Bocadillos espirituales para la Pascua: Lunes de la 3ra Semana – Ciclo B

“Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la orilla del Lago, la preguntaron:”Maestro, ¿cuándo has venido aquí? Jesús les contestó: “Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto los signos, sino porque comisteis hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios”. (Jn 6,22-29)

Un Evangelio que tiene valor perenne porque pone en cuestionamiento el por qué de nuestra fe.
La gente se entusiasma con Jesús por el milagro de los panes.
Y por eso, en vez de irse a sus casas, le sigue.
Pero Jesús no es de los que busca grandes manifestaciones.
Y menos cuando se da cuenta de que quieren declarar su jefe y cabeza.
Desaparece de la escena y se va a Cafarnaún.
Pero la gente se le adelanta y le encuentra junto al lado.
Jesús no se emocione ni echa a vuelo las campanas de su fama y éxito.
Por el contrario la cuestiona preguntándoles por los motivos por los que le
siguen.
“Me buscáis, no porque habéis visto los signos, sino porque comisteis hasta saciaros”.

La pregunta es clara:
¿Cuáles son los motivos de nuestra fe?
¿Cuáles son las razones de nuestra fe?
¿Cuáles son las razones por las que rezamos?
¿Cuáles son las razones por las que vamos a misa?
¿Cuáles son las razones por las que somos cristianos?

¿Son razones de credibilidad?
¿Son razones de utilidad?
¿Por qué soy cristiano yo?
¿Qué hemos visto en el cristianismo para hacernos cristianos?
¿Qué hemos visto en la Iglesia para hacernos miembros suyos?
¿Hemos visto los signos de Jesús?
¿Hemos descubierto personalmente a Jesús?
¿Hemos reconocido la verdad de Jesús?

Porque los motivos pueden ser múltiples:
Somos cristianos simplemente porque nos bautizaron de niños.
Pero nunca hemos tenido una experiencia personal de Dios ni de Jesús.
Tampoco hemos tenido una experiencia personal de la verdad de la Iglesia.
Somos cristianos por tradición familiar de abuelos, a padres y a hijos.
Porque todo el mundo lo hace y nos dejamos llevar de la corriente
Seguidores de Jesús pero que no hemos visto sus signos.

Concretando más aún las cosas pudiéramos preguntarnos:

¿Por qué rezamos?
¿Porque queremos hablar amistosamente con Dios?
¿Para asegurar nuestra relación filial con Dios Padre?
¿Por qué nos interesa la ayuda del Señor para solucionar nuestros problemas?

¿Por qué nos casamos por la Iglesia?
¿Por qué tenemos fe en el sacramento del matrimonio?
¿Porque queremos la bendición de Dios para nuestro amor?
¿Porque queremos que nuestro hogar sea realmente signo del amor de Dios?
O simplemente:
Por complacer a nuestros padres.
Por no llamar la atención.
Porque es bonita la celebración.
Para que digan que estamos bien casados.

¿Por qué me hice sacerdote?
¿Porque he sentido la llamada de Dios en mi corazón?
¿Porque he sentido que quiero ser un servidor de la comunidad de la Iglesia?
O simplemente:
Porque crea un status social.
Porque es una manera de vivir.
Porque es una profesión como cualquier otra.

Y pudiéramos seguir con otras muchas preguntas.
Lo importante ¿qué nos dice Jesús a cada uno de nosotros?
¿Qué he visto los signos o porque es una manera de saciar nuestra vida?
Son preguntas que no podemos responder de memoria.
Sino que tienen que cuestionar nuestras vidas.

Clemente Sobrado C. P.

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