento como algo fácil.
Más bien nos lo proponía como un riesgo y una prueba de nuestra valentía.
Hoy, Jesús nos abre a la esperanza.
Hoy, Jesús nos pide abramos nuestros corazones a la esperanza.

Los motivos son varios, pero suficientes, como para recobrar la alegría del seguimiento:
Seguir a Jesús no es pretender más ser más que El.
Seguir a Jesús no es esperar correr mejor suerte que El.
Seguir a Jesús, por el contrario, es ser como El.
Jesús no pide nada que El mismo no haya experimentado.
Jesús no nos pide caminemos por donde El no ha caminado antes.
Jesús no nos pide pasar por experiencias que El no haya experimentado antes.

Lo bello de la fe cristiana está:
En que El va siempre por delante.
Va por delante en la fidelidad al Evangelio.
Va por delante en la fidelidad al Padre.
Va por delante en la fidelidad al Reino.
Va por delante en el amor.
Va por delante en las exigencias del amor.
Va por delante en el amor hasta el extremo.
Va por delante en el camino de la cruz.
Va por delante en el camino que lleva a la vida.
Va por delante en dejarse crucificar.

Seguirle no es ser más que El.
Seguirle no es tener mejor suerte que El.
Seguirle no es evitar los riesgos del amor y la fidelidad al Evangelio.
Pero seguirle:
Es sentir la alegría que el camino ya está andado.
Es sentir que sacrificar nuestro ya lo ha vivido El.
Es sentir que la originalidad de nuestra fe está en la vida de él.

Fue precisamente El:
Quien nos hizo ver el verdadero valor de nuestras vidas.
Quien nos hizo ver que nosotros somos el valor supremo para el Padre.
Quien nos hace ver que nosotros valemos más que las cosas.
Por supuesto, que valemos más que unos gorriones.
Y que el Padre vive pendiente de cada uno de nosotros.

Los hombres:
Pueden matar nuestros cuerpos.
Pero no pueden matar nuestras almas.
Pueden sacrificar nuestros cuerpos.
Pero no pueden sacrificar nuestras almas.

Los hombres pueden condenarnos a la muerte por nuestra fe.
Pero Dios puede salvarnos a una vida definitiva.
Los hombres pueden llevarnos al cementerio.
Pero Dios nos puede al cielo.
Lo hombres nunca tienen la última palabra.
Porque la última palabra la tiene siempre Dios.
Ni nosotros tenemos la última palabra,
La última palabra la tiene Dios.
Y esa es nuestra esperanza.
Y esa es nuestra alegría.
Porque, digamos lo que digamos, la última palabra sobre nosotros la tiene siempre El.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 14 a. Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Miren que yo los envío como ovejas en medio de lobos; por eso, sean astutos como serpientes y sencillos como palomas. Pero, no se fíen de la gente, porque los entregarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas y los harán comparecer ante los gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos”. (Mt 10,16-23)

¿Qué tiene de especial el cristianismo?
Hasta donde llega mi experiencia, es la única religión perseguida.
Diera la impresión de ser la única religión que estorba y preocupa.
¿Alguien persigue al Budismo?
¿Alguien persigue al Mahometismo?
¿Alguien persigue al Hinduismo?

¿Será que la única religión peligrosa para el mundo es el cristianismo?
¿Será que la única religión que pone en riesgo nuestras vidas es el cristianismo?
Tiene que haber algo especial en Jesús para perseguirlo hasta crucificarlo.
Tiene que haber algo especial en el Evangelio que crea problemas para que nos persigan.
Nadie persigue a los paganos, por ser paganos.
Nadie persigue a los incrédulos por ser incrédulos.
Nadie persigue a los agnósticos, por serlo.
Nadie persigue a los ateos por ser ateos.
Y sin embargo, creer en Jesús es comprarse la persecución.
Creer en el Dios del Evangelio es ganarse la persecución.
Creer en el Dios de Jesús es ganarse el carné de mártir.

Jesús muy claro hablando con los suyos:
“los envío como ovejas entre lobos”.
“os entregarán a los tribunales”,
“os azotarán en las sinagogas”.
“os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa”.

Más claro no podía hablar.
Y esto nos está diciendo que:
Seguir a Jesús, crea problemas a los demás.
Seguir al Evangelio, es un problema para el mundo.
Creer en el Dios de Jesús, es un riesgo para el mundo.
Y Jesús no lo disimula.
Y Jesús lo dice claro antes de que tomemos nuestra decisión.
Por eso, tampoco obliga, sino que siempre lo hace como invitación.
“El que quiera seguirme”.
Y El puede decirlo, porque fue precisamente El, el primero:
en ser rechazado,
ser juzgado,
ser sentenciado y
ser crucificado.

Hay algo en la fe en el Dios de Jesús que la hace diferente al resto.
Hay algo en el Evangelio de Jesús, que lo hace distinto al resto.
Hay algo en el seguimiento de Jesús, que nos hace distintos a los demás.
Hay algo en la Iglesia, que la hace distinta al resto de religiones.

Y ese algo implica:
Vivir como sencillas ovejas entre lobos.
Vivir como creyentes que incomodan.
Vivir como creyentes que causan conflictos.
Vivir como creyentes que causan preocupaciones.

Jesús vivió constantemente entre lobos.
Jesús vivió constantemente creando problemas.
Jesús vivió constantemente perseguido.

Decir que las demás religiones son falsas, no me parece digno.
Decir que solo en el cristianismo existe la verdad, me parece falso.
Lo que sí creo que es verdadero es que:
Ser cristiano nos obliga a cambiar.
Ser cristiano nos obliga a ser diferentes.
Ser cristiano nos obliga a cuestionar demasiadas cosas.
Ser cristiano nos obliga a poner en juego el resto de estilos de fe o incredulidad.

Por eso:
El cristiano, no puede ser como todos.
El cristiano, no puede ser aquel que no incomoda.
El cristiano, no puede ser aquel que todo lo deja igual.
En el cristiano, tiene que haber algo diferente.
En el cristiano, tiene que haber algo que lo distingue.
En el cristiano, tiene que haber algo que molesta.
A mí no me preocupa una Iglesia que crea problemas.
A mí me preocupa una Iglesia y un cristiano vive como el resto.
No me preocupa un cristiano perseguido.
Me preocupa un cristiano a quien todo el mundo acepta.
No me preocupa un cristiano rechazado y criticado.
Sí me preocupa un cristiano al que todos alaban y celebran.
Por eso siento el orgullo de serlo de verdad, por más que el precio sea caro.
¿No será precisamente lo que lo hace interesante y atractivo?
¿No será el Jesús crucificado el que atrae los corazones?

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 14 a. Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus apóstoles: “Vayan y proclamen que el Reino de los cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis”. (Mt 10,7-15)

Jesús no busca seguidores para que le acompañen y se sienta menos solo.
Jesús llama a sus seguidores para que hagan lo que él hace.
Para que anuncien lo que El anuncia.
No para que se queden tranquilos en el sofá.
Sino para que salgan a los caminos.

Por eso, las frases claves de Jesús son:
Síganme.
Vayan.
Anuncien.
Sanen.
Y hasta se atreve a decirles:
Resuciten muertos,
Limpien leprosos,
Expulsen demonios.

No. No los llamó para que vayan a Misa.
No los llamó para que recen mucho.
No los llamó para que sean buenos.
Todo eso lo pueden hacer sin llamada especial.
Todo eso lo tendremos que hacer.
Pero a Jesús hay algo que le preocupa más.
Le preocupa que yo sea bueno.
Pero más el que yo vaya, me acerque y anuncie a los demás.
La misión fundamental de la Iglesia es la evangelización.
La misión esencial es el anuncio del Evangelio.

Los llamó en función de los demás.
Los llamó para que se preocupen de los demás.
Los llamó para que “vayan y proclamen el Reino de los cielos”.
Pero no de una manera espiritualista.
Anuncien, pero preocúpense de los enfermos.
Anuncien, pero preocúpense de los leprosos.
Anuncien, pero sanen el corazón de los demás expulsando los demonios que llevan dentro y los esclaviza:
Los demonios del poder.
Los demonios del tener.
Los demonios de la división.
Los demonios del egoísmo que priva del pan al otro.
Los demonios del orgullo que aplasta a los demás.

El Reino “será de los cielos”.
Pero que tiene que traducirse en la vida de los hombres.
Que tienen que proclamar la Palabra de Dios.
Pero también tienen que preocuparse de las condiciones humanas de la gente.
Evangelio y pan, se complementan.
Evangelio y dignidad humana, se complementan.
Evangelio y una vida digna, se complementan.
Prediquemos el Evangelio, pero llevemos un pan para el hambriento.
Prediquemos el Evangelio, pero llevemos una medicina para un enfermo.
Prediquemos el Evangelio, pero luchemos por la dignidad de las personas.
Prediquemos el Evangelio, pero luchemos para que todos tengan una casa digna.
Prediquemos el Evangelio, pero vistamos al que va desnudo.

Es lo que Jesús hacía.
Es lo que Jesús quiere que hagamos.
Está bien que tengamos buena voz para proclamar el Evangelio.
Pero acompañemos nuestra voz, metiendo la mano al bolsillo.
Seamos siempre Buena Noticia.
Anunciemos siempre ilusión e ideales.
Proclamemos “no desgracias” como dice el Papa Francisco, sino esperanza y vida.

Dios hizo primero el cuerpo del hombre.
Luego le sopló vida.
Dios no hizo al hombre partido en dos, sino “hombre integral”:
Alma y cuerpo. Ni cuerpo solo, ni alma sola.
Materia y espíritu. Ni materia sola, ni alma sola.
Tiempo y eternidad. Ni tiempo solo, ni eternidad sola.

Clemente Sobrado C. P.

 

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 14 a. Semana – Ciclo A

“A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: “No vayan a tierra de paganos, ni entren en las ciudades de Samaria, sino vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca”. (Mt 10,1-7)

Diera la impresión de que el Evangelio de hoy entra en contradicción con el de ayer.
Ayer, Jesús contemplaba toda la mies.
Ayer, Jesús contemplaba la humanidad entera.
Hoy, pareciera que solo le interesa Israel.
Ni siquiera le interesa Samaria.
¿En qué quedamos?
¿La Iglesia está para unos cuantos privilegiados o está para la humanidad entera?

Creo que es preciso situarnos en el momento.
Jesús necesita formar primero un grupo pequeño que le siga y acompañe.
Jesús necesita formar primero un grupo que sirva de modelo del Reino.
Pero, comenzar por una parcela de la viña de Dios, no significa, renunciar a toda la viña.
Además, los discípulos viven y comparten la misión de Jesús encarnado.
Será necesario esperar a Pentecostés.
Es entonces que los discípulos se abren a todo el mundo conocido.
Y es a partir a Pentecostés que los discípulos comenzarán a dispersarse por el mundo.
Siempre se necesita comenzar por un grupo que sirva de semilla.
Pero no para quedarnos encerrados en ese pequeño pedazo de la hacienda.
Jesús es la escuela del que comienza.
Jesús es la escuela de la iniciación.

Será el Espíritu:
El que provoque la dispersión.
El que despierte la conciencia de universalidad.
El que abra “al pequeño rebaño” a la humanidad entera.

Cuanto más se encierra la Iglesia sobre sí mismo, menos sentirá la presencia del Espíritu.
Cuanto más se abra la Iglesia a todas las gentes, será señal de la presencia del Espíritu en ella.
Cuanto más actúe el Espíritu en la Iglesia:
Más amplio será su horizonte evangelizador.
Más amplio y más grande será el mundo que espera la noticia del reino.
Más será la mentalidad de convertir la Iglesia entera en evangelizadora.
Más será la mentalidad de no reducirla al clericalismo, al que estamos acostumbrados.
Más será la mentalidad de despertar la conciencia de todo Pueblo de Dios.
Más será la mentalidad de contar con los seglares que también son Iglesia.
Más será la mentalidad de invitar a los seglares, que también ellos han recibido el don del Espíritu.

Necesitaremos
“comunidades modelo”.
“comunidades que atraigan”.
“comunidades que con su vida inviten”.
“comunidades que vivan hacia dentro, pero salgan luego hacia fuera”.
“comunidades que sean fuente de energía evangélica”.
“comunidades que no se contenten con la misa dominical, sino que luego salgan a anunciar y proclamar”.
“comunidades cuya vida sean modelo del reino”.
“comunidades como punto de partida para “salir a los caminos”.
“comunidades de las que se pueda decir: “mirad cómo viven”.
“comunidades de las que se pueda decir: “mirad cómo se aman”.

Cuantos tenemos el privilegio de vivir en torno a Jesús, tenemos el deber luego de irradiarlo.
La luz no es para alumbrarse a sí misma sino para disipar las tinieblas.
Todos estamos subidos en el mismo carro.
Todos tenemos los mismos caminos.
Todos tenemos las mismas responsabilidades.
El mundo del Evangelio es la humanidad.
No será lo que decimos lo que siegue el trigo.
Sino el ejemplo de cómo vivimos el que llevará a cabo la cosecha.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 14 a. Semana – Ciclo A

“Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abandonados, como ovejas que no tienen pastor. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “la cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al dueño de la cosecha mande trabajadores a recogerla”. ( Mt 9,32-38)

Hay un sentimiento de dolor y frustración en el corazón de Jesús.
Siente pena de ver tanta gente abandonada.
Tanta gente sin atención.
Como si para ellos no hubiese pastores que le presten atención.

Todos nos lamentamos:
De la cantidad de gente que carece de atención.
De la cantidad de gente que carece de pastores.
Pero no sé hasta donde sentimos ese dolor de Jesús.
No sé hasta donde nos sentimos tranquilos, por más que haya poblaciones enteras sin atención pastoral adecuada.
No creo necesitemos hacer sondeos ni estadísticas de cuántos no cuentan con atención pastoral.
Porque nosotros mismos somos testigos de ello.
Pero seguimos haciendo muy bien la digestión.
No nos lamentamos y más bien seguimos tranquilos.

Todos seguimos leyendo que “Dios quiere que todos se salven”.
Pero no nos damos por aludidos de nuestra responsabilidad.
Los últimos años:
En vez de aumentar los pastores, han disminuidos.
En vez de aumentar las vocaciones, son cada vez menos.
Pero no por eso perdemos el sueño.
Y tampoco nos cuestionamos y preguntamos dónde está la causa.
En mi tiempo los seminarios estaban llenos.
Hoy buscamos cómo venderlos porque están vacíos.
Pero, insisto, no perdemos el sueño.

¿Dónde está la causa?
En muchas cosas.
Ciertamente hay menos hijos.
Ciertamente la vida religiosa ha disminuido en las familias.
Ciertamente la vida de los pastores tampoco resulta demasiado atractiva.

Pero, ¿será eso todo?
¿No tendremos mucha responsabilidad nosotros mismos los pastores?
Pedir a Dios “envíe pastores”, cuando nosotros no damos paso a quienes pudieran hacerse responsables del Evangelio?
Hasta me parece como una especie de falta de vergüenza pedirle “envíe pastores” cuando nosotros, no les abrimos camino.
¿No estaremos muros de separación con el Pueblo de Dios?

¿A caso solo nosotros somos la Iglesia?
El Papa Francisco ha hablado claro:
“La evangelización es tarea de la Iglesia. Pero este sujeto de la evangelización es más que una institución orgánica y jerárquica, porque es ante todo un pueblo que peregrina hacia Dios”.(111)
“En muchos lugares escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Frecuentemente esto se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo. Aun en las parroquias donde los sacerdotes son poco entregados y alegres, es la vida fraterna y fervorosa de la comunidad la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización, sobre todo si esa comunidad viva orea insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de especial consagración”. (107)

Pastores que se creen dueños de la mies.
Comunidades que tampoco tienen vida como para entusiasmar a otros.
Pedir a Dios “envíe obreros a su mies” es bueno.
Pero siempre será nuestra vida la que despierte el espíritu evangelizador en todos.
Todos somos responsables de que abunde la mies, y no haya quien se decida a segarla.
Toda la Iglesia es responsable.
Todo el Pueblo de Dios es responsable.
¿Y nos quedaremos tranquilos todos?
¿Y la llamada de Dios que “quiere que todos se salven”, para quien es?

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 14 a. Semana – Ciclo A

“Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: “¡Retírense! La niña no está muerta, está dormida”. Y se reían de él. Cuando desalojaron a la a la gente, entró él, tomó a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella región”. (Mt 9,18-26)

El dolor y sufrimiento humano le llega a Jesús hasta las entrañas.
No importa si el que sufre no tiene nombre.
No importa si el que sufre es pagano.
A Jesús le basta saber que se trata de una persona.
A Jesús le basta descubrir que, paganos y todo, tienen fe y confianza en él.
A Jesús solo le importa el hombre, la mujer y su felicidad.
A Jesús le interesa la vida, más allá del resto de condiciones.
No le importa que sea mujer, pese al poco aprecio en que vivía.

Lo que no pudieron hacer los médicos, lo puede hacer la fe y la confianza.
Lo que no pudo hacer la medicina, lo hizo el simple tocarle el manto.

Personalmente me gusta la frase de Jesús:
Mientras la gente vive el alboroto.
Jesús tiene una respuesta: “La niña no está muerta, está dormida”.
La gente se ríe él.
Pero Jesús sabe muy bien donde está la vida.
“La tomó de la mano y la niña se puso en pie”.

¡Cuantas veces pensamos que la Iglesia está ya muerta!
Puede que esté herida, pero lo más seguro es que también ella esté dormida.
Son muchos los que, en lo últimos tiempos daban por muerta a la Iglesia.
El pecado había salido del armario y se divulgaba por todas partes.
El pecado incluso de la jerarquía y los pastores, estaba bajo sigilo y secreto.
Hasta que saltó a la calle.
Hasta que saltó a las páginas de los periódicos.
Hasta que saltó a las comidillas de la gente.

Y de repente aparece la figura de Francisco.
Y le devuelve la sonrisa a una Iglesia triste y empobrecida.
Y le devuelve la credibilidad a una Iglesia que parecía que ya no tenía vida.

¿Estaba realmente muerta la Iglesia?
¿No estaría más bien dormida?
Fue suficiente que alguien la tomase de la mano, para ponerla de nuevo en pie.
Fue suficiente la palabra y el gesto de Francisco, para que volviese a sonreír.
Y la Iglesia vuelve a ser noticia.
Vuelve a ser noticia de vida, no de muerte.
Vuelve a ser noticia de esperanza, no de desilusión.

¿Y no sucede algo parecido con nuestros jóvenes?
Muchos los creen muertos.
¡Y están dormidos!
Lo que necesitan:
es de una mano amiga que les toque.
es de una mano amiga que los levante.
es de una mano que les haga sentir que no todo está muerto en ellos.
es de alguien que crea en ellos y los invite a ponerse en pie.

Hay demasiadas cosas que parecen muertas.
Y los muertos son los que no creen en la vida.
Los muertos son los que ven más al muerto que al que duerme.
Jesús nunca pierde la esperanza.
Ni con los que sufren ni con los que nosotros creemos muertos.
Para Jesús hay demasiados dormidos, y pocos que tiendan la mano para despertarlos.

Señor: cuando nadie pueda curarme, sé tú mi propio médico.
Señor: cuando los demás me den por muerto, que no me falte tu mano que me devuelve a la vida.
Señor: que tengamos más fe en la vida, incluso cuando todo pareciera hablarnos de muerte.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 14 o – Ciclo A

“Exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor”. (Mt 11, 25-30)

El Evangelista sorprende a Jesús en uno de esos momentos de gozo y alegría.
De gozo y alegría misioneros con la llegada y regreso de los suyos.
Es la alegría de cómo la semilla comienza a prender en la tierra del corazón de los sencillos, los pequeños, que son sus preferidos.
Jesús no puede disimular su alegría.
Tampoco sus preferencias.
Ni quiénes más satisfacciones dan a su corazón.
Los pobres.
Los sencillos.
Los marginados.
Los que nadie cuenta con ellos.

El Papa Francisco en su Exhortación sobre el Gozo del Evangelio repite 75 veces la palabra alegría, aunque estoy seguro de que su corazón vive esa alegría del Evangelio, de la Iglesia y de la fe todo el día.
Insta a los fieles a vivir de esa alegría:
“Tú multiplicaste la alegría, acrecentaste el gozo” (Is 9,2)
“Dad gritos de gozo y de júbilo”. (Is 12,6)
“Tu Dios está en medio de ti, poderoso salvador. El exulta de gozo, te renueva con su amor y baila por ti con gritos de júbilo”. (So 3,.17)
“Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien. No te prives de pasar un buen día”. (Si 14.11.14)
“Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, yo no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Diois, ya no se goza la dulce alegría su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien” (GE 2)

Jesús, en este diálogo con el Padre contempla las cosas al revés.
No son los grandes, sino los pequeños, quienes se han abierto a la semilla.
No son los grandes, sino los pequeños, donde ha fructificado la semilla del Evangelio.
Es que el Evangelio pone de patas arriba todo nuestro sistema.
Es que el Evangelio nos descubre otras posibilidades en aquellos que nosotros desechamos.
Para nosotros cuentan los grandes, los sabios, los poderosos.
Para el Evangelio cuentan los pobres, los sencillos, los marginados.
Para el Evangelio cuentan aquellos que tienen un corazón libre y sencillo.
Por eso, Jesús habla con gozo al ver la alegría de los sencillos que han salido a evangelizar.
Habla con gozo de aquellos que han sabido abrir sus corazones a la semilla del Reino.

Es que:
Dios no cabe en el corazón que está lleno de cosas.
Sino en el corazón vacío.
Dios no cabe en la mente del que cree saberlo ya todo.
Sino en la mente de aquellos que no saben y buscan encontrar la verdad.
Dios no cabe en el corazón ocupado.
Sino en el corazón que no tiene nada.
El Evangelio no cabe en la mente de los que ya lo saben todo.
Sino en el corazón de los sencillos que no saben nada.

Me gusta este pasaje:
Porque Jesús nos enseña a hablar con Dios Padre con alegría y gozo.
Y no con lamentos.
Porque Jesús nos enseña a hablar con Dios desde la realidad de la vida.
Y no desde nuestros egoísmos personales.
Porque Jesús habla con Dios desde lo que acontece en el corazón humano.
Y no desde nuestras desgracias y problemas.
Porque Jesús habla con el Padre de las alegrías que le dan los sencillos.
Y no desde las grandezas de los poderosos.

Señor: quisiera ser de esos sencillos que alegran tu corazón.
Señor: quisiera ser de esos sencillos de los que le hablas al Padre.
Señor: quisiera ser de esos sencillos que viven abiertos a tu llamada de cada día.
Señor: quisiera que cuando hables con tu Padre, le hables de mí.
Señor: quisiera que cuando hables con tu Padre, puedas decirle que tu semilla ha crecido en mí.

Papa Francisco: “¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!” (GE 83)

Clemente Sobrado C. P.