Bocadillos espirituales para la Pascua: Viernes de la 2da Semana – Ciclo B

“Jesús se marchó a la otra parte del Lago de Galilea. Lo seguía mucha gente porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Estaba cerca la Pascua de los judíos, entonces levantó los ojos, y al ver que acudía tanta gente, dice a Felipe: “¿Con qué compraremos panes para que coma estos?” Felipe contestó: “Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo”. (Jn 6,1-15)

¿Qué tiene Jesús para que la gente sencilla le siga por todas partes?
Diera la impresión de que la gente no tiene nada que hacer.
O ¿no será que ven en él algo más importante que los quehaceres de cada día?
Al ver estas gentes que lo siguen por todas partes y no puede desprenderse de ellas, me viene a la mente aquella pregunta que leí hace poco no sé donde: ¿Cuáles son las tres primeras palabras del Diccionario de nuestra vida?
La respuesta fue clara: “Yo”, “Tú” y “El”.
Ahí está nuestro problema. Hemos invertido los sujetos: “El”, “Tú” y “Yo”.
El centro de nuestra vida no soy yo, ni tú sino El, Dios, Jesús.
Estas gentes lo habían entendido muy bien.
Por fin había aparecido alguien capaz de dar sentido a sus vidas y capaz de dar respuesta a sus problemas.

Esta pregunta nos la tendríamos que hacer hoy también nosotros.
¿Cuál es el orden que rige nuestras vidas?
Posiblemente todos comencemos por el “yo”.
En segundo lugar pongamos al “tú”.
Y coletilla y apéndice, “él”.
Todavía Jesús y Dios no han logrado se lo central de nuestras vidas sino un apéndice necesario.
Pablo lo entendió mejor: “Ya no soy yo sino que es Cristo en mí”.

¿Qué es lo que atraía a la gente en la persona de Jesús?
Algo muy sencilo:
“los signos que hacía”.
“los enfermos que curaba”.
“lo que hacía por los demás”.
“la preocupación por los demás”.
“la ternura y compasión que sentía por ellos”.

Sentía que alguien se interesaba por ellos.
Que alguien se identificaba con sus problemas.
Que alguien se interesaba por sus problemas.
Que alguien los tomaba en serio cuando nadie se preocupaba e incluso los marginaba.

La gente nos valora en la medida en que se siente aceptada por nosotros, querida por nosotros, amada y valorada por nosotros.
También hoy la gente nos mira por la manera con que la miramos.
Nos busca en la medida en que encuentra acogida en nosotros.

Tal vez tendríamos que replantearnos todos nuestra pastoral.
Una pastoral que es anuncio de la Palabra.
Pero acompañada de los signos que nosotros ponemos como acompañantes de nuestra predicación.
¿Cuál es nuestra sensibilidad para todos esos que se acercan a nosotros pidiéndonos algo?
Unos nos pedirán dinero.
Otros nos pedirán de comer.
Otros nos pedirán nuestros tiempo para escucharles.

Cuando alguien nos pide para unas medicinas, no nos está pidiendo les expliquemos cómo actúan y cuán eficaces son, sino lo que quiere son las medicinas.
Al médico le corresponde hablar de la eficacia de las mismas.
Pero a nosotros nos toca dárselas.
No es cuestión de explicarles el problema del hambre en el mundo.
No es cuestión de decirles cuántos millones sufren hambre en el mundo.
Eso no llena los estómagos y no satisface la suya.
Por eso, lo que nos piden no son explicaciones, sino pan para comer.
Jesús no daba explicaciones:
Jesús sanaba a los enfermos.
Jesús daba de comer.

Clemente Sobrado C. P.

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