Mensaje a los Amigos

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Una cruz para un camino

Abril 10, 2009 · Dejar un comentario

Viernes Santo

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Condenado a muerte, Jesús tiene que cargar con su sentencia y con su patíbulo, su cruz. Una cruz cualquiera. No. Nadie se imagine que Él estrenó una cruz nueva, recién hechita para Él o incluso con madera escogida. Era una de tantas cruces llevadas antes que Él por otros reos. No valía la pena estrenar una nueva, las viejas cruces eran suficientes. No era la hora de tallar cruces nuevas sino aprovechar las ya en servicio. Cruz en la que posiblemente había restos de piel y de sangre de algún otro criminal anterior.

Esto es lo que me gusta de Jesús. Meter su hombro allí mismo donde otros hombros humanos dejaron jirones de vida y luego, porque las cruces no son mejores por ser nuevas o viejas, usar una cruz standard es una forma de solidarizarse con las cruces en uso de todos los hombres. Es una forma de dar valor y sentido a todas las cruces sin mirar el precio ni el arte.

Hay algo que no logro entender. La devoción cristiana al madero de la Cruz de Jesús. ¡Cuánto darías por tener una reliquia de aquel leño! ¡Cuántas reliquias de la Cruz guardadas en tecas de oro! No lo entiendo, cuando luego todos rehuimos la cruz. A la madera de nuestras cruces la odiamos. A nuestras cruces las maldecimos y mientras tanto seguimos diciendo “adorémoste Cristo que por tu santa Cruz…” El mundo está lleno de reliquias del madero de la cruz. ¿Y sabes cómo suele hacerse el reparto? Según la dignidad, la categoría de la persona. Que sepa yo, a ningún pobre e infeliz se le ha condecorado con la “Cruz al mérito”. A Jesús le dieron una de segunda mano como a un cualquiera porque las cruces no pueden ser un regalo ni gratificación para nadie.

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La Semana Grande

Abril 6, 2009 · Dejar un comentario

Semana Santa

Recuerdo que en muchos pueblos de mi tierra, cuando llegan las fiestas patronales o las fiestas centrales, las suelen denominar con el título de “Semana Grande”. Como cristianos también pudiéramos decir que la semana que hoy comenzamos es la “Semana Grande” o “Semana Santa” que suena a más piadoso porque es una semana donde pasa de todo.

Resulta curioso que en siete u ocho días sucedan tantas cosas. Lo que no sé es si llamarla la “Semana Grande de Dios” o la “Semana Grande de los hombres” porque, a decir verdad, es la semana central de la vida de Jesús y también la semana central de los hombres. Dios y los hombres son los grandes personajes de esta semana. Aunque la peor parte la lleva Dios. Por más que los hombres quedemos mal; sin embargo, somos los más beneficiados de esta semana.

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Es la peor semana de Dios entre los hombres, porque nos hemos ensañado con Él. En pocos días, lo hemos juzgado, condenado, crucificado y muerto en la Cruz. Uno se pregunta, ¿cómo es que Dios se somete al capricho y a la libertad de los hombres? ¿Y cómo los hombres son capaces de tratar así a Dios?

Pero esa es la realidad de esta semana. Los hombres empeñados en eliminar a Dios y Dios empeñado el salvar a los hombres. Los hombres empeñados en juzgar y condenar a Dios y Dios empeñado en amar y salvar a los hombres.

La verdad que no resulta fácil entender el comportamiento de Dios dejándose manejar, dejándose juzgar y condenar a muerte por los hombres, pero no resulta menos difícil comprender el atrevimiento de los hombres haciéndose jueces de Dios. Por eso, la Semana Santa revela la verdad de Dios de cara a los hombres y la verdad de los hombres de cara a Dios. Es el momento de entrar en el corazón de Dios y también el momento de entrar en el corazón del hombre; de lo que es capaz de hacer Dios por el hombre y lo que es capaz de hacer el hombre con Dios. Claro que los hombres no hablamos de Dios, sino de un revoltoso, de un iluso que dice llamarse Hijo de Dios. Y hasta cierto punto pareciera verdad.

Se puede condenar y eliminar a Dios pensando que se trata de un peligro para nosotros. Por algo dijo Jesús en la Cruz: “Padre, perdónales porque no saben lo hacen.” ¿Sabían de verdad los Sumos Sacerdotes y los escribas que estaban juzgando a Dios? ¿Sabían los hombres, como Pilatos que estaban sentenciando a Dios? Es posible que no, pero no por eso quedan justificados. Aunque no fuese Dios tampoco se puede condenar tan fácilmente a un hombre. Además, ¿no había demasiados intereses humanos y religiosos de por medio? No entenderemos el comportamiento de Dios si no conocemos el corazón de Dios, pero tampoco conoceremos al hombre sin conocer la verdad de su corazón.

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Así nos ama Dios

Abril 5, 2009 · Dejar un comentario

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Personajes de la Pasión para meditar

Abril 1, 2009 · 2 comentarios

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Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
Semana Santa – Ciclo B

¿Sabe  usted quién es Don Judas dinero?
Aparentemente es un tipo normal. Un tipo como los demás. Muchos hasta lo tomarían por buena gente. Y es que, de ordinario, los Judas son buena gente. ¡Resulta tan difícil ver lo que acontece en el fondo del corazón humano! Los Judas no suelen llevar la marca en la frente. Al contrario, aparentan ser gente buena. Toda traición suele esconderse detrás de un rostro normal y corriente. Usted no los descubre hasta que desenmascara su corazón. ¿No recuerdas al Judas que le traicionó a Jesús?

¿Sabe usted quién es Don Pedro sin Miedo?
Es un tipo violento. Todo lo soluciona con la fuerza y la violencia. Todo el mundo le tiene miedo. Pero un día pregúntele usted si es discípulo de Jesús.
Y verá que Don Pedro sin Miedo en el fondo es un cobarde. Cuando ve que su vida puede complicarse, no le importa negar a todo el mundo. No conoce a nadie. No ha visto a nadie. No es amigo de nadie. No conoce a Jesús ni los discípulos son compañeros suyos. Es fácil ser fuerte cuando se trata de puños. Lo difícil es tener la fortaleza de confesar su propia fe delante de todo el mundo. ¿No recuerdas al discípulo Pedro que lo negó?

¿Sabe usted quién es  Don Anás el Solemne?
Vaya si lo recuerdas. Es ese tipo de grandes vestidos, amplias mangas, muy apegadito al puesto. Y sobre todo, es un tipo que se cree que su palabra es pura palabra de Dios. ¡Defiende a Dios con uñas y dientes! No permite que nadie se declare hijo de Dios. Pero eso sí, los hombres le importan un comino. Es el defensor de Dios, pero es el que no duda en condenar al hombre.
Primero te pide que en nombre de Dios digas la verdad. Pero si la dices, inmediatamente te condena de blasfemo.
Yo pensé que todos habían desaparecido. Pero qué va…. Cada vez que te encuentres con alguien que habla de Dios, pero luego maltrata y juzga y condena al hombre, no lo dudes. Es Don Anás el Solemne.

¿Sabe usted quién es Don Nadie el aprovechado?
No me diga que nunca lo ha visto. ¿No vio usted aquellos criados, aquellos siervos de los pontífices, siempre maltratados y siempre humillados? Claro, aquellos que abofetearon a Jesús y le escupieron en la cara.
Yo siempre había creído que eso sólo lo hacían los de arriba. Pero estoy convencido que también los de abajo hacen lo mismo. ¡Claro, cuando pueden y cuando encuentran a alguien que es menos que ellos!  No sólo los grandes humillan al de abajo. También los de abajo humillan a los de más abajo. Personalmente me da miedo encontrarme con un Don Pilatos Lavamanos, pero siento pánico de encontrarme con un Don Nadie aprovechado.
Es inútil. Los grandes y los pequeños llevamos siempre ahí dentro, un Don Nadie aprovechado, dispuesto a maltratar, a abusar y sacar del camino a quien consideremos menos que nosotros. ¡Y siempre hay alguien que es menos que uno! Ahí está el pobre Jesús hecho una calamidad humana!  ¿Recuerdas ahora a los criados y a los soldados?

¿Sabe usted quién es Don Pilatos Lavamanos?
Confieso que creía conocerle. Pero debo reconocer que hay tantos que ya no sé quién es el Lavamanos o el otro… Pero le advierto que todos son igualitos. Todos han subido muy arriba. Pero cuando ven tambalearse el piso, entonces lo utilizan todo a su servicio. Don Pilatos Lavamanos lo ve todo desde sus intereses personales.
¿Las leyes? Las que mejor le convienen a él.
¿La verdad? La que menos le complique en sus asuntos.
¿La justicia? La que sea más rentable en el momento.
Le encanta estar bien con los de más arriba. Donde ven algún peligro para sus ansias de poder, les importa poco avasallar los derechos de los demás.
Se pasan la vida preguntando por la verdad. Pero prefieren vivir en la mentira y el engaño. Es que preguntar por la verdad le da a uno cierto prestigio. ¿No recuerdas al Pilatos que condenó a Jesús?

¿Sabe usted quién es Don Herodes el Payaso?
Uno pudiera pensar que es algún tipo raro y extraño. Y no lo crea.  Herodes el Payaso es uno de esos que no tienen ni idea de lo que es la religión. Pero les encanta hacer chistes de todo. Para ellos la religión es una manera de divertirse. Es una manera de no aburrirse. Les encantan los chistes sobre Dios, sobre la Iglesia, los curas, la religión. No conocen nada. Pero eso les da mayor libertad para decir mayores tonterías. ¿No recuerdas al Herodes que vistió con manto de burla a Jesús?

¿Sabe usted quien es Don Simón Cansado?
Claro que todavía hay gente seria. Claro que todavía hay gente que come el pan trabajando con honestidad. No, claro que no. No todos roban. Ni todos viven del cuento. Hay gente seria que lucha día a día por ganarse el pan de sus hijos. No lo pide de regalo.
Y que incluso, cuando regresa a casa, roto de cansancio, sudoroso el por el sol que calienta, todavía le quedan unos hombros cansados para prestarlos en ayuda de quien está más cansado que El.
Todavía quedan corazones que sufren, pero no se encierran y consuelan a los demás.
Todavía quedan vidas que se abren para ayudar a los demás.
Todavía quedan quienes, por fatigados que estén, comparten sus espaldas para ayudar a llevar  la cruz de los otros. ¿No recuerdas a Simón de Cirene?

¿Sabe usted quién es Don Dimas el pandillero?
Sí. Yo sé que lo conoces. Ese que, en vez de hacer algo en la vida, prefiere robarle al que se gana la vida con dignidad.  Claro que le conoces. Le has visto infinidad de veces, y otras muchas cambias de calle para no verle. Sí esos que se juntan para atracar y desnudar y robar al que lleva algo consigo.
Yo lo encontré en la cima del Calvario. El tipo estaba al lado mismo de Jesús. Y como sabía muy bien su oficio, trató de robarle también a Cristo. Se dio cuenta de que había vivido mal, pero no podía morir así. Sabía que el corazón del  Señor es muy fácil de robar. Y consiguió que Jesús le prometiese el Paraíso ese mismo día. ¡Hay ladrones con suerte! ¡No todos terminan en la cárcel! ¡Hay algunos que se arrepienten a tiempo y termina con Jesús en el Paraíso!. ¿No recuerdas al buen ladrón de la cruz?

Oración
Señor: Comenzamos tu gran semana y nuestra gran semana.
Estos son algunos de los personajes que te acompañaron.
Todos llevamos dentro de nosotros muchos rasgos de cada uno de ellos.
No sé cuál será el que mejor me cae a mí personalmente.
Desearía ser Don Simón el cansado, para así poder prestarte mis hombros.
Pero reconozco que también llevo mucho de Don Pilatos lavamanos.
De todos modos como Don Dimas el pandillero, también yo quiero decirte:
“Acuérdate de mí, Señor, ahora que estás en tu Reino”.

Clemente Sobrado C. P.

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