Mensaje a los Amigos

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Jesus, nuestro pastor

Mayo 3, 2009 · Dejar un comentario

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Escucha la Homilía del Domingo 3 de mayo del 2009

Misioneros Pasionistas en el Perú

Misioneros Pasionistas en el Perú

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Los regalos del Resucitado

Abril 19, 2009 · Dejar un comentario

Categorías: Ciclo B · homilia · pascua
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Abran las puertas

Abril 16, 2009 · 3 comentarios

casagalicDomingo 2 de Pascua – Ciclo B

Las puertas están cerradas. El miedo encoge los corazones.
Señor, si vienes toca a la puerta. Está cerrada.
Señor, si vienes toca suave. Que tenemos mucho miedo.

¿Y por qué tenéis miedo?
A mi no me gustan las puertas cerradas. Yo las quiero abiertas.
Yo mismo que soy la puerta por donde tendréis que pasar todos.
Soy puerta abierta.
Mi puerta no tiene llave. Mi puerta no tiene cerrojos.
Que entre el que quiera.
No se cierra a nadie.

No me gustan las puertas cerradas.
No me gustan las puertas que impiden el paso.

No me gustan las puertas que ponen límites a los que quieren entrar.
No me gustan las puertas que ponen condiciones de ingreso.

Me gustan las puertas abiertas. Me gustan las puertas bien abiertas.
No impidáis a los demás entrar.
Que tengáis suficiente calor dentro para que entren a calentarse todos.
Que tengáis suficiente vida dentro para que entren todos los que quieren vivir.
Que tengáis suficiente amor dentro para que entren todos los que buscan ser amados.

Yo fundé una Iglesia sin puertas.
Porque toda ella es puerta.
Yo quise una Iglesia siempre abierta. Porque es la Iglesia de todos.
Yo pensé en una Iglesia siempre abierta.
Que nadie encuentre la puerta cerrada al llegar.
Que entren todos.
Que entren los buenos.
Y también los malos.
De mi Iglesia no excluyo a nadie.
“Tengo otras ovejas que no son de este redil; también a éstas tengo que traer”.
A todos quiero darles la oportunidad. Que las leyes no cierren las puertas,
Que  los hombres no cierren lo que yo he abierto.

Ahora que sabéis que estoy vivo, que he resucitado, dejad las puertas abiertas, aunque sea de noche.
No todos querrán entrar de día. Puede que algunos lleguen de noche.
Lo que importa es que todos amanezcan en mi casa. Duerman todos en mi casa.
Que nadie diga que no entró porque mi Iglesia estaba cerrada.
Que nadie siga fuera, porque encontró las puertas cerradas.

Abrid las puertas a lo nuevo, al cambio.
Porque mi Pascua es eso: cambio, novedad, nueva creación, mundo nuevo y hombre nuevo.
Abrid las puertas al hoy de Dios en la historia, porque Dios siempre es novedad y Dios siempre es Pascua.
Abrid las puertas al hoy de Dios en vuestras vidas, porque Dios os quiere nuevos cada día.
Abrid las puertas al hoy de Dios en mi Iglesia, porque Dios quiere una Iglesia nueva y renovada cada día.
¿No os dijo aquel amigo mío, el Papa bueno, Juan XXIII que era preciso “abrir las puertas para que entrase aire fresco?

Abrid las puertas.  No pongáis portero.
Que todo quede abierto, de día y de noche.
Quiero una Iglesia sin puertas.
No quiero una Iglesia que, por miedo al error o a equivocarse, impida el avance de la verdad.
Es preferible correr el riesgo de equivocarse a renunciar a ver salir el sol cada mañana.
Es preferible equivocarse, porque el que se equivoca puede retroceder y corregirse.
Pero nadie puede beber el agua que ya pasó por el río.
Quiero una Iglesia sin puertas, porque yo soy la puerta. Para que todos pueden entrar.

Oración
Señor: Tenemos demasiadas puertas y tenemos demasiadas llaves.
Que esas llaves del amor no cierren sino que abran todas las puertas.
Las de nuestras casas, para acoger a todos.
Las de nuestras mentes, para que estén siempre dispuestas a abrirse a la verdad.
Las de nuestros corazones, para que no excluyan a nadie.
Aunque Tú puedes entrar aún con las puertas cerradas,
nosotros preferimos que entre con las puertas abiertas de par en par.

Clemente Sobrado C. P.

www.iglesiaquecamina.com

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¡Jesús ha resucitado!

Abril 12, 2009 · 6 comentarios

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Escucha la Homilía del Domingo 12 de abril del 2009

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¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

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El primer día de la semana

Abril 11, 2009 · Dejar un comentario

Domingo de Pascua de Resurrección – Ciclo B

La Resurrección de Jesús da comienzo a lo nuevo. Como si el calendario volviese a empezar a “fojas cero”.
Es el “primer día”. Y es el primer día de la primera semana.
La Pascua no es repetir el ayer y el pasado.
La Pascua es “paso”. Por tanto, paso del ayer al hoy. De los viejos días a los días nuevos. El resto de la historia no será ya otra cosa que ir desplegando todo el abanico de las nuevas posibilidades de la Pascua del Señor.
El día de la resurrección no lo es todo. Es el “primer día”.
Le faltan los demás días. Y además estamos todavía en el “amanecer”.

Todavía el nuevo sol que es Jesús recién se está manifestando.
Nos queda todavía todo el resto del día, lleno de idas y vueltas, lleno de búsquedas y encuentros.

En el primer día “todavía no se ve todo claro”.
En el corazón de la pequeña Iglesia hay aún muchas dudas, muchas inseguridades.
Es el comienzo de una experiencia que tendrá que ir profundizándose a través de las distintas apariciones, símbolos, del despliegue de manifestaciones de Jesús vivo en su Iglesia.
Los comienzos no fueron claros. “Aún estaba todo oscuro”.
Poco a poco se irá clareando el día. Poco a poco se irá profundizando la experiencia.
Y poco a poco la fe se irá iluminando y fortaleciendo.

Lo importante hoy es descubrir, en medio de todas nuestras dudas, que El está vivo y está en medio de nosotros. Y que, después de la tragedia de los días anteriores, algo nuevo está naciendo entre nosotros. Es posible que muchos siguan teniendo la impresión de que estamos en tiempos de sepulcros.  Que la Iglesia está muerta. Que la fe está muerta. Que Dios está muerto.  Y es posible que muchos cristianos tratemos de buscar a Dios en los escombros de la Iglesia y de la fe.

Pero mientras piensan en un Dios muerto en la Iglesia, Dios ya está gozando del frescor de la mañana en el jardín de la vida.
El mundo puede considerar muerto a Dios.
Pero Dios no depende de lo que nosotros podamos pensar.
Dios goza de muy buena salud.
Mientras nosotros andamos entre muertos en el cementerio, Dios está vivo en el jardín de la comunidad.

Por eso la verdad de la Pascua hoy será:  Jesús vive. Jesús está vivo. Y Jesús está en la comunidad.  Por más que nosotros tengamos miedo y dudemos.
Vendas y sudario, que comenzaron por ser vestidos del muerto, son ahora signos de que el muerto ya no está muerto, sino que vive.

“Se han llevado al Señor….” exclaman llorosas las mujeres.
Y esta pudiera ser también la impresión de muchos hombres hoy.

Se han llevado a Dios.  ¿Dónde está Dios?
¿Quién lo habrá llevado?  ¿Dónde lo habrán puesto?
Vemos los restos que han dejado de él: quedan Iglesias, quedan discursos, quedan leyes, quedan cosas que le pertenecieron. Pero él ya no está.

¿Será cierto que Dios ya no está ni en el mundo ni en la Iglesia? ¿O no será más bien que nosotros no somos capaces de verlo?  Es cierto que Jesús ya no estaba vendado ni con el sudario de muerto que le regalaron el viernes santo por la tarde. Jesús no está “envuelto”, ni  “atado”. Jesús anda libre. Ha soltado sus ataduras. El sepulcro le ahogaba. Le resultaba demasiado estrecho.
Y ahora busca el jardín. El jardín pareciera ser el lugar preferido de Dios. Al crearnos “nos puso en un jardín”. Y él mismo cada tarde se tomaba el fresco del atardecer, paseándose por el jardín, en signo de libertad. A Jesús no lo pudo atar ni retener la muerte. Menos lo podremos atar y retener nosotros los hombres. Jesús solo se siente bien en la libertad. Porque sólo la libertad es capaz de inventar, de crear lo nuevo.

El Jesús de la mañana de Pascua es un Jesús nuevo. Es el mismo, pero distinto y nuevo. Es el de antes. Ahí están los signos de su ayer: las llagas. Pero es nuevo, distinto, diferente. Ahí está libre de la muerte. Ya no podremos matarlo más. Y ahí está libre para “recrearlo todo de nuevo”.
No lo “han llevado”. El ha salido. El ha roto todas las ataduras. ¿Y nosotros lo querremos atar ahora de nuevo? Imposible. Ahí quedan las vendas y el sudario. Pero El no está ahí. Está escuchando los cantos de los pájaros en el jardín y está escuchando las voces de nuestros corazones.

ORACIÓN
Señor: ¡Cómo han cambiado las cosas!
Cuando todos pensábamos que todo había terminado, vemos que todo comienza.
Cuando todos te creíamos muerto, te vemos paseando por el jardín.
Cuando todos los ideales parecían flores marchitas, todos los rosales vuelven a florecer.
Cuando todos nos sentíamos abandonados, otra vez sentimos que estás con nosotros.
Gracias porque “nadie te ha llevado”  sino que tú te has ido, aunque sin irte porque sigues con nosotros.
Señor, permíteme que te felicite y te dé mis “FELICES PASCUAS”.

Clemente Sobrado C. P.

www.iglesiaquecamina.com

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