Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 9 a. Semana – Ciclo B

“¿Es lícito para impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos? Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: “¿Por qué intentáis cogerme?” Y les preguntó: “¿De quien es esta cara y esta inscripción?” Le contestaron: “Del César”. Les replicó: “Lo que es del César pagádselo al César; y lo que es de Dios a Dios”. Se quedaron admirados”. (Mc 12.13-17)

¿Hay algo más repugnante que la hipocresía?
La hipocresía revela la pobreza y maldad del hipócrita.
Y revela el falso concepto que tenemos de los demás.
Revela la falta de verdad y veracidad.
Y lo engañoso y retorcido del corazón.
Jesús vivió constantemente bajo los ojos hipócritas de sus enemigos.

Preguntar es una condición humana.
Siempre que preguntemos con sinceridad.
Siempre que preguntemos para saber la verdad.
Siempre que preguntemos para informarnos.
Pero la pregunta puede convertirse en trampa.
Puede convertirse en engaño.
Puede convertirse en capciosa.

Jesús no es de los que caen tan fácilmente en la trampa y el engaño.
Jesús es de los que se aprovecha incluso del engaño para llevarnos a la verdad.
Jesús no se queda en la superficie de la pregunta.
Es de los que aprovecha la pregunta, incluso engañosa, para revelar la verdad.
No le toca a él meterse en líos de impuestos.
Ni tampoco en problemas con el Ministerio de hacienda.

Pero va mucho más lejos.
Ahonda la pregunta y termina revalorizando al hombre frente al dinero.
Las monedas adquieren su pertenencia por a imagen que llevan impresa.
También el hombre es la moneda de Dios.
El denario lleva la imagen del César.
En cambio el hombre lleva impresa la imagen de Dios.
Por eso el hombre no es esclavo del dinero.
Sino que está llamado a vivir la libertad de Dios.
El denario vale lo que el Cesas quiere que valgo.
Pero el hombre valor el valor de Dios.
No es el hombre el que depende del dinero.
Sino el dinero el que depende del hombre.
El hombre no recibe su valor del César, de los grandes.
El hombre recibe su valor del que le dio el ser.
“Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”.
No podemos comparar el hombre al dinero.
El verdadero valor del hombre depende de Dios.

El Papa Francisco escribe:
“Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano!”. (EG 55)

Será válido pagar el impuesto al César.
Pero al hombre no podemos comprarlo con dinero.
Al hombre no podemos compararlo con el dinero
Al hombre no podemos supeditarlo al adinero.
Ni el César es Dios.
Ni el hombre es dinero.
Ni podemos esclavizarnos del César.
Ni podemos esclavizar el hombre al dinero.

Clemente Sobrado C. P.

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