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Bocadillos espirituales para el Adviento y la Navidad: Jueves de la Primera Semana de Adviento

Jueves 1 B Adviento

“será como el hombre prudente que edificó su cada sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos… pero la casa no cayó, porque estaba cimentada sobre roca”. (Mt 7,21-28)

Hace unos dos años comenzaron a levantar un gran hotel al lado de nuestra casa. La verdad es que, si no me equivoco, tardaron más en sacar tierra y buscar los cimientos que en levantar luego el edificio. Dicen que tiene cinco pisos bajo tierra. Hay parking para autos, hay
piscinas temperadas e incluso no sé si habrá casino. Yo, que cada día veía salir camiones y más camiones de tierra, y miraba desde nuestra terraza y veía a los obreros que parecían muñecos allá abajo, me preguntaba si iban a hacer el Hotel bajo tierra. El ingeniero, que era muy simpático, un día me respondió: “Padrecito, lo primero tenemos que aprovechar a lo máximo el terreno, y luego, usted que es sacerdote, ¿no ha leído que hay que construir sobre roca firme?” Era la primera vez que escuchaba a un ingeniero de construcción citarme el Evangelio. Confieso que no le pregunté si era creyente o simple lector del Evangelio. Pero tengo que reconocer que sí lo conocía y lo ponía en práctica.

Jesús no quiere que construyamos nuestra Iglesia y nuestras vidas sobre cascajo o arena movediza.
Jesús no quiere que construyamos nuestra Iglesia y nuestras vidas sobre sentimientos pasajeros sino sobre convencimientos sólidos y sobre la roca de su Evangelio.

A veces pienso que construimos demasiado sobre la arena siempre movediza.
Que construimos la Iglesia, sobre grandes manifestaciones y grandes aplausos, que al día siguiente se apagan.
Que construimos nuestra comunidad cristiana, sobre bautismos sin fe, llevados con frecuencia, más por la fiesta, que por la verdad del sacramento.
Que construimos el matrimonio, más sobre los sentimientos, que sobre el verdadero amor.
Que construimos el matrimonio, más sobre la frágil arena de una boda bonita, que sobre la vivencia profunda del sacramento.
No faltan suegras, muy buenas, de eso no tengo duda, que se atreven a pedirle al sacerdote que sea breve en la homilía, para darle más espacio al Coro y la música. O incluso, aquella que un día me pidió si le permitía cantar “Medias de seda” porque a ella le encantaba esa canción.

Dios no construye sobre arena.
Dios construye siempre sobre roca firme.
Jesús le llamó a Simón, Pedro, es decir roca.
Jesús construye sobre la roca del amor.
Jesús construye sobre la roca de la igualdad.
Jesús construye sobre la roca de la fraternidad.
Jesús construye sobre la roca de la comunidad.
Jesús construye sobre la roca del amor y preferencia por los pobres y débiles.
Jesús construye sobre la roca del compartir solidario con los que tienen hambre.
Jesús construye sobre la roca del servicio a los demás.
Jesús construye sobre la roca de “dar la vida por los otros”.
¿No dicen que el Calvario se llamaba “calavera” porque era una roca que parecía una calavera?
Jesús construye sobre la roca de la cruz enclavada en la calavera.

Dios construye sobre la roca de la Navidad, que es la debilidad y la pobreza de un pesebre de pastores.
Dios construye sobre la roca de la encarnación que es el “rebajarse” y hacerse como uno “cualquiera de nosotros”.
Dios construye sobre el amor al prójimo y no sobre la ley.
Dios construye sobre la ayuda al que sufre y no sobre la santidad del sábado.
La debilidad es la roca de Dios.
¿No se han dado cuenta de cómo, ante los grandes vientos y tempestades, la fragilidad de los mimbres se doblan pero no se rompen, a diferencia de los árboles que se arrancan y quiebran?
Por eso, la roca de Dios es la “encarnación”, que es la mejor manifestación de su amor al mundo.
¿Sobre qué roca construye el mundo?
¿Sobre qué roca construye la Iglesia?
¿Sobre qué roca construimos nosotros?

Pensamientos de amanecer
Acaba de amanecer. Y vuelvo a despertarme.
Y vuelvo a sentir que has puesto en mis manos otro nuevo día.
Todo está en silencio.
Alguno que otro ha sonreído.
Y cada uno nos despertamos con tu regalo en las manos.
Nada más parecido a la muerte que la noche y el sueño.
Nada tan parecido a la vida como el despertarse y sentir que todo amanece en nosotros.
Amanecen nuestros pensamientos.
Amanecen nuestros sentimientos.
Amanecen nuestras alegrías.
Amanecen nuestras tristezas.
Amanecen nuestras dudas y certezas.
Amanecen nuestras debilidades y fortalezas.
Amanece nuestra conciencia.
Amanece nuestro corazón.
Todo parecía muerto
y todo nos hace sentir que sólo dormía.
Acabo de escuchar el canto
del primer pájaro en el jardín,
que me hace sentir que estoy vivo.
Acabo de escuchar en mi corazón
mi primera plegaria a Dios, que me hace sentir que mi fe está viva.
Y el canto del pájaro pone música en mi vida.
Y mi oración pone fe en mi corazón.
Y mi oración primera despierta en mí el gozo y la alegría de vivir.
Oración que es vida. Vida que se hace oración.

Clemente Sobrado C. P.