Mensaje a los Amigos

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Dios sale de paseo

Diciembre 17, 2009 · Dejar un comentario

Domingo 3 de Adviento – Ciclo C

En esta cuarto y último Domingo del Adviento, ya a las puertas de la Navidad, la figura central es María, la mujer del Adviento y la mujer de la Navidad. La presencia de Dios creciendo en el seno de María la pone en camino, como luego Jesús también se pondrá en camino. Es la primera vez que Dios sale de casa a darse una vuelta por su tierra y llega hasta la Montaña de Judá. La segunda vez, sería un viaje más penoso camino de Belén.

Dios no nos encierra sobre nosotros mismos.
Y no es un motivo para tomarnos un descanso. El Dios que anida en las entrañas de María es un Dios de los caminos. Porque es el Dios en actitud de servicio a los hombres. El embarazo necesita de cuidados. Pero las necesidades de los demás necesitan con urgencia de servicios.

En su cántico, María alabará las maravillas que Dios ha hecho en ella. Por el contrario, Isabel destaca la fe de María. Es posible que su experiencia de un marido mudo por dudar y no creer, le haga sentir más la grandeza de la fe de María. “Dichosa tú que has creído”.

La presencia de Dios es siempre motivo de gozo y de alegría. “Desde que tu saludo llegó a mis oídos, el niño saltó de alegría en mi vientre”. Las visitas de Dios y las visitas de quienes van llenos de Dios nunca son un aguafiestas. Son un momento de alegría, de baile, aunque sea dentro del vientre materno.
Encuentros que no llevan nada ni dicen nada.
Encuentros que nos dejan como estamos.
Encuentros que no dejan huella y nuestras vidas.
Y encuentros que despiertan lo que llevamos dormido en el alma.
Encuentros que despiertan ideales dormidos y que solo necesitaban una presencia.
Encuentros que la alegría de la vida, tantas veces marchita por los problemas.
Encuentros que pueden cambiar nuestras vidas.

María, en su visita a Isabel, es el mejor símbolo de la futura Iglesia y de la futura evangelización.
La Iglesia tienen que vivir cada día “embarazada y gestando” a Dios en su seno.
Pero la Iglesia gestante de Dios no puede guardarlo para ella misma.
La Iglesia no puede vivir del miedo de perder a Dios por arriesgarse saliendo al encuentro de los hombres.
La Iglesia sólo puede acercarse a los hombres cuando ella misma está llena de Dios por dentro.
Sólo podemos anunciar debidamente el Evangelio cuando el Evangelio nos va quemando por dentro.

Por otra parte, la Iglesia cuando se acerca a los hombres:
No es para dejarlos como están instalados en su mundo y sus quehaceres.
La Iglesia está llamada a ser buena noticia para los hombres.
La Iglesia está llamada a despertar lo que los hombres llevan dormido dentro.
La Iglesia está llamada a despertar la alegría en el corazón de los hombres.
La Iglesia está llamada a despertar y abrir nuevos horizontes.
La Iglesia no puede guardarse a Dios en los templos sino que tiene que sacarlo a pasear por los caminos de los hombres.
El Dios de la Iglesia no es el Dios de los templos, sino el Dios de los caminos, porque es el Dios del servicio a los hombres.

Necesitamos de un Iglesia “embarazada” de Jesús.
Necesitamos de cristianos “embarazados” de Jesús.
Porque sólo así seremos la alegría de los hombres.
Porque solo así haremos saltar la alegría y el gozo dormido en el corazón humano.

Para que Jesús nazca en Belén es preciso que María lo lleve en su seno.
Para que Jesús nazca en nuestros hermanos es preciso llevarlo en nuestro corazón.
En Belén nace lo que María llevó durante nueve meses en sus entrañas.
En los hombres nace lo que los hombres llevamos hasta ellos.
¡Feliz Navidad a todos!
¡Que cada uno viva la Navidad de lo que el Espíritu engendró en nosotros!

Oración
Señor: No te gusta vivir enclaustrado.
Recién concebido sales camino de Ain-Karen.
Te gusta salir al encuentro de los hombres, de los que te necesitan.
Y encontrarse contigo es sentir que dentro de nosotros se despierta la vida, se despierta la alegría, se despierta lo nuevo.
Estamos próximo a la Navidad y tú estás de camino hacia todos nosotros.
Despierta todo lo bueno que llevamos dentro.
Despierta la vida que ya se nos duerme en el corazón.
Porque en estas Navidades también nosotros queremos saltar de alegría,
como lo hizo Juan en el vientre de Isabel.

Clemente Sobrado C. P.
www.iglesiaquecamina.com

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Categorías: Adviento · Ciclo C
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La Asunción de María

Agosto 16, 2009 · Dejar un comentario

Categorías: Ciclo B · Tiempo ordinario · homilia
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Y tu Magnificat?

Agosto 12, 2009 · Dejar un comentario

Domingo 19 b del ordinario – Asunción de María

Aunque la Asunción se celebra el día 15 de agosto, en el Perú la celebramos el domingo más próximo. Este año la celebramos el 16 de agosto. La liturgia le aplica el Evangelio de la Visitación a su parienta Isabel, la vieja que también espera un hijo.

¡Qué peligrosas son dos mujeres juntas! A Isabel, sorprendida por la visita de la prima, se le agranda y ensancha el corazón con unas alabanzas a María que ponen al descubierto todo el misterio que María lleva dentro. Y María que se siente inundada del misterio que lleva en seno, se despacha con el himno del Magníficat, que es como un resumen anticipado del Evangelio. No se queda ensimismada en sí misma. Y reconoce todo lo que el Señor ha hecho en ella. Se ve como la obra maravillosa de Dios. Es un canto al misterio de la gracia en el corazón humano.
Se siente la esclava. Pero se siente también la esclava en la que Dios ha desplegado todo su poder sobre la criatura humana. Su condición de una mujer cualquiera del pueblo no la inquieta, ella prefiere verse no desde sí misma sino desde lo que Dios hace en ella.

Siempre he sentido un gran cariño hacia el Magnificat de María, pues me ofrece una pedagogía de fe conmigo mismo.

Desde niños nos han enseñado más el pecado que la gracia.
Desde niños nos han ensañado más a sentir que somos nada o casi nada, y no lo grandes que somos para Dios.
Desde niños nos han enseñado una humildad que era un rebajarnos hasta sentirnos una basura, y  no la humildad que es reconocer los dones de Dios en nosotros.
Desde niños nos han enseñado a hacer el examen de conciencia de lo malo que hacíamos y nunca nos han enseñado a reconocer lo bueno que había en nuestro corazón.
Desde niños nos han cortado las alas del espíritu que nos impedía volar más alto hacia las cumbres.
Eran más los “no” que los “sí”.

Y todo esto nos ha llevado a una espiritualidad de la negatividad. La espiritualidad del “no”. “No hacer”. En vez de esa otra espiritualidad del “sí” y la vivencia de nuestra fe “del hacer”. Y esa espiritualidad y esa experiencia de nuestra fe y de nuestra condición de pecadores, es posible que siga todavía muy metida dentro del corazón.

Por eso nos sentimos más malos que buenos.
Nos sentimos más esclavos que libres.
Nos sentimos más basura que grandeza.
Más lodazal que la flor que crece en medio.

Por eso mi pregunta cada día es: ¿Y cuál es hoy mi “magnificat”?

Porque en todos nosotros hay mucho más de bueno que de malo.
Porque en todos nosotros hay mucho más de gracia que de pecado.
Porque en todos nosotros hay más obra de Dios que obra nuestra.
Porque en todos nosotros hay mucho más santos que de pecadores.

Es posible que, a lo largo del día, hayamos hecho muchas cosas malas. Pero ¿y cuántas cosas buenas no quedan también muchas señales, como huellas humanas de Dios que camina en nosotros? ¿Acaso no debiéramos también nosotros proclamar, como María, “las maravillas que Dios hace en nosotros”?
En vez de esos exámenes de conciencia negativos de los pecados que hemos hecho, ¿no sería mejor escribir cada día nuestro propio “Magnificat”?

El “Magnificat” de la bondad que hemos regalado a los demás.
El “Magnificat” de las sonrisas que hemos obsequiado a los que están a nuestro lado.
El “Magnificat” de tantos gestos de servicio para con los demás.
El “Magnificat” de esas penas y sufrimientos que hemos aliviado.
El “Magnificat” de esas soledades que hemos acompañado.
El “Magnificat” de esos sentimientos de generosidad que Dios ha despertado en nosotros.

¿No crees que sería bueno escribir tu Magnificat el día de tu cumpleaños?
¿No crees que sería bueno escribir tu Magnificat cada fin de año?
¿Qué ha hecho Dios en mí este año? ¿Cuáles son las maravillas que hay en mí?
¿Y el “Magnificat” de tu vida después de ser perdonado y renovado en la confesión?

¿Quieren conocer mi “Magnificat” personal?

“Proclama mi alma la grandeza de mi Señor. Se alegra mi espíritu cada vez que contemplo las cosas que El ha hecho en mí”.
“Me miró, cuando nadie se interesaba por mí, cuando nadie daba nada por mí.
Dios inclinó su cabeza y mi miró con sus ojos de bondad.
Me miró y me llamó. Me hizo sentir que yo era importante para él. Me hizo sentir que yo no podía quedarme en simple zapatero o carpintero.
Me miró y me hizo revivir. Me hizo soñar. Me despertó interiormente.
Me hizo esperar casi un año para realizar los sueños que El mismo soñó en mi corazón.
Y cuando yo ya estaba caminando hacia El, los hombres habían decidido otra cosa. “Que no venga” dijeron desde el Seminario. En el camino se cruzaron los planes de Dios y los planes de los hombres.
El Señor hizo en mí cosas grandes, que jamás se me hubiesen pasado por la mente.
Me miró y me consagró a su servicio en la vida religiosa.
Me miró y me ungió con el óleo sacerdotal. Ministro de su Eucaristía y ministro de su perdón. Ministro de su Palabra.
Mi miró y derramó en mi corazón el gozo y la alegría de la vocación.
Me miró y “creyó en mí” cuando los demás no creían. “Si mi sobrino vale para cura, dijo un tío mío, yo valgo para Obispo”. Y mi tío no fue Obispo, pero el sobrino sí llegó a cura.
Proclama mi alma la grandeza del Señor: Por las almas a las que puedo consolar. Por las vidas a las que puedo ayudar. Por los caídos a los que puedo ayudar a levantarse. Por los levantados que puedo empujar a caminar.
“Su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Y ahora, dime, ¿cuál es tu Magnificat? Porque también tú tienes el tuyo, aunque no lo creas.

Oración
Señor: Nuestro espíritu se alegra, como el de María,
porque también has hecho milagros de amor en nosotros.
También en nosotros has hecho el milagro de amarnos como somos.
Has hecho el milagro de hacernos hijos tuyos.
Has hecho el milagro de que seamos más que nuestras debilidades.
Has hecho el milagro de que siendo pecadores podamos ser santos.
Has hecho el milagro de que nos sintamos amados por Ti.
Por eso, como María, también hoy te decimos:
“Proclama nuestra alma la grandeza del Señor”, y también “nuestra grandeza”.

Clemente Sobrado C. P.

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Categorías: Ciclo B · Tiempo ordinario
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La familia de Jesús y nuestras familias

Diciembre 29, 2008 · Dejar un comentario

Categorías: Ciclo B · Navidad
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La esperanza de los abuelos

Diciembre 26, 2008 · Dejar un comentario

La Sagrada Familia – Ciclo B

“El acontecimiento de la presentación en el templo (Lc 2.41-50) nos pone ante el encuentro de generaciones: los niños y los ancianos. El niño que asoma a la vida, asumiendo y cumpliendo la Ley, y los ancianos que la festejan con el gozo del Espíritu Santo. Niños y ancianos construyen el futuro de los pueblos. Los niños porque llevarán adelante la historia, los ancianos constituyen el pasado de los pueblos.

Los niños porque llevarán adelante la historia, los ancianos porque transmiten la experiencia y la sabiduría de sus vidas”. (Aparecida n.447)

La figura del viejo Simeón me resulta simpática por más que el pobre esté ya muy carcocha. Personalmente me sugiere un poco la idea de la presencia del abuelo, una figura venida a menos hoy día, pero tan importante en la familia y concretamente en la vida de los niños.

santiebeati.it

santiebeati.it

Ver al Niño Jesús en brazos de Simeón es algo parecido a contemplar esos viejos troncos del bosque, pero que brotan en nuevos retoños.
Es el encuentro y el abrazo entre el pasado y el presente y el futuro.
Es lo viejo que se abre gozoso a lo nuevo y que siente la plenitud de su vida, no contando precisamente la experiencia de sus años, sino acogiendo con alegría el futuro. “Ahora, Señor, según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han vista a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.

Es el encuentro de generaciones. Y no precisamente como un problema entre el ayer y el mañana, sino como el ayer que abraza y estrecha contra su corazón el futuro. Como el ayer que ya se va y la alegría de contemplar lo nuevo. Es el hoy que no mira con nostalgia el pasado, sino que se goza y deleita con el futuro.

Simeón no es el anciano que mira las huellas de su paso y tiene miedo de que el tiempo las borre. Por el contrario, es el viejo que anuncia el futuro: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida; así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el corazón”.

Hoy, nuestra cultura está marginando a los ancianos y a los viejos. Como que lo viejos ya están fuera de circulación. Y con ello, aún sin pretenderlo, hemos también oscurecido un poco la imagen de los abuelos, que normalmente, ni viven en la misma casa de los nietos. Y con ello les hemos privado:
A los abuelos: del consuelo y la alegría de verse ellos mismos retoñados en sus nietos.
Y a los nietos: del cariño, del amor y de la ilusión de sus abuelitos. Porque, al fin y al cabo, los abuelos, que son un poco la chochera de los nietos, son como el puente entre el ayer y el hoy. Incluso, en muchas circunstancias, son ellos los que suavizan la relación entre padres e hijos.

mandoft

flickr: mandoft

La figura de los abuelos ha sido siempre una figura necesaria en nuestras vidas. Sobre todo hoy, que los padres suelen trabajar los dos, y los niños ya no quedan bajo el cuidado de los abuelos, sino que éstos son reemplazados por la “niñera”, la “empleada de casa”.
Y la “niñera” desempeña unas “funciones”, pero no unas verdaderas “relaciones”. Y lo que los niños necesitan, más que funciones, son relaciones personales tan necesarias para su desarrollo emocional y sicológico de los mismos.

Los abuelos tienen necesidad de sentir, en el ocaso de sus vidas, el calor, el cariño, la tierna sonrisa de los niños. No se trata de “cargarlos” con los nietos mientras los padres se quedan libres. Se trata de una simple presencia.
Una presencia que alegra el corazón de los abuelos.
Y una presencia que da seguridad y ternura a los niños.
El viejo Simeón se siente feliz de ver que el futuro y lo nuevo ya han llegado.
Los abuelos se sienten felices de ver que sus vidas continúan rejuvenecidas en la tierna carne y en la sonrisa de sus nietos.

Que en este día de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, nos ayude a recordar a esas figuras tan venidas a menos y que tiernamente llamamos “abuelitos”.

Oración
Señor: Nadie habla de tus abuelos. Sólo conocemos a tus padres.
¿No te hubiese gustado también a ti jugar un poco con tus abuelitos?
De alguna manera te sentiste también nieto del viejo Simeón que con tanta ilusión esperó verte y conocerte, antes de que se pusiese el sol en el horizonte
del atardecer de su vida.
Queremos pedirte hoy, bendigas a todas nuestras familias.
Y de una manera especial que bendigas a nuestros abuelitos,
sobre todo a aquellos que no pueden disfrutar y gozar
de la compañía de sus nietos. Amén.

Clemente Sobrado C. P.
www.iglesiaquecamina.com

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Categorías: Ciclo B · Navidad
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