La manía de la limpieza

Domingo 17 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Hoy que el Evangelio nos habla del trigo y la zizaña me viene a la mente el “Diario de un Cura Rural” de G. Bernanos. La primera vez que lo leí, confieso que  golpeó duro mi espíritu. No digo que me escandalizó. Pero reconozco que para aquel entonces, era fuerte. No estábamos todavía acostumbrados a ciertas frases, ni a ciertos cuestionamientos.

Preparando mi meditación personal y mi homilía sobre el texto del Evangelio, volví a leerlo. Y volví a encontrarme con la buena sirvienta de la parroquia que era una obsesiva de la limpieza. De ella confiesa Bernanos: “No había manera de convencer a la pobre hermana. De haberla escuchado, hubiera echado a todo el mundo de la Iglesia para que el buen Dios estuviera en un lugar limpio”.

Cuando la religión prescinde del hombre pasan estas cosas. Queremos ofrecerle a Dios una Iglesia tan limpia, que, si de nosotros dependiese, echaríamos a todos los hombres fuera, para que Dios no se manchase.

Una religión que sólo piensa en Dios pero se olvida de los hombres.
Lo importante es mantener unas buenas relaciones con Dios, por más que luego, vivamos en guerra con los hombres.
Lo importante es amar a Dios, aunque luego odiemos al hombre.
Lo importante es que Dios se sienta a gusto, aunque los hombres se encuentren a disgusto.

Es posible que muchos, aún sin decirlo, tengamos mucho de la buena hermana sirvienta de la parroquia. Que también nosotros queremos “arrancar la cizaña para que se quede solo el trigo”. Y nos estemos olvidando de que Jesús nos revela un Dios que no encaja precisamente en el Dios de la hermana. Porque el Dios que nos manifestó Jesús es bien distinto:

No le importa nacer en la suciedad de un establo, con tal de estar cerca de los hombres.
No le importa comer con los pecadores de Israel, con tal de que sientan y experimenten que también ellos son llamados al Reino de Dios.
No le importa tocar con sus manos la cabeza del leproso, con tal de que el leproso se sienta limpio y pueda volver a su comunidad humana, aunque Jesús quede legalmente  impuro y no pueda andar por los poblados.

Y no le importó que la cizaña creciese abraza al trigo. Porque arrancando la cizaña es posible que arrancásemos también mucho trigo.

No. La religión de Jesús es diferente.
Importa Dios. Pero importa también el hombre.
Importa la amistad con Dios. Pero importa también la amistad con el hombre.
Importa hacerle sentir bien a Dios. Pero haciéndole sentirse bien al hombre.

Defendemos los derechos de Dios, defendiendo los derechos de los hombres.
Defendemos a Dios, pero defendiendo también a los hombres.
Amamos a Dios, pero amando también a los hombres.
Es más: sabremos que amamos a Dios, si realmente amamos a los hermanos.
Sabremos que estamos con Dios, si también nos sentimos a gusto con los hermanos.

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Una respuesta a “La manía de la limpieza

  1. muy pocos, somos lo suficientemente valientes, para poder convivir con la cizaña, y por temor queremos apartarla, lo hermoso seria saber comprenderla y cambiarla a que dé fruto. gracias por hacer pensar de otra manera

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