Bocadillos espirituales para vivir la Pascua: Lunes de la 7 a. Semana – Ciclo B

“Dijeron los discípulos a Jesús: “Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios”. Les contestó Jesús: “¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre… En el mundo tendréis luchas, pero tened valor; yo he vencido al mundo”. (Jn 16,29-33)

Siguen los discursos de despedida.
Pero ahora son los discípulos los que llevan la iniciativa.
Ahora son ellos los que confiesan ante Jesús su fe en él.
Ahora ven que habla claro.
Ya no usa comparaciones.
Ven que lo que sabes todo.
Ahora sí creen que “saliste del Dios”.

Es un momento de entusiasmo en los discípulos.
Ahora creen ver lo que hasta ahora se les presentaba oscuro.
Todos tenemos de esos momentos en los que creemos que nuestra fe está segura.
Y todos tenemos de esos momentos de gozo y de alegría.
Todos tenemos momentos felices de fe en que nos creemos seguros.
Estos momentos son importantes en nuestra vida.
Porque nos ayudan.
Porque nos hacen revivir.
Porque nos alimentan las ilusiones.
Porque nos llenan de satisfacción.

Sin embargo, Jesús no se deja llevar de nuestros entusiasmos.
Nos conoce demasiado.
A Pedro cuando estaba dispuesto a dar su vida por él, le bajo los humos y le anuncia las tres negaciones.
Ahora a los discípulos, les moja el camino anunciándoles que su fe tiene más de ilusión que de realidad:
“Ha llegado la hora” de la verdad.
En la que vosotros os dispersaréis.
Y me dejaréis solo.

No somos distintos. También nosotros tenemos esa experiencia de que la temperatura de nuestra fe pronto se enfría.
¿Recuerdan la historia de aquel que hizo un Retiro Espiritual y regresó que echaba fuego. Los amigos al verlo le preguntaron al llegar:
¿Qué tal Juanito, cómo te ha ido?
Extraordinario, es algo fantástico: “Gloria al Padre”.
A la semana le volvieron a preguntar: ¿Y Juanito, qué tal vez lo del retiro?
No es fácil. Pero mucho mejor que antes. “Gloria al Hijo”.
Tercera semana: “¿Cómo va eso Juanito?”
No crean, esto tiene sus piedras. Pero mejor que antes: “Gloria al Espíritu Santo”.
Llegó la cuarta semana y veían que la fiebre había bajado.
¿Cómo vamos Juanito?
“Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén”.
Lo mismito que los discípulos, me abandonareis y os dispersaréis cada uno por su camino.

Sin embargo, Jesús, aún con los discípulos dispersados y abandonado, no se siente solo.
Ahí estará el Padre para invisiblemente hacerle compañía.
Sería horas difíciles las de la Pasión.
No podrá contar con ellos.
Pero sí podrá contar con el Padre que no lo abandonará.

Tendremos momentos difíciles en los que diera la impresión de que Dios no nos escucha, no nos hace caso, nos ha dejado abandonados.
Y sin embargo, tampoco en esas noches de nuestra fe, no estamos solos.
También el Padre estará, aun sin verlo, a nuestro lado.
La fe no es todos los días una fiesta.
Ni todos los días será mediodía.
El nos lo avisó: “En este mundo tendréis luchas”.
Pero también nos dice algo que nos tiene que alentar:
“Pero tened valor; yo he vencido al mundo”.

Clemente Sobrado C. P.

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