Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 9 a. Semana – Ciclo B

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” “El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestros Dos es el único Señor: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. “No hay mandamiento mayor a estos”. (Mc 12,28-34)

Lo esencial del cristianismo es el amor.
Los dos personajes esenciales de nuestra fe son Dios y el hombre.
La gran solución que ofrece la fe al mundo es el amor, la fraternidad.
La gran pregunta que cada uno tendremos que hacernos es:
¿Qué lugar ocupa Dios es nuestras vidas?
¿Qué lugar ocupa el hombre en nuestras vidas?
¿Qué lugar ocupa la fraternidad en nuestras vidas?
Con ello habremos respondido a la verdad de nuestra vida.
Y con ello habremos respondido a nuestra misión en el mundo.

Benedicto XVI lo expresó con claridad meridiana:
“El amor expresa con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y su camino”. (DC 1)
“El amor de Dios por nosotros es una cuestión fundamental para la vida y plantea preguntas decisivas sobre quien es Dios y quiénes somos nosotros”. (DC 1)
“El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una familia, que colabora con la verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro” (CV 53)
“El tema del desarrollo coincide con el de la inclusión relacional de todas las personas y de todos los pueblos en la única comunidad de la familia humana, que se construye en la solidaridad sobre la base de los valores fundamentales de la justicia y la paz”. (id 54)

Podemos hacer muchas cosas.
Pero la esencial es amar y amarnos.
Donde hay amor hay vida.
Donde hay verdadero amor a Dios, hay verdadero al hombre.
Donde hay verdadero amor al hombre, hay verdadero a Dios.
No se da amor al hombre sin el amor a Dios: “El nos amó primero”.
No se da amor a Dios sin amor al hombre. “Quien dice amar a Dios y no ama al hombre, miente”, nos dirá Juan.

Jesús no vino a suprimir la Ley.
Pero vino a darle su verdadero sentido.
Y la redujo a dos mandamientos con una premisa fundamental:
La premisa. Dios envió a su Hijo para revelarnos el amor del Padre.
Primer mandamiento: amar a Dios con todo el ser, porque Dios se define como amor.
Segundo mandamiento: amor al hombre como a nosotros mismos y como Dios nos ama.
Por muchas cosas que hagamos, “si no tengo amor, nada soy”.
Sin amor la fe está muerta.
Sin amor fraterno, la fe carece de vida.
Sin amor fraterno, la humanidad no conoce a Dios.
Sin amor a Dios, el hombre seguirá siendo un desconocido.
Sin amor al hombre, Dios nos resultará un extraño.

El hombre comienza a destruirse interiormente cuando le falta el amor.
El mundo se destruye si nos falta la fraternidad.
Y todo se arregla cuando “amamos”.
Se arregla la relación de unos con otros.
Se arregla la relación de pareja.
Se arregla la relación de padres e hijos.
Se arregla la relación entre los pueblos.

Clemente Sobrado C. P.

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