Bocadillos espirituales para la Pascua: Miércoles de la 5ta Semana – Ciclo B

“Yo soy la verdadera vida y mi Padre el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto”. (Jn 15,1.8)

Cuando veo podar los árboles siento pena, es como si los estuviesen matando a pedacitos.
Cuando veo podar un rosal siento pena, es como si los estuviesen castigando.
Cuando por primera vez vi podar los viñedos, sentí que todos se iban a morir.
Luego, después de unos meses de verlos desnudos que daban la impresión de estar secos, sentí una profunda alegría al verlos brotar de nuevo rejuvenecidos y con nuevos sarmientos.

Pienso que también la vid tiene que sufrir cuando la desnudan de sus sarmientos, como si fuese un castigo a la cantidad de racimos que nos ha regalado.
Ahora, sin entender nada de viñador, el alma se me abre a la esperanza.
Sé que pasarán el frío del invierno, puros troncos desnudos.
Pero también sé que llegará la primavera y el viñedo florecerá como una pradera verde de nuevos sarmientos.
Y que luego disfrutaré cuando vea brotar los racimos, los vea madurar y sienta ganas de cortarme uno para saborear sus uvas.

El caso es que precisamente a los sarmientos que han dado fruto, el viñador los poda.
Los que no dan fruto simplemente se los tira fuera porque no sirven para nada.
Sólo se poda a los que tienen vida y se cargan de racimos.

La Iglesia, la comunidad cristiana es la viña de Dios viñador.
Y Jesús es la vid de la que todos somos sarmientos.
Y a los que damos fruto, con frecuencia, el Señor también nos poda.
Y hasta pudiéramos imaginarnos a cada uno de nosotros como una vid a la que el Padre viñador nos va podando de tiempo en tiempo.
Nos va podando no para hacernos sufrir.
Nos va podando no para que muramos.
Nos va podando para que volvamos a renacer.
Porque el cristiano es el que está llamado a revivir y renacer cada día.
Y nos va podando precisamente para demos más frutos.
Nos va podando para que demos más racimos y abunde más el vino.

La vid cuando es podada no se queja.
No se lamente de quedar desnuda.
Pero nosotros solemos quejarnos y lamentarnos.
Y nos lamentamos precisamente porque nos sentimos buenos.
Y nos quejamos del viñador: “¿por qué a mí que soy bueno y cumplo con todo?”
Y nos olvidamos que también el “Padre viñador” nos poda:
No porque no nos ame.
No porque no nos quiera.
No porque nos quiera hacer sufrir.
No porque nos quiera castigar.
No porque nos quiera ver desnudos e impotentes.

Sino porque, precisamente, nuestro Padre:
Nos quiere ver, no viejos sino nuevos.
Nos quiere ver no cristianos de invierno.
Nos quiere ver cristianos rebrotando cada día.
Nos quiere ver cristianos renovados.
Nos quiere ver cristianos en primavera espiritual.
Nos quiere limpiar de todo lo que nos estorba para crecer.
Nos quiere limpiar de todo lo que nos impide tener un corazón más limpio.
Nos quiere ver cargados de frutos de bondad.
Nos quiere ver cargados de frutos de gracia y santidad.

La poda duele.
Pero la poda renueva.
La poda hace brotar en nosotros la primavera de la gracia.
No tengamos miedo a la “poda de nuestro Padre, el viñador”.
Nos poda, porque nos ama.
Déjate podar para que una nueva primavera florezca en tu vida.

Clemente Sobrado C. P.

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