Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 12 a. Semana – Ciclo B

“Dijo Jesús a sus discípulos: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha”. (Mt 7,6.12-14)

Tres pensamientos claves nos está sugiriendo Jesús:
¿Qué hacemos con los dones de Dios?
¿Cómo tratar a los demás?
¿El amor como la puerta de la vida?

¿Qué hacemos con los dones de Dios? La imagen es clara. Lo santo no se echa a los perros. Tampoco nuestras perlas se las regalamos a los cerdos.

Dios nos está continuamente regalando cosas.
Nos regala el don de la gracia.
Nos ha regalado con el don del Bautismo.
Nos regala a diario con su Eucaristía.
Nos regala a diario con su perdón.
Nos regala a diario con el don de la vida.
Nos regala a diario con el don de su Palabra.
Nos regala a diario con el don de su Iglesia.

La pregunta es clara: ¿Y nosotros qué hacemos con todos esos dones?
¿Qué hacemos con nuestro Bautismo?
¿Qué hacemos con el sacramento del Matrimonio?
¿Qué hacemos con la Eucaristía?
¿Qué hacemos con el don del Perdón?
¿Serán realidades que valoramos adecuadamente?
¿Serán realidades que cuidamos y guardamos y compartimos?
¿Serán realidades que vulgarizamos y apenas apreciamos?
¿Serán realidades que cambian nuestras vidas?
¿Serán realidades que nos configuran e identifican ante los demás?
¿Seguirán siendo perlas que estimamos y valoramos y tratamos de guardar cuidadosamente? ¿No serán perlas que van perdiendo brillo y belleza?
Las cosas de Dios hay que tratarlas como Dios las trata.

A veces me pregunto:
¿Qué hacemos con la Palabra de Dios?
¿Qué hacemos con la Iglesia?
¿Qué hacemos, incluso, con nuestras vidas?
¿Cómo apreciamos el don de la vida?
¿Cómo embellecemos cada día nuestra vida?
¿Cómo la vamos empobreciendo?

Son preguntas que necesitan respuesta cada día.
Son preguntas que han de cuestionarnos cada día.
Son preguntas que debiéramos responder cada día.

Como también tendremos que preguntarnos:
¿Cómo vemos a nuestro prójimo?
¿Cómo tratamos a nuestro hermano?
¿Cómo le valoramos cada día?

Jesús nos dice que nuestro prójimo es otro “yo” como nosotros.
Mi prójimo es mi “otro yo”.
Que nuestro prójimo ha de ser amado como nosotros nos amamos.
Que debiéramos tratarlo como queremos ser tratados.
Que debiéramos querer para los demás lo que queremos para nosotros.

Y este no es sino el primer grado de amor a nuestro hermano.
Porque más tarde, ya no seremos nosotros la medida de amor al prójimo.
Nos subirá el listón y nos dirá que lo “amemos como El mismo le ama”.

Y esta es la puerta de entrada.
Una puerta estrecha cuando nuestro amor es poco.
Tan estrecha como estrecho sea nuestro amor al otro.
Pero también tan ancha como el amor que El mismo nos tiene.
La medida de la puerta de entrada se mide por el amor con que nos amamos a nosotros, con que amamos a Dios y con que amamos al hermano.

Cada uno tendremos que preguntarnos:
Si cabemos por esa puerta.
Si podemos entrar por esa puerta.
Si podemos pasar por esa puerta.
No es cuestión de cuan flacos o gordos seamos.
Es cuestión de cuánto amamos al otro.

Clemente Sobrado C. P.

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