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Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Viernes de la 5 a. Semana – Ciclo A

“Los judíos de nuevo agarraron piedras para apedrear a Jesús. El les dice: “Muchas obras buenas, por encargo de mi Padre, les he mostrado. ¿Por cuál es ellas me quieren apedrear?”
Los judíos contestaron: “No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por una blasfemia, porque tú, siendo un hombre, te haces Dios”.

(Jn 10,31-42)

Está claro y evidente: el Dios de los judíos no es el Dios de Jesús.
Por tanto:
La religión de Jesús no puede ser la misma que la de los jefes judíos.
La enseñanza de Jesús no puede ser la misma que la de los jefes.
La visión de la vida que tiene Jesús no puede ser la que tienen los jefes.

Jesús pregunta ¿por cuál de sus obras buenas le quieren apedrear?
Pero ellos responden que no es por sus obras, sino por su blasfemia.
Para ellos, Jesús no pasa de ser un hombre como los demás.
Mientras que El se declara Dios.
Jesús y los Jefes caminan por caminos diferentes.
Jesús y los Jefes tienen ideas distintas sobre Dios.
Jesús y los Jefes tienen criterios y mentalidades distintas.
Por eso, sus diálogos no conducen a encuentros personales.
Son diálogos que no unen sino dividen.
Son diálogos que confrontan.

¿No es lo que está sucediendo hoy entre nosotros?
Estamos divididos por la religión.
Estos enfrentados por la religión.
Estamos enemistados por la religión.

Todos hablamos de Dios.
Pero cada uno tiene su propia idea de Dios.
Todos hablamos de Jesús.
Pero cada uno tiene su propia idea de Jesús.
Y así, Dios y Jesús terminan no uniéndonos sino separándonos.
Así, tenemos no una Iglesia, sino infinidad de iglesias.

Incluso llegamos:
A matarnos unos a otros por nuestra manera de ver a Dios.
A destruirnos mutuamente por nuestra manera de ver a Jesús.
Y ahora vivimos una verdadera guerra religiosa.
Quema y destrucción de templos.
Quema y destrucción de personas.
La religión se ha convertido hoy en uno de los motivos de mayor división.
Todos posiblemente con la mejor buena voluntad.
Pero todos utilizando la religión como motivo de separación y división.

Todos con demasiadas piedras en las manos para apedrear a los otros.
Nadie se fija en lo que cada uno hacemos de bueno.
Todos nos fijamos en lo que creemos.
Todos nos fijamos en lo que nos califica religiosamente.

Necesitamos de un diálogo mucho más fraterno.
Necesitamos de un diálogo que escuche al otro.
Necesitamos de un diálogo que busque clarificar nuestras ideas.
Necesitamos de un diálogo que si no logra encontrarnos, que al menos nos ayude a respetarnos.

Estas divisiones son una de las causas que hacen rechazable la religión.
Estas divisiones son una de las causas por las cuales la gente ya no quiere saber de religión.

Para dialogar:
Es preciso hablar el mismo lenguaje.
Es preciso saber escuchar al otro.
Es preciso saber respetar al otro.
Es preciso saber buscar lo que une y no lo que desune.
No podemos dialogar con piedras en las manos.
Y esto en el campo religioso.
Y en el campo político.
Y en el campo familiar.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 26 a. Semana

“Dijo Jesús: “¡Ay de ti, Corazaín, ay de ti Betsaida! Si en Tiro y Sido se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se hubieran convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y Sidón que a vosotras. Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza, y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”. (Lc 10,13-16)

Una lectura para ponernos incómodos.
No todos reciben la Palabra de Dios de la misma manera.
No todos ven sus milagros de la misma manera.
Hay quien los ve sin enterarse.
Hay quien los ve sin hacerles caso.
Hay presencias de Dios de las que ni nos enteramos.
Hay presencias de Dios que nos dejan indiferentes.

Como también hay quienes:
Tienen un corazón abierto y nadie les anuncia.
Tienen un corazón disponible y no tienen posibilidades.
Tienen un corazón atento, pero no tienen que les haga escuchar su Palabra.
Hay quienes están saturados de medios para recibir la gracia y no ven.
Hay quienes están saturados de medios de formación, de reconciliación, de participar en la Eucaristía, y no los valoran.

Por eso, Jesús es bien claro:
No todos seremos juzgados de la misma manera.
No todos podremos presentarnos delante de Dios de la misma manera.
¿Cuántos dones y posibilidades he recibido?
¿Cuántos han recibido los demás?
¿Y cuál ha sido mi respuesta?
Por eso, yo no puedo compararme con nadie, porque cada uno sabe lo que Dios ha sembrado en su corazón.
No será la misma cosecha, la del que no siembra y la del que siembra.
Ni tampoco será la misma cosecha la del que sembró en tierra estéril a la del que sembró en tierra fértil.

En realidad para Jesús se trata de actitudes del corazón.
Se trata de las distintas respuestas.
Se trata de las distintas fidelidades.

Por eso:
Cada uno somos personales delante de Dios.
Cada uno somos nosotros mismos delante de Dios.
Cada uno tenemos nuestro nombre y apellido delante de Dios.
Y nadie puede reemplazarnos.
Nadie puede responder por nosotros.
Nadie puede ser fiel por mí.
Nadie puede ser santo por mí.
Delante de Dios cada uno tendremos que presentar nuestro carné bautismal personal.

Quien no escucha la palabra de los que anuncian el Evangelio no escucha a Jesús.
Y quien no escucha a Jesús tampoco escucha al Padre que lo envió.
Todo el que anuncia la Palabra de Dios lo anuncia en nombre de Jesús.
Todo el que anuncia la Palabra de Jesús la anuncia en nombre de Dios.

A más posibilidades, mayores responsabilidades.
A más posibilidades, mayores exigencias.
¿Conoces las tuyas?
¡Me dan miedo las mías!

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 3 a. Semana – Ciclo C

“Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo le preguntaron: “Maestro, ¿Cuándo has venido aquí?” Jesús les contestó: “Os lo aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, pues a este ha sellado el Padre Dios”. ( Jn 6,22-29)

¿Por qué buscamos a Jesús?
¿Por qué buscamos a Dios?
¿Por qué buscamos a la Iglesia?
¿Por qué buscamos la fe?

La condición humana es de búsqueda.
Y toda búsqueda nace de las necesidades del corazón.
Y toda búsqueda nace de nuestras carencias.
Y toda búsqueda nace de nuestros vacíos.

Por eso no me gustan los hombres satisfechos, que se sienten tranquilos.
Me gustan los hombres insatisfechos que viven en actitud de búsqueda.
No me gustan los hombres que creen saberlo todo, sino que buscan la sabiduría.
No gustan los hombres que creen poseer la verdad, sino los que la buscan.
No me gustan los hombres que creen tenerlo todo, sino los que sienten sus carencias y las buscan.
No me gustan los hombres que se sienten buenos, sino los que tratan de serlo.
No me gustan los hombres que creen que han llegado hasta el final, sino los que camina para llegar.
No me gustan los hombres satisfechos sino los que siempre están en camino.

Pero, no toda búsqueda es la correcta.
Con frecuencia buscamos lo que es incapaz de dar sentido a nuestras vidas.
Con frecuencia buscamos equivocados:
Buscamos evadirnos los problemas en la droga o el alcohol.
Buscamos nuestra felicidad en el placer de los sentidos.
Buscamos nuestra felicidad en el tener o en el poder.

Por eso Jesús, les advierte a aquellos que le buscan:
Que sus motivos son estomacales y ni espirituales.
Que sus motivos son demasiado terrenales y poco eternos.
“Me buscáis, no porque habéis visto los signos, sino porque habéis llenado vuestros estómagos”.

Se puede buscar a Dios sencillamente para que solucione nuestros problemas.
Se puede buscar a Dios sencillamente para que nos consiga un trabajo.
Se puede buscar a Dios sencillamente para que sane de nuestras enfermedades.

Jesús es muy claro:
Me buscáis por el pan que llena vuestros estómagos.
Pero no me buscáis por “por el alimento que perdura para la vida eterna”.
Me buscáis como panadero.
Pero no me buscáis como pan de vida.
Me buscáis por el pan que vosotros mismos sembráis y hacéis.
Pero no me buscáis por el pan que soy yo y quiero darme en eucaristía.

Los motivos por los que buscamos a Dios pueden ser múltiples:
Pero no todos responden a lo que Dios quiere.
Le podemos buscar para que solucione nuestros problemas.
Y no buscarle porque nos ama.
Le podemos buscar porque nos regala una buena cosecha.
Y no buscarle porque nos ha regalado a su Hijo único.
Le podemos buscar porque nos ha regalado con la lotería.
Y no buscarle porque nos ha revelado su corazón.
Podemos buscarle porque algo nos ha salido bien.
Y no buscarle porque nos ha manifestado la dignidad de cada hombre.

Por eso, en este “Año de la fe”, nuestra fe necesita:
Ser mejor conocida.
Ser mejor purificada.
Ser mejor vivida.
Ser mejor celebrada.
Es preciso “ver signos” y no solo necesidades.
Es preciso “ver señales” y no solo nuestros intereses.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Domingo 3 º – Ciclo C

“El sumo sacerdote interrogó a los apóstoles y les dijo: “¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre. Pedro y los Apóstoles replicaron: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. ( Hch 5,27-32.40-41)

Bueno, muchos llamarán a esta actitud: “fanatismo religioso”.
La palabra fanatismo se ha puesto de moda, sobre todo para cuestionar lo religioso.
Y en cambio, la inmensa mayoría vivimos de puro fanatismo.
Los fanáticos del fútbol.
Los fanáticos de del cine.
Los fanáticos de los cantantes.
Los fanáticos del alpinismo.

¿Alguien habla mal de esos fanáticos?
¿Por qué solo el fanatismo tiene que ser malo cuando es religioso?
A parte de que ¿existe hoy, en menos en nuestra Iglesia, ese fanatismo del Evangelio?

Además:
¿Por qué hemos de confundir fanatismo con sentido de responsabilidad?
Los Apóstoles no tenían nada de fanatismo.
Lo que tenían era un gran convenciendo de Jesús.
Lo que tenían era un gran convencimiento del Evangelio.
Lo que tenían era un gran convencimiento de Dios.

¿Le vas a prohibir a una madre abrazar y cargar con su hijito pequeño?
¿Le vas a prohibir a un empleado marcar su tarjeta a la hora?
¿Le vas a prohibir a un trabajador ser responsable de lo que hace?
Hacen lo que tienen que hacer.

Cuando uno está lleno de Dios, Dios lo es todo para él.
Cuando uno está lleno de Jesús, Jesús lo es todo para él.
Cuando uno está lleno del Evangelio, el Evangelio lo es todo para él.
Cuando uno está enamorado, la enamorada lo es todo para él.
Por eso su respuesta: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

En la vida es preciso tener:
Valores claros y definidos.
Convencimientos firmes.

No se puede vivir bailando entre ambas aguas.
No se puede vivir a medio remo.
No se puede amar a medias, porque dejaríamos de amor.
No se puede asumir un compromiso a medias, porque no lo cumpliríamos.

No se puede ser cristiano a medias.
No se puede ser cristiano en la Iglesia y pagano en la calle.
No se puede rezara el Credo en la Iglesia y negarlo en la calle.
Como no se puede amar de verdad, teniendo una sucursal fuera de casa.
Nadie se casa a medias.
Como ninguna mujer está “embarazada a medias”.
Ninguna mujer “da a luz a medias”.
O somos cristianos o no lo somos.
Mejor si dejamos de serlo, si vamos a vivir nuestra fe a medias.
No se puede creer en Dios a medias, según nuestras conveniencias.
No se puede pensar como Dios y pensar a la vez como el mundo.
No se puede creer evangélicamente y luego pensar como piensan los demás.
Si eso es fanatismo, que el Señor nos regale muchos cristianos fanáticos.
Porque de medios cristianos ya hay suficientes.

La vida es o no es.
La vida se vive o no se vive.
Se obedece a Dios o a los intereses personales y humanos.
Me encanta el elogio de alguien cuando se dice de él: “este es un tipo entero”. Quiere decir que no está hecho a pedazos.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Viernes de la 5 a. Semana – Ciclo C

“Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. El les replicó: “Os he hecho ver muchas obras bunas por encargo de mi Padre, ¿por cuál de ellas me apedreáis?” “No te apedreamos por una obra buena, sino por blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces Dios”. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ningún signo pero todo lo que Juan dijo de este era verdad”. Y muchos creyeron allí”. (Jn 10,31-42)

Estos capítulos son una verdadera pelea de los Judíos con Jesús.
Es terrible cuando uno se ciega en sus propias ideas.
El fanatismo de quienes se empeñan quedarse en el pasado, choca irremediablemente contra quien pretende abrir caminos de futuro.
El fanatismo ciega e impide ver la verdad.
Cuando uno se cierra en sus ideas, es inútil mostrarle la verdad.
Cuando uno cierra su mente a los demás, se ciega y es inútil mostrarle la luz.
Cuando uno se cree dueño de la verdad, pierdes el tiempo ofreciéndole la tuya.
Cuando uno no quiere ver, pierdes el tiempo encendiendo la luz.

Jesús no pide que crean en él porque sí.
Sencillamente los pide vean sus obras.
Pide crean a las obras que ha hecho.
Pero para quien está ciego en su fanatismo, tampoco las obras sirven.
El fanatismo suele ser el mayor obstáculo para ver la verdad de los demás.
El fanatismo suele ser el mayor obstáculo para ver la luz que irradian los otros.
Porque el fanatismo solo cree a sus propios pensamientos.
Porque el fanatismo solo cree a sus propias ideas aunque sean descabelladas.
Porque el fanatismo cree ser el único dueño de la verdad.
Porque el fanatismo termina siendo un totalitarismo que trata de imponerse a todos.

Todo fanatismo es peligroso.
Pero el peor fanatismo es el religioso.
Una cosa es fidelidad y otra el fanatismo.
Porque el fanatismo impide ver.
El fanatismo nos encierra sobre nosotros mismos.
El fanatismo cierra las puertas a cualquier luz que venga de fuera.
Y lo peor de todo:
El fanatismo termina por eliminar a los que no creen como tú.
El fanatismo termina por eliminar a los que disienten de ti.
El fanatismo termina por apedrear a los que piensan diferente.
“Fanatismo y verdad hacen un mal matrimonio”.

Jesús fue una de esas víctimas del fanatismo religioso de la ley.
“Agarraron piedras para apedrearle”.
Y todo en nombre de Dios.
Y todo en nombre de la religión.
Y todo en nombre de la fidelidad.
Y todo en nombre de la defensa de la verdad.

Hay fanatismo que se manifiestan demasiado claramente.
Pero hay fanatismos disimulados.
A nadie le gusta que le llamen fanático.
Por eso lo revisten de celo por la verdad y la ortodoxia.
Por eso, Jesús “se marchó al otro lado del Jordán, donde antes había bautizado Juan”.
Desilusionado por los ciegos que se niegan a ver.
Y regresar a donde todo comenzó.
Y muchos que no creyeron a la palabra de Juan, ahora ven que Jesús realiza lo que Juan había predicado.

No echemos piedras al tejado del vecino.
Porque todos llevamos un ciego dentro que tampoco ve.
Porque todos llevamos un ciego que solo se ve a sí mismo.
Porque todos llevamos un ciego que solo ve el ayer pero incapaz de ver el mañana.
Porque todos llevamos un ciego que cree en nadie.
Porque todos llevamos un ciego que sólo se mira a sí mismo.

Señor: que cierre mi corazón a los demás.
Que no cierre mi corazón a la verdad que me viene de los demás.
Que no cierre mi corazón a luz que me viene detrás de las montañas.
Que abra mi corazón a lo que tú haces cada día.
Que abra mi corazón a mis hermanos, aunque piensen distinto a mí.
Que abra mi corazón a lo bueno que hay en los otros.
Y que abra mi mente a la verdad venga de donde venga y por los caminos que venga.

Clemente Sobrado C. P.

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Miércoles de la Quinta Semana – Ciclo B

“Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le replicaron: “Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “ Seréis libres?” (Jn 8,31-42)

Todos queremos ser libres.
Uno de los mayores avances en la psicología y filosofía modernas ha sido, sin duda, el descubrimiento de la libertad humana.
La libertad se ha convertido en todos nosotros en una especie de obsesión.
Hasta pudiéramos decir que hemos caído en la esclavitud de la libertad.

Flickr: Sara G. Mendoza

El gran regalo de Dios al hombre es, sin duda alguna, el ser libre.
Y la gran misión de Jesús es hacernos libres.
Escuchar su palabra nos hace libres.
El cumplir su palabra nos da el conocimiento de la libertad.
Los títulos no nos hacen libres.
La herencia de pertenecer al linaje de Abrahán no nos hace libres.
Solo la palabra de Jesús es capaz de hacernos libres.
Solo la fidelidad a la palabra de Jesús nos hace libres.

Los judíos sea creían libres por obedecer a la ley.
Se creían libres por descender de Abrahán.

Muchos de nosotros nos creemos libres porque hablamos mucho de libertad.
Muchos de nosotros nos creemos libres por hacer lo que nos viene en ganas.
Muchos de nosotros nos creemos libres porque nadie nos manda.
Muchos de nosotros nos creemos libres porque no hacemos caso a nadie.
La libertad es algo que tiene que nacer desde dentro.
La libertad es algo más que ser independientes de los otros.
La libertad es mucho más que decir “no” a lo que está mandado.
La libertad es una actitud interna que nos libera de nuestras propias dependencias.
La libertad no depende tanto de nuestras relaciones con los otros cuanto de nuestra relación con nosotros mismos.

Es posible que a nosotros nos suceda lo mismo que a los judíos.
No necesitaban la libertad que les ofrecía Jesús.
No necesitaban la libertad que provenía de su palabra.
No necesitaban la libertad que brotaba de ser discípulos de Jesús.

Ellos no se sentían esclavos.
Como tampoco nosotros nos sentimos esclavos.
Su libertad era fruto de pertenecer al linaje de Abrahán.
“Y sin embargo tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios”.
Nosotros nos sentimos libres por no depender de nadie.
Para Jesús, quien vive en pecado es esclavo del pecado.
Igual que ellos, nosotros queremos ser libres:
Sin Dios.
Al margen de Dios.
Tampoco nosotros entendemos la libertad en dependencia de Dios.

Una de las razones de “la muerte de Dios”, en la filosofía moderna y contemporánea, ha sido y sigue siendo Dios el problema de la libertad. Es preciso eliminar de nuestras vidas a Dios, porque solo así seremos libres y nuestra conducta no dependerá de nadie, sino de nuestros caprichos y nuestros intereses.

Para Jesús, los judíos se creían libres y eran esclavos y rechazaban la libertad que él les ofrecía. La libertad en la verdad.
¿Seremos nosotros hoy más libres que ellos?
Es fácil confundir libertad con engaño.
Es fácil confundir libertad con mentira.
Es fácil confundir libertad con pecado.
Sólo seremos libres en la verdad.
Y sólo viviremos en la verdad, viviendo su palabra.
Hay libertades que son esclavitudes.
La verdadera libertad está en el corazón que vive en la verdad.
La verdadera libertad está en ser “hijos”, no de Abrahán, sino en ser “hijos de Dios”.
Jesús es el hombre libre por excelencia. Y es el que “salió de Dios” y “no ha venido por su cuenta sino que él me envió”. Es la libertad en la dependencia de Dios.
Hay independencias que son esclavitudes.
Y hay dependencias que son libertades.
¿Somos realmente libres? ¿Dónde radica nuestra libertad?

Pensamiento: Soy tanto más libre cuanto más abierto vivo hacia Dios.

Clemente Sobrado C. P.

El dolor une lo que la religion divide

Domingo 28 c del ordinario

La curación de los diez leprosos resulta sorprendente. Samaritanos y judíos no podía verse.
La Samaritana se extraña de que “un judío hable con ella siendo samaritana”. A Jesús le niegan posada porque “va camino de Jerusalén”.

¿Por qué será que la religión en vez de unir termina desuniendo?
¿Por qué los que no tienen mí fe, han de resultarme extraños y hasta enemigos?

¿Por qué los que no son de mi Iglesia, tienen que ser una especia de competidores y extraños?
Los grandes líos entre Pablo y Pedro, comer o no comer con los paganos.

Y eso sucedía en tiempos de Jesús.
Y sigue siendo una realidad también hoy.
En una de mis visitas a Jerusalén, se me ocurrió abrir la Biblia en la explanada del templo.
Pudo costarme caro. Inmediatamente me vino uno gritando, que no sé lo que me decía porque hablaba en árabe. Debí guardarla de inmediato en mi bolso de mano.
Europa se debate sobre la supresión de los signos religiosos en los Centros Educativos y lugares públicos, “por respeto, dicen, a las distintas creencias”. Los signos religiosos, como el Crucifijo, es una ofensa para los demás.

¿No estaremos deshumanizando la religión y la fe?
De tanto pensar en Dios y defender los derechos de Dios, ¿no nos estaremos olvidando de los hombres, su dignidad y su libertad?
Una religión que no respeta las distintas manifestaciones ¿será un verdadero signo de Dios?

Y sin ir más lejos, ¿no estamos constantemente acusándonos, aún dentro de la Iglesia, como si cada uno, cada grupo tuviese un Dios en pelea consigo mismo y con el Dios de las demás?
Que si Jesuitas u Opus Dei, dicen unos.
Que si tradicionalistas o de avanzada, dicen otros.
Que si el único auténtico camino de fe y vida cristiana es el nuestro, el de nuestro Movimiento.
¿No estaremos convirtiendo la Iglesia en una especie de aglomerado de Partidos Políticos, donde los unos les sacan la mugre a los otros, sobre todo en el Parlamento o a la hora de las Elecciones?

Felizmente yo diría que, más allá de lo religioso, de la Ley y de nuestros “diositos” está en dolor que es capaz de unirnos, compartiendo la misma realidad y el mismo sufrimiento. Junto a nueve judíos estaba “un samaritano”. Incluso los diez se ponen en camino y son curados de su lepra los diez.

Parecen ser un grupo unido mientras comparten su lepra y su aislamiento y su marginación.
Sin embargo, una vez limpios de la lepra, y regresan a su religión, de nuevo vuelven a separarse. Los nueve siguen su camino al encuentro de los sacerdotes para reintegrarse a la comunidad de la Ley. Y el samaritano regresa en solitario a Jesús a dar gracias y alabar a Dios.
El samaritano no tiene sacerdotes que lo reciban.

El samaritano no tiene templo que lo acoja.
El samaritano no tiene comunidad que le abra los brazos.
Regresa al que está por encima de la religión.
Regresa al que está por encima de la Ley y del Templo.

No basta el milagro de su curación para descubrir la novedad de Jesús.
No basta el milagro de su curación para abandonar la antigua Ley que los marginaba.
No basta el milagro de su curación para incorporarse al Dios de Jesús.

Es posible que muchas veces el apego a la “tradición”, a lo de siempre, sea el mayor obstáculo para una religión renovada.
Es posible que muchas veces el apego a lo “de siempre”, sea el mayor estorbo para abrirnos a lo nuevo, a la actualidad y contemporaneidad de Dios.
Es posible que las leyes, las estructuras de los hombres, la fidelidad a las leyes sean como un muro que impide ofrecer un nuevo rostro de Dios a los hombres de hoy.

Y es posible que también los “samaritanos” de hoy, aquellos que no piensan como los “buenos”, estén más abiertos y disponibles para “regresar”, no a la tradición sino a Jesús mismo, reconociendo en El, el verdadero Evangelio de Dios. “¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?” Y le dijo: “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.

Clemente Sobrado C. P.

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La dictadura de la intransigencia

Domingo 26 b del ordinario

La intransigencia es la dictadura de quienes creen que sólo ellos tienen la verdad. Sólo ellos tienen derecho a hablar y anunciar el Evangelio. Sólo ellos tienen derecho a actuar en nombre de Jesús.
Sólo ellos tienen la exclusiva de la voluntad de Dios.
Hay muchos tipos y estilos de intransigencia:

Los hay de tipo político. Los hay de tipo familiar. Los hay de tipo religioso.
Se dan entre partidos políticos. Se dan entre esposos, padres e hijos.
Se dan también a nivel religioso, tanto entre las distintas religiones, como dentro de cada religión.

propiedadLa intransigencia hace imposible la convivencia de las personas. Porque todo el que no piensa como yo queda excluido del círculo de mis relaciones.
El uno porque es derechas. El otro porque es de izquierdas.
El de más allá porque es centro derecha. El de más acá porque es de centro izquierda.
Y como yo no soy ni de derechas ni de izquierdas ni de centro alguno, todo aquel que no piense que como yo lo margino y lo excluyo.

Los discípulos sufrían también de esa terrible enfermedad de la intransigencia. Mejor dicho, sufrían de la peor intransigencia que es la religiosa. “Hemos visto ahí a uno que también hace milagros en tu nombre y se lo hemos prohibido”.
Sólo nosotros podemos actuar en nombre tuyo, no los demás.
Sólo nosotros podemos hacer milagros en tu nombre, no el resto.
Sólo nosotros tenemos la exclusiva de representarte, no los demás.

Si es mala la cualquier intransigencia, la peor de todas es la intransigencia religiosa que se quiere arrogar la exclusividad de lo que piensa Dios, de lo que Dios quiere y de lo que Dios dice. Y se hacen dueños de la acción del Espíritu Santo en el corazón de los fieles. La intransigencia es la manera de encadenar a nuestras ideas los planes de Dios y la verdad del Evangelio. Somos capaces de hacernos dueños de la verdad de Dios, incluso contra Dios. Ni siquiera Dios se salva de nuestra intransigencia. Los que crucificaron a Jesús lo hicieron en nombre de Dios, de la verdad de Dios.

Es tremendo cuando alguien se cree dueño de la verdad de Dios y excluye a los demás, y se les impide pensar, como si Dios sólo le hablase a él y no a los demás. Y se olvidan de que Dios no cabe en una sola cabeza, por muy buena y santa que sea. Dios habla a todos y se comunica con todos, y se revela en todos. Y somos, todos unidos, los que debemos de buscar la voluntad de Dios hoy. Y ese es el verdadero sentido de la obediencia a Dios también en la Iglesia.

Jesús niega y rechaza la intransigencia de los discípulos. “No se lo impidáis, porque quien hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está en contra de nosotros está a favor nuestro”. Y que Pablo traducirá: “No apaguéis el Espíritu”.

Jesús, que es la verdad de Dios, sin embargo no es esclavo del pensamiento único. Jesús prefiere el pluralismo. La verdad no tiene un solo camino. La verdad viaja por todos los caminos y nadie tiene toda la verdad y todos tenemos parte de la verdad.

La intransigencia lleva consigo a la violencia, a la exclusión, al pensamiento único, el mío o el nuestro. Porque hay la intransigencia personal y hay la intransigencia del grupo que no acepta sino una sola idea, un solo camino y una sola solución. Y se niega a todo diálogo de búsqueda de la verdad.

Esta intransigencia también se da en la Iglesia: Un solo pensamiento. Una sola teología. Un solo modo de ser y actuar.
Que si tal Movimiento es ultraderechista. Hay que prescindir de él en la Parroquia.
Que si tal otro Movimiento de ultraizquierda. Hay que marginarlo como peligroso.
Que si tal otro Movimiento es de avanzada. Hay que prescindir de él.
Que si tal otro Movimiento es liberacionista. Resulta peligroso.
Lo mejor es que todos sean de la misma línea, piensen lo mismo, mejor dicho, no piensen, sino que acepten el pensamiento de uno solo. Así se evitan los conflictos internos y las luchas internas, las crisis, olvidando que con ello, fácilmente todos ponemos una cara de sí, pero interiormente todos somos “no”. Falsa comunión en la mentira, en el miedo y en el engaño.

Y esto, así como empobrece los movimientos políticos y sociales y culturales, también empobrece a la Iglesia, a las parroquias, a las Diócesis, a las comunidades. Nadie tiene la exclusiva de Dios. Todos somos buscadores de la voluntad, de la verdad y de los planes de Dios. El lema debiera ser para todos: “No se lo impidáis”.
Dejad que todos piensen. Dejad que todos busquen nuevos caminos. Dejad que todos sugieran nuevas experiencias. Dejad que los demás sean distintos. Dejad que todos aporten su granito de verdad hasta que todos unidos lleguemos a la verdad plena.

Oración
Señor: También yo siento con frecuencia la tentación de los tuyos.
Porque también yo creo tener la verdad.
Y me cuesta creer y aceptar la verdad de los demás.
Porque también yo quisiera evitarme problemas
porque otros piensan diferente a mí.
Por eso te pido, una mente amplia como la tuya.
Que no impida a nadie pensar con su propia cabeza.
Que no impida a nadie decir su propia verdad.
Puede que no la acepte, pero que sea capaz de respetarla.

Clemente Sobrado C. P.

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