Palabras para caminar: Acepta a los demás

1.- Acepta a los demás como son, no como tú quisieras que sean. Cuando los aceptas como tú los quieres no los estás aceptando a ellos. Y cada persona necesita ser aceptada como es. Como nos acepta Dios a nosotros. ¿Crees que tú eres como Dios quisiera que fueses? Si Dios esperase a amarte para cuando seas como Él quiere, no te amaría nunca.

Flickr: Bruno Alexandre

2.- Acepta a los demás como son, aunque piensen diferente a ti. Su modo de pensar distinto te enriquece y te obliga a cuestionar tu propio modo de pensar. Prefiere a los que piensan de otro modo a aquellos que siempre dicen amén a todo lo que tu dices.

3.- Acepta a los demás como son, aunque actúen de modo diferente al tuyo. También eso significa una riqueza para ti. Te hacen ver que en la vida hay muchos estilos y muchas maneras de hacer las cosas y que por tanto, tú también puedes enriquecer tu manera de actuar.

4.- Acepta a los demás como son, aunque sientan de manera distinta a la tuya. Cada uno tiene su propia sensibilidad y su propia reacción frente a las cosas. ¿Te imaginas que todos fuesen sentimentales como tú? ¿Te gustaría que todos fuesen fríos e indiferentes como tú? Sus sentimientos pondrán calor a tu frialdad, y tu cabeza fría pondrá serenidad a sus sentimentalismos.

5.- Acepta a los demás como son, aunque hablen de modo diferente a ti. Cada uno se expresa a sí mismo en su palabra. Exprésate tú como tú eres y deja que los demás se expresen a sí mismos. En cualquier cuadro siempre hay más de un color. Los pintores suelen mezclar los colores, no excluirlos.

6.- Acepta a los demás como son, incluso si tienen una fe diferente a la tuya. Respétala. Es su conciencia. Cada uno tiene que ser coherente consigo mismo. Tú no eres el único que tiene la verdad. Y por otra parte, cada uno está obligado a seguir los dictámenes de su propia conciencia formada.

7. – Acepta a los demás como son, aunque no te sean siempre tan simpáticos. ¿Sabes a cuántos les caes antipático tú mismo? Pero el respeto y el amor por los demás ha de estar siempre por encima de nuestras simpatías o antipatías. Además, no olvides que Dios también ama a los antipáticos… Hasta ellos le caen bien.

Clemente Sobrado C. P.

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