Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Sábado de la 4 a Semana – Ciclo A

Dijo Jesús a sus discípulos: “Si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre. Ahora ya le conocen y lo han visto” Felipe le dice: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”. Jesús le contesta: “Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? Quien me ha visto mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tu; “Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí?” (Jn 14,7-14)

Siento gozo leyendo este texto.
Pero también siento una gran preocupación.
Ver a Jesús es ver al Padre.
Quien no conoce a Jesús tampoco conoce al Padre.
El que quiera conocerme a mí y al Padre que vea mis obras.

¿No sientes que todo esto es como especie de test de nuestra verdad como cristianos?
El hombre de hoy, aunque no lo diga, quiere ver a Dios.
Pero el único que puede revelar a Dios es el cristiano.
Jesús lo dijo: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”.
Cada uno somos el reflejo del Padre:
En la medida en que vivimos la voluntad del Padre.
En la medida en que vivimos el Evangelio.
En la medida en que vivimos la experiencia de Dios en nosotros.
Jesús mismo nos lo dijo: “Sed mis testigos”.
Y siendo testigos de Jesús somos testigos de Dios.

¿Será que hemos oscurecido la imagen de Dios en el mundo?
¿Será que nuestras vidas carecen de transparencia y no dejan pasar la luz de Dios?
¿Recuerdan aquella respuesta de una madre que llevó a su hijito a la Iglesia y le iba explicando todo. Al ver los vitrales le dijo al niño: “esos son los santos”.
Preocupado el niño le pregunta:
“Mamá, ¿quiénes son los santos?
“Hijo, los santos los que dejan pasar la luz”.

Flickr: MAMJODH

Cristiano es el que deja pasar la luz de Dios.
Cristiano es el que deja ver a Dios.
Cristiano es el que hace ver a Dios.

Nunca olvidaré el Diario espiritual de aquella joven madrileña que todos los años veraneaba en el Norte de España, concretamente en Irún.
En una de sus páginas se lee dirigiéndose a la Virgen:
“Madre, que quien me mire a mí, te vea a ti”.
Y que nosotros tendríamos que traducir:
“Padre, que quien nos mire a nosotros, te vea y te reconozca a ti”.
Esa es la misión del cristiano.
El Concilio Vaticano II llama a la Iglesia: “luz de las gentes”.
No se trata tanto de hablar de Dios sino de dejarlo ver.
No se trata tanto de ideas de Dios, sino de testigos de Dios.

Es posible que la gente no lo reconozca.
Tampoco Felipe lo había reconocido en Jesús.
Y por eso le pide “muéstranos al Padre”.

Pero nosotros no vamos a responder por la ceguera de los demás.
Nosotros tenemos que responder por nuestra luminosidad.
O como dice Jesús “crean a mis obras”.
Y aquí el reto y desafío de cada uno de nosotros.
Hasta donde nuestra vida hace visible a Dios.
Hasta donde nuestra vida hace visible nuestra fe.
Hasta donde nuestra vida hace visible el Evangelio.
Hasta donde nuestras obras hablan de Dios.
Hasta donde nuestras obras manifiestan a Dios.
Podremos nosotros decirle al mundo: “crean en nuestras obras”.
Crean en lo que hacemos cada día.
Crean en lo que vivimos.
“Que quien nos mire, pueda ver el rostro de Dios”.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Viernes de la 4 a Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús a sus discípulos: “no se angustien; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay lugar para todos; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estén también ustedes. A donde voy, ya saben el camino. Tomás le dice: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo sabremos el camino? “Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. (Jn 14,1-6)

Hace unos meses vinieron unos grupos famosos que pusieron locos a los jóvenes.
Algunos para lograr sitio durmieron varias noches a las afueras del estadio. Y eso que hacía frío.

Cuando uno lee el Apocalipsis el Misa de Todos los Santos y escucha hablar de ciento cuarenta y cuatro mil, y luego aquello de vi “una muchedumbre inmensa que nadie podía contar”, la verdad que a uno la vienen dudas: ¿Y cuando yo llegue al cielo ya encontraré sitio?
Me encanta la frase del P. Luis Palomera S.J. cuando escribe: “En el cielo no hay plazas limitadas, hay sitio para todos”.

Y lo que dijo el Papa Francisco, citando al escritor Joseph Malégue:
Hay santos de cada día, los “santos ocultos”, una especie de “clase media de santidad”, “esa clase media” de la que todos podemos formar parte”.

Y José Luis Descalzo, a quien personalmente considero de “clase alta”, escribía:
“Si abrimos con más atención los ojos, vemos que, además de los santos de primera, hay por el mundo algunos santos de segunda y bastante de tercera. Esa buena gente que ama a Dios,
esas personas que, cuando estamos con ellas, nos dan testimonio casi físico de la presencia viva de Dios;
almas sencillas, pero entregadas;
normales, pero fidelísimas.
Auténticas clases medias de santidad”.

¿Por qué me vienen a la mente estos recuerdos?
Por una razón muy sencilla: Jesús les dice a los discípulos que:
“en la casa de mi Padre hay lugar para todos”,
“Si no fuera a sí no os habría dicho que voy a prepararos sitio”.

Motivo de alegría por dondequiera que se le mire:
En primer lugar, en el cielo no hay plazas limitadas.
Tal vez las haya numeradas.
Pero sabemos que hay “lugar para todos”.
No para unos cuantos selectos.

En segundo lugar, qué bella expresión la de Jesús: “os voy a preparar sitio”.
Como si fuese quitar el polvo de los muebles.
Como si fuese a barrer y encerar los pisos.
¿No es como para sentir alegría el saber que nos va a preparar sitio?

Pero hay algo más que abre nuestro espíritu:
“Volveré y os llevaré conmigo”.
¡Cuántas veces nos imaginamos que los que mueren se quedan solos en el silencio!
Me gusta la frase que la Iglesia utiliza cuando habla del Sacramento de los enfermos.
Que les demás le unción.
Pero también el “Viático”.
Todos sabemos lo que son los viáticos cuando vamos de viaje.
El Viático que es Jesús mismo que se hace presente en nuestro morir.
Y luego, en vez de llevarnos al “velatorio”, nos lleva de la mano “al sitio preparado”.

Y ¿cuál es ese sitio preparado?
“Os llevaré conmigo, para donde estoy yo, estén también ustedes”.

¿No seremos capaces de vivir la alegría de la fe?
¿No seremos capaces de vivir la alegría de la fe también en la muerte?
Aquí nadie dirá que tiene miedo perderse en el camino, porque el camino mismo es el que nos llevará de la mano.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Jueves de la 4 a Semana – Ciclo A

“Les aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. Sabiendo esto, dichosos ustedes si lo ponen en práctica. No lo digo por todos ustedes; yo sé bien a quienes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean que yo soy. Les aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado”. (Jn 13,16-20)

Quisiera sugerir algunas ideas sobre el Evangelio de hoy, sobre las que, lo confieso, no había reparado.
Jesús se está despidiendo.
Denuncia muy delicada y políticamente al que lo va a traicionar.
Y ojo, que es uno de los elegidos por él.
Y es alguien que comparte el pan con él.
La verdad que Jesús debía tener unos hígados de elefante.
Mejor dicho, tenía que tener el mismo amor del Padre:
Que le duele el fracaso del hijo, pero le sigue amando.
Que le duele la frustración de su amor, pero le sigue amando.
Que un día lo llamó, y aún sigue esperando en él.

Jesús es realista.
Conoce demasiado bien el corazón del hombre y sigue contando con él.
Conoce demasiado bien el corazón del hombre y sigue llamándolo.
Pero también sabe que:
Lo que él ha vivido, también lo vivirá la Iglesia.
También en la Iglesia habrá quienes comparten el mismo pan y fallan.
También en la Iglesia habrá llamados que traicionan.
No todos serán angelitos.
En la Iglesia habrá mucha santidad.
Y también mucho pecado.

Y por eso se anticipa para que “cuando sucede sigamos creyendo en él”.
Que la traición de uno de los suyos, no oscurezca la fe del resto.
Que la traición de uno de los suyos, no es razón para dejar de seguir creyendo en él.

Bella lección para la Iglesia:
¿Que en la Iglesia habrá mucha máscara que disimula el pecado?
No es razón para dejar de creer en la Iglesia.
¿Que en la Iglesia hay quienes viven en las alturas y son huecos por dentro?
No es razón para dejar de creer en la Iglesia.
¿Que en la Iglesia hay mucha mentira arriba y abajo?
No es razón para dejar de creer en ella.
¿Que el tiempo destapa mucha podredumbre en la Iglesia?
No es razón para dejar de creer en ella.
¿Qué todo el escándalo de la pederastia y embarrado a la Iglesia?
No es razón para dejar de creer en ella.
No es razón para abandonarla.
No es razón para salirse de ella.

¿Que la traición de Judas será el gran escándalo?
Pero todavía queda el resto capaz de seguirle.
¿Qué hay mucho pecado en la Iglesia?
Pero el Papa Francisco dirá: “Sin embargo es más la santidad que hay en ella”.
El conoce muy bien las debilidades de la Iglesia.
Pero como Jesús nos dice a todos: “para que cuando suceda crean que yo soy”.

No es para que celebremos la traición de Judas.
Pero tampoco es motivo para abandonarle todos a Jesús.
La fe en Jesús es más fuerte que nuestras debilidades.
La presencia de Jesús en la Iglesia, la hace más santa que pecadora nuestros pecados.

Por eso, Iglesia:
No me justifico del mal que te he hecho.
Pero sigo creyendo en ti.
No justifico los escándalos que te han golpeado duro.
Pero yo sigo creyendo en ti.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Miércoles de la 4 a Semana – Ciclo A

San Matías, Apóstol

“Les he hablado de esto para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría sea completa. Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien os he elegido y los he destinado a que vayan y den fruto, y su fruto dure”. (Jn 15,9-17)

La Liturgia celebra hoy la fiesta de San Matías, apóstol.
Fue el elegido como el sustituto de Judas.
Y fue elegido por la comunidad, movida por el Espíritu.

Me encanta este Evangelio de Jesús, por las cosas lindas que nos dice:
Primero quiere que seamos partícipes de su alegría.
No la alegría que nos viene de las cosas.
Sino “para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría sea completa”.
A Jesús lo vemos como demasiado serio.
Y sin embargo, su corazón rebosaba de alegría.
Y no una alegría cualquiera, sino la alegría del Padre.
No se dice que Jesús se reía a carcajadas.
La carcajada puede ser una manera de disimular la verdadera alegría.
La alegría que saca mucho ruido no siempre es auténtica.
Con frecuencia la alegría puede ser silenciosa, callada.
Y pienso que más ruido saca el árbol seco del bosque que se cae, que el silencio del resto del bosque lleno de vida.

Uno de los signos más claros de nuestro seguimiento de Jesús es la alegría del corazón.
Uno de los signos más claros de mi fe: es la alegría del corazón.
Uno de los signos más claros de la alegría de mi vocación: es la alegría de Jesús en mí.
Uno de los signos más claros de la alegría de tu matrimonio: es la alegría de Jesús en ti.
Además, Jesús no quiere:
Que vivamos pedacitos de alegría.
Que vivamos momentos de alegría.
Sino que nuestra alegría sea “plena”.

Y razones nos sobran para vivir esa alegría de Jesús:
“Nos ama como el Padre le ama a él”.
¿Te imaginas lo que significa eso en tu vida?
Guardar los mandamientos de Dios, es la mejor señal y razón de nuestra alegría.
“Que nos amemos como él nos ha amado”.
¿Te imaginas lo bella que sería la vida amándonos así?
No nos llama “siervos sino amigos”.
¿Alguna vez has pensado lo que significa la libertad de la amistad de Dios?
“No le hemos elegido, sino que fuimos elegidos por él”.
¿Has pensado lo que significa que tú seas un amigo buscado y elegido por El?

¡Qué lejos está de todo esto la religión de la Ley!
¡Qué lejos están de todo esto ciertas presentaciones de nuestra fe!
¡Qué lejos están de todos esto muchas de nuestras homilías, que en vez de calentar el corazón lo enfrían!

¿No sientes que las homilías y los discursos del Papa Panchito:
Despiertan alegría?
Despiertan gozo?
Despiertan esperanza?
Despiertan ilusión?

Personalmente siento como si la Iglesia se hubiese sanado y ahora como que nos anuncia una nueva primavera.
Una de las cosas que más gozo han causado en mi vida ¿saben cuál es?
Porque tengo todos los argumentos para sentirme llamado.
Mientras iba camino al Seminario, el correo me traía una postal diciéndome que no fuese que no había lugar para mí, todo estaba lleno.
Pero yo llegué al Seminario y me armaron una camita en un rincón.
Mientras los hombres me decían no, Dios decía que sí.
Y no era por mi cara bonita ni porque era muy formalito.
Un tío mío cuando se enteró exclamó: “Si mi sobrino vale para cura, yo valgo para Obispo”.
Bueno él no fue Obispo, pero yo sí sacerdote.

Abramos los ojos y veamos las maravillas de Dios en nosotros.
Abramos los ojos y descubramos cuánto hay de Dios en nosotros.
Casi me atrevería a decir con Pablo: “Ya no soy yo sino Cristo que vive en mí”.
Somos la alegría de Jesús.
Somos los amados como Jesús.
Somos los llamados a amar como Jesús.
¿Más motivos para ser felices hoy?

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Martes de la 4 a Semana – Ciclo A

“Se celebraba la fiesta de la Dedicación del templo. Los judíos, rodeándole le preguntaban: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente”. Jesús respondió: “Ya se lo dije a ustedes y no creen; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero ustedes no creen, porque no son ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. El Padre y yo somos uno”. (Jn 10,22-30)

Sigue el diálogo con los judíos.
Esta vez le preguntan de frente si es o no el Mesías.
Que no los tenga en suspenso.

Cuando no se quiere cambiar de corazón, ¡cuánta resistencia!
Cuando no se quiere cambiar de pensamiento, ¡cuántas excusas!
Cuando no se quiere cambiar de vida, ¡cuánta obstinación!
Cuando no queremos aceptar la verdad del otro,¡cuántos obstáculos!

Jesús es claro en su respuesta:
“Ya os lo he dicho, pero ustedes no me creen”.
Ahí están mis obras, que hablan de mí.
Porque no son obras mías sino que las hago en nombre de Padre.
Pero “ustedes no creen y no creen porque no son ovejas mías”.
Ustedes son ovejas de la ley.
Son ovejas de sus propias tradiciones.

En cambio mis ovejas en“escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”.
Y les doy la vida eterna.
Y no perecerán jamás.
Y nadie me las arrebatará de mi mano.
Como nadie las arrebatará de la mano de Padre.
Porque el Padre y yo somos uno.

Si alguien tiene derecho a ser feliz es el bautizado creyente.
Si alguien tiene derecho a sonreír es el que cree en Jesús.
Si alguien tiene derecho y motivo para sentirse seguro y feliz es el cristiano.

Porque tenemos:
El mejor de los dones: conocer y seguir a Jesús”.
Sentir que somos de él.
Sentir que pertenecemos al Padre.
Sentir que nadie puede arrebatarnos de sus manos.
Sentir que no somos un rebaño a la deriva sino que El está con nosotros.
Posiblemente no lo vemos pero sabemos que camina con nosotros.
Y sabemos que es El quien da la cara por nosotros.
Y sabemos que es El que prefiere dar su vida por nosotros antes de que alguien arrebate la suya
Sabemos que el cristianismo es la religión de amor.
Sabemos que el cristianismo es la religión de la esperanza.
Sabemos que el cristianismo es la religión “no de la ley” sino de la “vida eterna”.

Tenemos motivos más que suficientes:
Para vivir con seguridad en nosotros mismos.
Para vivir con confianza en nosotros mismos.
Para vivir con esperanza en nosotros mismos.
Para vivir gozosamente nuestra fe, aun en las situaciones difíciles.
Para sentirnos tomados de la mano del Hijo y del Padre.
Para sentirnos defendidos del Hijo y del Padre.
Que el Hijo y el Padre nos tienen como propiedad suya.
Y que por ello cuidan diariamente de nosotros, aunque las cosas nos salgan mal.

Lo que realmente importa es:
Que sepamos ver las obras que Jesús hace por nosotros.
Que sepamos que lo que Jesús hace por nosotros es por mandato del Padre.
Que no necesitamos guarda espaldas que nos protejan.
Porque nos basta saber y creer que el Padre y el Hijo caminan a nuestro lado.
Y esta es nuestra fe.
Y esta es nuestra esperanza.
Y esta es la razón de nuestra caridad.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 4 a Semana – Ciclo A

“Dijo Jesús: “Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye. Yo soy el buen Pastor, que conozco las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre: yo doy mi vida por las ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este rebaño, también las tengo que traer y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor”. (Jn 10, 11-18)

Hoy lunes continúa la parábola del Buen Pastor.
De alguna manera nos está diciendo:
La necesidad de buenos pastores.
La importancia de buenos pastores.
Lo esencial del buen pastor.

Y establecevarias condiciones:
La principal: “el buen pastor da la vida por las ovejas”
La segunda: tiene que conocer a sus ovejas.
Ellas tienen que conocerle.
Ha de conocerlas como el Padre le conoce a Jesús y Jesús al Padre.
Y además no encerrarse en su propio redil, sino preocuparse de las que están fuera y a las que también hay que invitar al rebaño.

Estoy pensando en dos hechos.
El primero en lo que escribió A. Camus en su Libro “La Peste”.
La gente se iba muriendo por la peste.
El Dr Rieux era el único médico que quedaba en el pueblo.
Nadie conseguía visa para salir y escaparse de la peste.
Pero un día el Dr. Rieux consiguió la visa para huir a Francia.
Y se lo dijo a un amigo. Y este le respondió:
“Doctor Rieux, no es vergonzoso ser feliz. Lo vergonzoso es que solo se piense en la propia felicidad y no en la de los demás”. Y el Doctor se quedó.

El segundo dato, ya no es de novela sino realidad histórica. Mons. Eugenio Bosiolkov, Obispo Pasionista, estaba perseguido por el Partido Comunista de Bulgaria. En 1948 logró hacer una visita a Roma, pero seguido por la policía secreta.
A fines de septiembre celebró la misa de despedida a la Comunidad de los Santos Juan y Pablo, casa central de los Pasionistas. Todo el mundo le aconsejaba quedarse en Roma. Que en Bulgaria corría peligro de muerte. A lo que él respondió: “Si tengo el valor de vivir, también debo tenerlo para morir, el Pastor no puede dejar abandonado a su rebaño que está corriendo la misma suerte”.
El 15 de agosto de 1952, muy de madrugado, lo llevaron preso. Nadie supo nada de él, hasta que en noviembre le hicieron el juicio popular y la noche del 12 al 13 lo fusilaron, haciendo desaparecer su cuerpo. Juan Pablo II lo beatificó.

El buen pastor:
Tiene que conocer a sus ovejas y sus problemas.
Tiene que estar con sus ovejas y caminar con ellas.
Tiene que oler a rebaño.
Y tiene que estar dispuesto a sacrificar su vida por sus ovejas.

Es posible que no todos tengan que llegar al martirio.
Pero todos tienen que dar su vida diariamente por su rebaño.
Corriendo la suerte de sus fieles.
Viviendo como viven sus fieles.
Compartiendo su vida con sus fieles.
Compartiendo las mismas necesidades con sus fieles.
Pasando las mismas dificultades de sus fieles sin privilegios particulares.
Ensuciando sus zapatos en los mismos arenales donde muchos de sus fieles andan descalzos.
Y no puede jugar a fulbito con el pequeño grupo que asiste a la Iglesia.
Tienen que jugar en el amplio campo de fútbol y ver que las graderías están repletas, pero están fuera del rebaño.

Al buen pastor tiene que dolerle el sufrimiento y las luchas de fe del pequeño rebaño.
Pero su corazón tiene que llorar por “las otras ovejas que no son de este rebaño”.

Clemente Sobrado C. P.

 

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Domingo 4 º – Ciclo A

“Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otra parte, es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guardián, y las ovejas escuchan su voz, y el va llamando por su nombre a las ovejas y las saca fuera. Camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirían”. (Jn 10,1-10)

Flickr: Lawrence OP

Cada año, el cuarto domingo de Pascua está dedicado a los pastores y por eso se lee el Evangelio de Juan en el capítulo 10 sobre Jesús el buen pastor.
Jesús establece una serie de relaciones entre él y el rebaño que somos nosotros.
Da la vida por las ovejas.
Conoce a sus ovejas.
Las ovejas le conocen.
El Padre conoce al Hijo y el Hijo al Padre.
Y el Hijo da su vida por las ovejas.
Pero hay ovejas que aún no están en el rebaño.
También hay otros pastores que ni son dueños ni se preocupan, y ante el peligro huyen y el lobo destruye el rebaño.

Jesús modelo de pastores.
Ser pastor en la Iglesia no puede ser un título de prestigio.
Ser pastor en la Iglesia no es ocupar un lugar preferencial.
Ser pastor en la Iglesia no es tener privilegios.
Ser pastor en la Iglesia no es sentirse dueño de la Iglesia.
Ser pastor, al estilo de Jesús, es una maravillosa misión, pero también un gran compromiso.
Es dar la vida por las ovejas.

Ser pastor es estar dispuesto a darlo todo por su rebaño:
Dar su tiempo.
Dar sus cansancios.
Dar lo que tiene.
Darse a sí mismo.
Ser capaz de morir para que las ovejas vivan.

Con el Evangelio en la mano aún no logro entender que, el hecho de ser pastores, signifique en la Iglesia títulos de superioridad, privilegios y distinciones.
Es el primero en el rebaño del Pueblo de Dios.
Pero el primero a ir por delante.
Es el primero en olvidarse de sí mismo a favor del Pueblo de Dios.
Es el primero en no disponer de tiempo para descansar, mientras haya fieles que le necesitan.

El 19 de septiembre el Papa Francisco definió la figura del pastor, desde el Evangelio y desde su propia experiencia y desde lo que él busca en la Iglesia:

“Vuestra presencia -precisó el Papa- no es secundaria, es indispensable.
La pide el pueblo mismo, que quiere ver al propio obispo caminar con él, estar cerca de él.
Lo necesita para vivir y para respirar. No os cerréis.
Bajad en medio de vuestros fieles, también en las periferias de vuestras diócesis y en todas aquellas ‘periferias existenciales’ donde hay sufrimiento, soledad, degradación humana”.
Y les hizo esta invitación a “seguir el olfato que tiene el Pueblo de Dios para hallar nuevos caminos”
y la advertencia para evitar caer “en el espíritu del carrerismo” y de la ambición”.

Por eso ser pastor es una “vocación y un carisma”.
No somos pastores por propia iniciativa.
No somos pastores para tener una imagen significativa dentro del Pueblo de Dios.
Ni para tener títulos especiales que los identifiquen.
Ser pastor es configurarnos con Jesús y como él ser capaz de dar la vida por los demás.

Por eso, Jesús mismo establece la diferencia entre “el buen pastor” y el “mal pastor”, el “asalariado”.
El asalariado que, primero mira por sí mismo antes que por las ovejas.
El asalariado que, ante el peligro, prefiere su vida a la de las ovejas.
El asalariado que, ante el riesgo, prefiere que “lobos extraños” destruyan el rebaño y maten a las ovejas.

La calidad de los pastores se demuestra por la calidad del rebaño.
La calidad de los pastores se demuestra por la vida del rebaño.
La calidad de los pastores se demuestra por la unidad del rebaño.

Para el Papa Francisco, el Pastor:
Va detrás del rebaño.
Va delante del rebaño.
Va con el rebaño.
Va en medio del rebaño.
Una misión nada fácil. Pero una misión maravillosa, porque es la que nos mejor nos configura con el mismo Jesús que “entregó su vida para que nosotros tuviésemos vida”. El mejor pasto del rebaño que es el Pueblo de Dios, es la vida de sus pastores.

Señor, danos pastores como tú que viven no para ellos sino para los demás.

Clemente Sobrado C. P.