Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Jueves de la 3 a. Semana – Ciclo B

“Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa… Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belcebú; y si yo echo los demonios con el poder de Belcebú, vuestros hijos ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces”. (Lc 11, 14-23)

La división no es principio de vida, sino de muerte.
Y la división puede provenir tanto por parte de los padres como de los hijos.
Toda división deja de ser principio de vida y se convierte en principio de muerte.
Y sobre todo, se trata de la división que proviene de no aceptar la novedad.
De creer que todo lo viejo es lo único válido.
De creer que todo lo nuevo es malo, proviene del diablo.
De creer que todo lo pasado es de Dios.
De creer que todo lo nuevo proviene del maligno.

Jesús echa los demonios de los poseídos:
Pero ¡cuánto cuesta aceptar que alguien puede liberarnos en nombre de Dios de los malos espíritus!
Jesús nos libera de esos malos espíritus que nos impiden abrirnos a la acción de Dios hoy, como si Dios sólo actuase en el pasado.
Y, frente a esa novedad de la libertad de Dios, le acusan y condenan de actuar en nombre del mal.
Como si, el hacernos libres hoy, fuese malo.
Y el quedarnos víctimas del pasado fuese bueno y fruto de la voluntad de Dios.

Lo nuevo no puede ser principio de división.
Jesús no está dividido ni dividiendo.
Jesús es capaz de liberarnos de los malos espíritus.
Pero lo hace en nombre de Dios.
Jesús ni está dividido ni divide.
Dios no es división ni divide.

Y Jesús da una razón clara y evidente:
¿En nombre de quien actuaron los que nos precedieron?
Porque todo proceso de crecimiento de la historia tiene que ser un proceso de liberación.
También los que nos precedieron e hicieron la tradición del pasado, en algún momento, tuvieron que dar un paso adelante.
¿Quiere esto decir que los cambios que se hicieron en el pasado eran obra de Dios y los cambios que se están dando hoy son obra del maligno y de lo malo?
El mismo que guió la historia del pasado, es el mismo Dios que guía la historia del hoy.

La Iglesia tiene que vivir abierta al ayer.
Pero tiene que vivir también abierta al hoy.
No se trata de dividir la Iglesia entre el ayer y el hoy y el mañana.
Eso sería llevar a la Iglesia a la ruina, porque toda división es fuente de destrucción y de muerte.
Si los que tratan de abrir a la Iglesia del hoy y del mañana actúan en nombre del Maligno, ¿en nombre de quién actuaron vuestros hijos que también la sacaron del pasado y la hicieron llegar hasta hoy?

La peor división, tanto en la sociedad como en la Iglesia, es:
Acusar a unos de buenos.
A otros de malos.
A unos de buen espíritu.
A otros de mal espíritu.

Dios no divide.
Dios une e integra.
Dios no se separa por dentro.
Dios une interiormente.
Dios une con los que fueron fieles en el pasado.
Dios une con los que son fieles en el presente.
Todos estamos movidos por el mismo Espíritu de fidelidad.
No dividamos “lo que Dios ha unido”.
“Que todos sean uno, como tú y yo somos uno”.

Clemente Sobrado C. P.

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