Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Domingo 3 º – Ciclo B

“Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas; y a los cambistas sentados, y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo… no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Destruid este templo y yo lo reconstruiré en tres días. (Jn 2, 13-25)

Jesús ha puesto fin a la religión de la Ley, reemplazándola con la religión del corazón y del amor.
Ya no será la religión del cumplimiento de unos deberes y obligaciones.
Será la religión del cambio del corazón.
Será la religión del amor a Dios.
Será la religión del amor a los hermanos.
Será la religión de las bodas, del buen vino, de la alegría y la fiesta,

Jesús ha puesto fin al templo para reemplazarlo por el nuevo templo que será el mismo y será cada uno de nosotros abiertos a la acción salvífica y pascual de Dios.

El templo era lo más sagrado:
Porque era el lugar de la presencia de Dios.
Porque era el lugar del encuentro del hombre con Dios.
Porque era el lugar del diálogo del hombre con Dios “lugar de oración”.

Con Jesús, el templo ya no será de materiales nobles, sino que será en primer lugar su propio corazón:
El verdadero lugar para encontrarnos con Dios será Jesús mismo resucitado.
El verdadero lugar para encontrarnos con Dios seremos cada uno de nosotros alojando a Dios en nuestro corazón.

Ya no será el lugar donde encerramos a Dios y lo sacamos de la circulación.
El verdadero templo será un espacio abierto, donde Dios habitará no secuestrado, sino libre y por la calle compartiendo la realidad de la vida de cada hombre y mujer.
Ya no será necesario ir al templo cada Pascua para encontrarnos con El. Ahora, será suficiente entrar en el corazón del Resucitado y en el corazón de cada creyente.

El templo dejará de ser un lugar de negocio.
El templo dejará de ser un lugar de mercadeo.
El templo dejará de ser un espacio donde todo se vende y todo se compra.
El templo dejará de ser un lugar de lucro, sin bueyes, ni ovejas, ni palomas ni mesas de cambio.
El templo dejará de ser un lugar donde se compran títulos y dignidades.
El templo:
Será un espacio vivo.
Será el corazón humano.
Será ese espacio donde Dios mora y habita.
Será ese espacio dondequiera que viva el hombre y la mujer.

El nuevo templo:
Será la calle por donde caminamos cada día.
Será el hogar y la familia donde vivimos cada día.
Será el lugar de trabajo donde cada día ganamos el pan de nuestros hijos.
Será el lugar donde nos divertimos y disfrutamos de las alegrías de la vida.

Dios quiere templos vivos.
Dios quiere templos donde se ame y no donde se haga negocio.
Dios quiere templos que lo hagan cercano a los hombres.
Dios quiere templos, no a donde los hombres tengan que ir par encontrarse con El, sino donde El pueda encontrarse con los hombres.
No es el hombre el que tiene que ir en peregrinación a encontrarse con Dios.
Es Dios el que sale a encontrarse con el hombre.
No es sagrado el templo hecho de manos humanas.
Sagrado es cada hombre que se nos cruza en la calle, en el merado o en el trabajo.

Por eso mismo, nuestros corazones no pueden ser supermercados de todo.
Sino espacios, pedazos de cielo, donde Dios quiere morar y habitar.
Dios sale del templo para vivir en los infinitos templos humanos.
Dios no está lejos. La distancia entre tú y Dios es la que media entre tú y tu corazón.

Clemente Sobrado C.P.

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