Bocadillos espirituales para la Pascua: Martes de la 2da Semana – Ciclo B

“Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de los que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo?” (Jn 33, 5.7-15)

Quien dice lo que no piensa, habla en el vacío.
Quien piensa lo que dice, habla con seriedad.
Quien dice lo que no sabe, habla por hablar.
Quien habla de lo que sabe, habla con credibilidad.

Nicodemo no está muy de acuerdo con Jesús. Y no lo está porque no lo entiende.
Hay quienes creen que solo ellos tienen la verdad.
Hay quienes no son capaces de mirar más allá de su sombra.
Hay quienes no son capaces de entender lo que pasa de sus simples razonamientos.

Nicodemo entiende de Ley. Pero no entiende de las cosas del Espíritu.
Entiende lo que es nacer del vientre de una mujer.
No entiende lo que es nacer del Espíritu.
Entiende lo que es nacer desde fuera. No entiende todavía lo que es nacer desde dentro.

Jesús le ofrece unos criterios:
De qué cosas hemos de hablar. “De lo que sabemos”.
De qué hemos de dar testimonio: “De lo que hemos visto”.

De Dios sólo podremos hablar aquello que “sabemos de El”.
Y la verdad es que, de Dios sólo sabemos lo que “el mismo nos ha dicho de sí mismo”.
Lo de más son ideas nuestras.
Lo demás son pensamientos nuestros.
Lo demás son invenciones nuestras.

Para hablar de Dios primero es preciso “escuchar a Dios”.
Quien no ha escuchado a Dios está hablando de memoria sobre Dios.
Por eso, decimos tantas tonterías sobre El.
Por eso, deformamos tanto el rostro de Dios.
Por eso, el Dios de que nosotros hablamos es cualquier cosa menos Dios el Dios de Jesús.

Jesús habla de lo que sabe de Dios, porque El le ha visto.
Jesús nos ofrece el rostro de Dios que él mismo ha contemplado en Dios.
Jesús es el único que tiene autoridad para hablar de Dios.
Los demás sólo podremos hablar aquello que hemos visto y experimentado de Dios.

Todos hablamos mucho de Dios.
La Iglesia habla mucho de Dios.
Los sacerdotes hablamos mucho de Dios.
Los consagrados hablamos mucho de Dios.
La pregunta suele ser: ¿Y de qué Dios hablamos?
¿Del que hemos visto?
¿Del que hemos experimentado?
¿De que vivimos en nuestro corazón?
¿Hablamos del Dios a quien hemos escuchado en su Palabra y visto en nuestra oración?
¿O hablamos del Dios que hemos leído en los libros o nos han dicho otros?

Dios necesita más orantes y menos estudiosos.
Dios necesita estudiosos que oren.
Dios necesita orantes que estudien.
Los teólogos debieran hacer teología de rodillas.
Porque Dios no es una idea abstracta sino una realidad viva, una persona viva.
Y la vida solo podremos comprenderla cuando la vivimos.

Testigo es el que vio.
Testigo de Dios solo podrá ser aquel que vio a Dios.
Solo podremos dar testimonio de Dios, luego de encontrarnos con él en el silencio de la oración que es donde Dios se deja ver y sentir.
Antes de hablar de Dios, encuéntrate con él. Antes de anunciar a Dios, es preciso verlo primero.

Clemente Sobrado C. P.

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