Bocadillos espirituales para la Pascua: Lunes de la 4ta Semana – Ciclo B

“A este le abre el guarda, y las ovejas atienden su voz, y él va llamando por el nombre a rodas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. “Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir; y encontrará pastos”. (Jn 10,1-10)

Cuando uno visita la Basílica de San Pedro, una de las cosas que llaman la atención son las enormes puertas de bronce.
Además, está la puerta que solo se abre en la inauguración de los Años Santos, años jubilares.
¿Serán esas las puertas de la Iglesia?

Hay una puerta más grande.
Un puerta con cinco puertas: las cinco llagas del crucificado y resucitado.
Es Jesús: “Yo soy la puerta del aprisco”.
Entramos a la Iglesia por el bautismo, sí.
Pero en la medida en que creemos en Jesús.
El es la verdadera puerta y el verdadero pastor.
Por eso entramos a la Iglesia en la medida en que creemos en Jesús, conocemos a Jesús y seguimos a Jesús.
Cada una de sus llagas es una gran puerta.
Son puertas de ingreso a la Iglesia la llaga de su corazón, la puerta de sus manos siempre abiertas y sin llave.
Son puertas de entrada y salida las llagas de sus pies.

Cuando reconocemos a Jesús como nuestro verdadero pastor:

Él conoce nuestra voz.
Y nosotros la suya.
Y nos sentimos libres como en nuestra casa para entrar y salir.

Entramos:
Por la llaga de su corazón siempre abierto
Por la llaga de sus manos siempre dispuestas a recibirnos.
Para conocerle cada día mejor.
Para amarle cada día más.
Para escuchar cada día su voz.
Para sentirle cada día más próximo a nosotros.

Salimos:
Por las llagas de sus pies, siempre dispuestos a andar caminos.
Siempre dispuestas a salir a buscar la oveja perdida.
A anunciar el Evangelio.
A proclamar el reino de Dios.
A encontrarnos con los demás hermanos.
A ayudar a los demás hermanos.
A acompañar a los hermanos.
A buscar a los que nunca entraron.
A buscar a los que un día salieron de ella.

Una casa sin puertas está vacía.
La puerta, lo mismo que las ventanas son algo más que un adorno.
La puerta es para entrar y salir.
Las ventanas son para que den luz al interior y poder mirar por ellas.
La llaga de su corazón nos abre el interior de Jesús.
Las manos nos enseñan a abrazar a los demás.
Los pies nos enseñan a caminar hacia los demás.
Este es el buen pastor que conoce a sus ovejas, camina con ellas y las alimenta.

Clemente Sobrado C. P.

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