Camino hacia la Pascua: Sábado Santo

11. “En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo”. (Jn 19, 41)

– Había un huerto. Un jardín. Huerto y jardín nos hablan de creación y nos hablan de semillas, de flores y de vida. Es la lectura que hace Juan del Calvario. El Calvario es el nuevo huerto de la nueva creación. Del hombre nuevo que nace de la muerte de Jesús. El Calvario es el huerto donde se siembran las nuevas semillas que serán las flores y los frutos nuevos de la Pascua.

En la muerte de Jesús el hombre descubre su verdadera realidad, su verdadera estatura y trascendencia. En la muerte de Jesús Dios va a completar la obra incompleta de la Creación.

En el Calvario, en la muerte de Jesús, hasta el sepulcro es nuevo.
No estrenado por nadie. Porque es a partir de su muerte que también los sepulcros serán todos nuevos. Porque en cada uno de ellos dejará de escribir su nombre la muerte para escribir el nombre de la vida.
No sé por qué el hombre sigue escribiendo en las losas de los sepulcros las famosos letras del «aquí descansa», cuando en realidad debiera escribir «aquí resucitó… aquí no está».

– Jesús estrena un sepulcro nuevo donde la muerte no tiene nada que hacer.
Un sepulcro que no ha experimentado la muerte y que por primera vez va a experimentar la vida.
Un sepulcro que no se estrena con la muerte sino que se estrena con la vida.
En él, la vida fue más que la muerte. En él, la muerte quedó vencida por la vida.

– Por eso Jesús no tiene un sepulcro propio.
Es un sepulcro prestado. Desde entonces, todos los sepulcros están prestados a Jesús para que en ellos venza a la muerte y anuncie la vida.
Todos los sepulcros son suyos, porque en todos, Él se revela: como el Señor de la vida.

– Allí donde termina Jesús, comienza el hombre.
– Allí donde Él muere, el hombre se abre a la vida.
– Allí donde todo parece hablar de muerte, Dios se hace semilla de vida.

Actitud para hoy:
– ¿No hay demasiada desesperación en nuestras muertes?
– ¿No hay demasiada tragedia en nuestros entierros?
– La fe es la capacidad de ver lo que hay por detrás. Lo que hay detrás de las cosas, las personas, y la muerte.

12. “Mirarán al que traspasaron”. (Jn 19,37)

– Cómo cambian las cosas. Hasta hace unas horas, la Cruz era signo de maldición.
Y el que colgaba del madero era un maldito.
Pero, desde que Jesús subió a la Cruz, ni la Cruz es una maldición, ni el crucificado un maldito.
Cruz y Crucificado se hacen bendición.
Porque se hacen vida y se hacen revelación de Dios.

– Ya lo había dicho Jesús. “Cuando sea levantado en alto atraeré a todos hacia mí”. Y el profeta lo había anticipado: “Mirarán al que traspasaron».
Lo que era signo de ignominia ahora se hace signo y palabra de revelación.
Desde ahora la Cruz será un lugar de cita de Dios con el hombre y del hombre con Dios.
Y cuando Dios y el hombre se encuentran y se dan la mano en la Cruz de Jesús, Dios se revela en sus intimidades al hombre y el hombre descubre la verdad de Dios.

– Ahora, cuando el hombre quiera saber algo de Dios, le bastará mirar a la Cruz. Y en ella podrá leer el amor hasta el extremo que Dios le tiene. Y Dios se revelará como amor y como vida. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio hijo, para que todo el que crea en él tenga vida eterna”.

El misterio de la Cruz nos clarifica toda la vida de Jesús que se hace inteligible al hombre.
Lo que antes era incomprensible ahora se hace claridad. Y a la vez, la Cruz clarifica la verdad de Dios para con el hombre.
La historia entera apunta hacia la Cruz.
En la Cruz la historia de salvación llega a la plenitud de su verdad.
Y en la Cruz da comienzo una nueva historia para los hombres.

Creer, es para el cristiano mirar a la Cruz.
Creer, es para el cristiano descubrir el amor.
Creer, es para el cristiano encontrarse con la vida.
Cristiano es aquel que mira a la Cruz y en ella se reconoce como amado de Dios. Cristiano es aquel que mirando a la Cruz, aprende a leer de una manera diferente su propia vida y su propia historia.
Mirar a la Cruz, es sentirse bendito en quién pasó por la experiencia de la maldición.

Actitud para hoy:
– ¿Cuánto tiempo hace que no miro fijamente y en silencio a la Cruz? Sería bueno que hoy me dé un tiempo para quedarme mirándola despacio, serena y tranquilamente a la escucha de su palabra.
– La Cruz que llevo colgada de mi pecho será para mí un signo de bendición, porque debo verla como signo de mi salvación.

Clemente Sobrado C. P.

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