Mensaje a los Amigos

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Jesucristo, Rey del Universo

Noviembre 24, 2009 · Dejar un comentario

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Mi reino no es de este mundo

Noviembre 18, 2009 · 1 comentario

Domingo 34 b – Festividad de Cristo Rey

Hay cosas que no resultan fáciles de entender, al menos, para cuantos entendemos las cosas al estilo de todo el mundo. Tampoco Pilato entendió nada. Jesús se lo dijo y lo confesó abiertamente a sus propias narices: “Yo soy rey, claro que mi reino no es de este mundo”. ¿Y sabes por qué no es de este mundo? Claro que no lo sabes. Es que mi reino está en “ser testigo de la verdad”. Y eso ¿cómo la va a entender Pilato si está acostumbrado a hacer de la verdad lo que a él le interesa y le conviene?
Pero eso tampoco lo solemos entender demasiado nosotros. ¿No llevamos todos mucho de Pilato en nuestras vidas? ¿A caso no decimos que en política todo vale?
Vale la mentira.
Vale el engaño.
Vale la falsa promesa.
Vale la falsa imagen.

Yo no sabía que los candidatos a presidentes necesitaban de “asesor de imagen” y hasta un ¡maquillador! Yo sabía que eso se daba en televisión y las novias para casarse. Pero para ganar unas elecciones, ¡vaya por Dios!
Y claro, a Jesús le faltaron las dos cosas:
Le faltó un “asesor de imagen” y le falto un “maquillador”.  Por eso se presentó como un reo condenado a muerte, coronado de espinas, azotado y cargando una cruz, como el hombre que prefiere el poder del amor al poder de la fuerza.
No, Jesús, así no. Así el mundo no te acepta como rey. Necesitas de uno de esos “asesores de imagen” que te diga cómo presentarte en público:
Con cara maquillada.
Con cara sonriente.
Con cara de mentira camuflada de promesas.

Y eso sí. Nada de cruces ni crucificados.
Nada de decir “el que quiera seguirme, bueno, digamos votarme en las urnas, que tome su cruz y me siga”. Así no. Así ni tus discípulos te van a seguir.
El mundo no entiende de esas cosas que son del pasado. Ahora nos interesa más el cuidado de nuestro maquillaje, la buena apariencia, la sonrisa aunque sea postiza y para un rato ante las cámaras de TV.

Ya sabes, para la próxima, si quieres tener éxito, “en política todo vale”.
Además no se te ocurra venir con eso de “ser testigo de la verdad”. Hoy eso ya no se lleva. Al menos di “testigo de la mentira camuflada de verdad” porque eso nos va mucho mejor. ¿No te das cuenta de que hoy todo el mundo miente?
Mienten los hijos a los padres.
Mienten los padres a los hijos.
Mienten los esposos a las esposas.
Mienten las esposas a los esposos.
Mienten los seglares.
Mienten los curas.
Mienten los Obispos.
Mienten los políticos.
Mienten los vendedores.
Miente todo el mundo.
¿A caso somos lo que decimos ser?
¿A caso vivimos lo que hablamos?

¿Tú crees que hoy con la verdad vas a llegar muy lejos?
Con la verdad te arruinas, te lo digo yo por experiencia.  Alguien me dijo un día: “Padre, usted con la verdad y yo con la mentira, pero con dinero, le gano”.
Hoy lo importante no es la verdad del ser, sino del aparentar.
Hoy lo importante no es la coherencia de las vidas, sino que a uno se lo crean.
Hoy lo importante es que a uno no le descubran.
Y si te descubren, para eso tenemos buenos abogados que nos defiendan.

Además, si quieres mi consejo Señor, no hables de un “reino que no es de este mundo”.
Si lo único que a la gente le interesa es este mundo.
Pasárselo bien ahora. La vida hay que vivirla y sacarle el jugo.
Si lo único que a la gente le va son las cosas de este mundo.
Lo del otro mundo no está mal para después de la muerte.
Pero mientras vivimos, lo importante es lo de este mundo.

Oración
Señor: Te admiro por tu sinceridad y por tu valentía.
Tú no eres de los que disimulan la verdad para caer bien.
Ni la disimulas aunque todo el mundo te deje y te abandone.
Aún así yo te acepto como eres, sin maquillajes, condenado y crucificado.
Quiero aceptarte como el Rey “testigo de la verdad”.
Haz de mi también uno de esos testigos, aunque a veces me complique la vida.

Clemente Sobrado C. P.
www.iglesiaquecamina.com

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Categorías: Ciclo B · Tiempo ordinario
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Por seguir a Jesus

Septiembre 13, 2009 · Dejar un comentario

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Escucha la Homilía del Domingo 13 de setiembre del 2009

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Una enfermedad llamada Jesús

Septiembre 9, 2009 · 1 comentario

Domingo 24 b del ordinario

Hace unos meses una señorita me contaba que estaba “locamente enamorada”. Dejándola hablar de su loco enamoramiento, llegué a la conclusión de que el chico no merecía la pena. Tomaba y era adicto. Cuando trataba de hacerla reflexionar, siempre la misma respuesta: “pero, Padre, yo lo amo”. Ahí me convencí de que el amor suele ser una enfermedad incurable o que solo se cura con el matrimonio. Y pensé en lo que algún día escribió Ibn Arabi: “aquel que ha quedado atrapado por esa enfermedad que se llama Jesús, no puede ya curarse”.

Y pensé en mí mismo, tratando de diagnosticar si estaba sano o enfermo. Y me entró un escalofrío en el alma. Me sentía demasiado más sano que enfermo. ¡Y eso que me he jugado la vida desde joven por Jesús! Pero me preguntaba a mí mismo si mi fe era la “fe en algo” o la “fe en Alguien”. Porque este creo que es el verdadero problema de los creyentes.

Los discípulos supieron responder todos a una lo que pensaba y decía la gente sobre Jesús. Pero, a pesar de seguirle y ser discípulos suyos, se quedaron medio mudos cuando les clavó la pregunta personal “¿y vosotros quién decís que soy yo?”
Sabían responder por los demás.
Pero no sabían responder por ellos mismos.
Pedro debió salvar la situación haciendo una confesión de la divinidad de Jesús.

Es que la fe no consiste tanto en creer doctrinas o ideas, cuanto en enamorarse de “alguien”. Enamorarse de Jesús. Ninguno tenemos problemas en recitar o cantar el Credo. Nuestro problema está cuando alguien nos pregunta “¡y quién es Jesús para ti?!”
Iglesia ¿quién es Jesús para ti?
Bautizado ¿quién es Jesús para ti?

Tenemos una Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe. Puede que tenga su importancia.
Pero ¿tiene la Iglesia una Congregación para la vivencia y la fe en Jesús?
Yo no estoy seguro de que mi fe pueda alimentarse sólo de la doctrina y de la teología.
Porque no estoy seguro que yo pueda vivir solo de ideas, ni pueda enamorarme de las ideas o de las doctrinas.
Sólo es posible enamorarse de “alguien”, de “una persona”.
Jesús no pregunta: ¿qué dice la gente mis enseñanzas?
Sino, “¿quién dice la gente que soy yo?”
Y no pregunta a sus discípulos “y vosotros qué pensáis de mis doctrinas?”
Sino, “y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Ser cristiano no es seguir una doctrina, sino seguir a una persona, seguir a Jesús. Ser capaz de dejarlo todo por El.
Ser cristiano no es enfermarse por unas doctrinas, sino enfermarse de amor  por la persona de Jesús. Esa fue la enfermedad de Pablo: “ya no soy yo sino que es Cristo quien vive en mí”. “No quiero saber entre vosotros otra cosa que a Jesús y a éste crucificado”. Es que Pablo no se encontró con una doctrina, sino que se encontró con la persona de Jesús el Resucitado.

Me temo que la Iglesia esté demasiado preocupada por la ortodoxia doctrinal y esté relegando a un segundo plano la figura y la persona de Jesús. Tal vez no lo relega, pero tampoco lo presente como la prioridad de la fe, al menos si lo vemos a la luz de nuestra predicación y de nuestras catequesis. Es posible vivamos más preocupados por el llamado “depósito de la fe” que son las doctrinas de la fe, que de la experiencia de Jesús en cada uno de nosotros.
Puede haber cristianos que saben muy poco de teología, pero sienten un profundo amor por Jesús.
Puede haber cristianos que, en su vida, no han podido leer un libro, pero sienten profundamente en su corazón la persona de Jesús.
Estoy totalmente de acuerdo con el teólogo K. Lehmann cuando dice que “el hombre moderno sólo será creyente cuando haya hecho una experiencia auténtica de adhesión a la persona de Jesús”.

Estoy convencido que el hombre actual no pregunta al cristiano ¿cuánto sabes de Jesús, sino quién es Jesús y quién es Jesús para ti?

Oración
Señor: Siento que también me preguntas y nos preguntas:
“y vosotros quién decís que soy yo”.
Yo quisiera decirte que Tú eres el centro de mi vida, el eje de mi fe.
Quisiera decirte que también yo
“sufro esa enfermedad incurable  de vivir enamorado de Ti”.
¿Sería sincero en decirte que sí?
Tú eres el que mejor conoce la verdad de mi fe,
porque eres el que mejor conoce la verdad de mi corazón.

Clemente Sobrado C. P.

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Mama, mirame, soy Emily

Julio 22, 2009 · Dejar un comentario

b-dom17

niña

Domingo 17 b del ordinario

José Luis Martín Descalzo cita una escena de “Nuestra Ciudad” de Thornton Wilder, en la que describe cómo un día autorizaban a los muertos a regresar a la vida y vivir un solo día con los vivos. Nadie quiso volver, salvo la niña Emily que, a pesar de que todos la desaconsejaban, ella quiso hacer la experiencia de revivir el día en que cumplió nueve años.
“Y ahí la vemos, con sus nueve años recién cumplidos, bajando las escaleras de la casa, con su vestido nuevo y sus rizos recién peinados, esperando el grito de alegría que dará su madre cuando la vea tan guapa. Pero su madre está ocupadísima en preparar la tarta del aniversario y la merienda, a la que vendrán todas las amigas de su hija.
Y ni siquiera mira a la pequeña. “Mamá, mírame” grita Emily, “soy la niña que hoy cumple nueve años”. Pero la madre, sin mirarla, respondió: “Muy bien, guapa, siéntate y toma tu desayuno”.
Emily repite: “Pero mamá, mírame, mírame”. Pero su madre tiene tanto que hacer que ni la mira. Luego vendrá su padre, preocupado por tantísimos problemas económicos. Y tampoco él mirará a su hija. Y no la mirará tampoco su hermano mayor, volcado en sus asuntos. Y Emily suplicará en el centro de la escena: “Por favor, que alguien se fije en mí. No necesito ni de pasteles ni de dinero. Sólo que alguien me mire”. Pero es inútil. Los hombres, ahora lo descubre, no se miran, no reparan los unos en los otros. Porque no les interesa a ninguno lo del otro. Y, llorando, regresa Emily al mundo de los muertos, ahora que ya sabe que estar vivo es estar ciego y pasar junto a lo más hermoso sin mirarlo”. ( Razones para la alegría pág. 126)

El caso de Emily, sabemos que es una ficción literaria, pero que tiene una historia real. Son muchos los que a nuestro lado están necesitados de que los veamos, les miremos y nos fijemos en ellos.
Y esto es lo maravilloso del Evangelio de hoy. Es importante que Jesús dé de comer a tanta gente con hambre. Pero, tal vez lo más importante es que Jesús “levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para todos estos?”

No habrá milagro, si primero no tenemos ojos para ver a los demás.
No habrá reparto de pan, si primero no sabemos ver al hermano necesitado que está a nuestro lado.
Mucha gente no podrá comer, si antes alguien no es capaz de fijar los ojos en ella, mirarla con cariño y respeto y sentirse afectado por su realidad de pobreza.
Porque fijarnos en los demás es sentirnos interesados por ellos, preocupados por ellos.
Porque fijarnos en los demás ya es, de alguna manera, sentirnos solidarios con ellos.
El milagro de la multiplicación de los panes comienza por “levantar los ojos” de nuestros propios quehaceres y ver y contemplar a los demás.
Es cierto que la gente necesita de pan para comer.
Pero, con frecuencia, la gente necesita sobre todo sentir que alguien le mira, alguien se fija en ella, para alguien sigue siendo todavía importante, más importante que nuestros quehaceres y ocupaciones.
El pan puede llenar el estómago. Pero una mirada bondadosa nos hace recuperar nuestra propia autoestima.
El pan puede saciar el hambre. Pero unos ojos que nos miran y contemplan nos hacen interesantes a nosotros mismos y nos devuelven el ánimo de seguir viviendo y luchando por la vida.

En nuestro mundo hay mucha hambre. Pero, de ordinario, siempre nos fijamos en los hambrientos que tenemos lejos de nosotros.
¿Alguien tiene tiempo para mirar con amor a los que tienen el estómago vacío a nuestro lado?
¿Alguien tiene una mirada de bondad para esos que cada día pasan a nuestro lado y nos tienden la mano?
Tal vez no podamos solucionarles su problema. Pero siempre podremos tener una mirada y una palabra de bondad que les llegue al alma.

En nuestro mundo hay demasiada hambre de pan. Pero nuestro mundo, incluso el mundo de los ricos, sufre de otras muchas hambres tan importantes como las del pan, el arroz o el pescado o la carne.
A muchos les sobra el pan. Pero les falta la mirada de amor y de cariño de los suyos. Por eso se sienten extraños incluso en casa.
Maridos, ¿cuánto tiempo hace que no miráis a los ojos de vuestras esposas?
¿Sabéis de qué color son sus ojos?
¿Cuánto tiempo hace que no os fijáis en el vestido nuevo, en su nuevo peinado, para decirle que le queda bonito?
Padres, ¿cuánto tiempo hace que no miráis con ternura a los ojos de vuestros hijos? ¿Y cuánto tiempo hace que no les decís lo bonitos que les quedan esos pantalones vaqueros, rotos y deshilachados por todas partes? Ya sé que a vosotros eso no os va, pero a ellos les encantan.

¿Será cierto lo que dice Emily? … “ahora que ya sabe que estar vivo es estar ciego y pasar junto a lo más hermoso sin mirarlo”. ¿Será cierto que estar vivo es estar ciego y pasar junto a lo más hermoso sin mirarlo?

Oración
Señor: Con frecuencia los Evangelios nos dice que tú te fijabas,
que mirabas a la gente que te rodeaba.
Muchos de tus milagros comenzaron por los ojos.
Muchos de tus milagros comenzaron por abrir los ojos y ver.
A nosotros nos has regalado dos ojos.
Pero ¿sabemos mirar?
¿Sabemos mirar a aquellos que tenemos cerca de nosotros?
Es posible que muchos no estén esperando de nosotros nada,
sólo una mirada de cariño, de ternura y de amor.

Clemente Sobrado C. P.

www.iglesiaquecamina.com

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