Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 12 a. Semana – Ciclo B

“A bajar Jesús del monte, lo seguía mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero, queda limpio” . Y enseguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No se lo digas a nadie, pero para que conste ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés”.
(Mt 8,1-4)

La lepra como enfermedad está prácticamente vencida, por más que queden todavía restos por ahí.
Siempre he sentido una sensibilidad por los leprosos.
En primer lugar por su enfermedad misma.
Pero, sobre todo, por el trato que ha recibido los leprosos.
Han sido los marginados, los excluidos.
Los condenados a vivir lejos de los caminos y lejos de la gente, gritando “leproso, leproso”.

Jesús está bajando del monte.
Le sigue mucha gente.
Su presencia inspira tanta confianza que este pobre leproso rompe con todas las normas y reglas de la ley, y se lanza al camino en medio de la gente.
Se postra de rodillas y con una ternura y una bondad de corazón hace una oración sencilla, confiada y tierna: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”.
Su oración penetró el corazón de Jesús.
“Quiero, queda limpio”.

Una oración sencilla.
Una oración tierna.
Una oración llena de calor humano.
Una oración llena de confianza.
Todo lo deja en sus manos. “Señor, si quieres…”
Todo lo dejo en tu voluntad.
Todo lo dejo en tu corazón.
No exijo nada, sencillamente pido.
Pero con una petición que no es ninguna exigencia.

¡Cuánto se parece a la misma oración de Jesús!
“Padre, si quieres, pasa de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.
Nada de reclamo de derechos.
Nada de exigencias.
Nada de compromisos.
Nada de condiciones.
Pura expresión de nuestras necesidades.
Pura expresión de la disponibilidad a la voluntad de Dios.
Pura confianza en el corazón de Dios.
Puro abandono en los planes de Dios.
Pura aceptación de su voluntad.

Y cuanta ternura en la respuesta de Jesús.
“Quiero, queda limpio”.
Me gustaría saber cuáles fueron los sentimientos de Jesús.
La humildad, la sencillez y la confianza del leproso le ganaron el corazón.

¿En qué se parece esta oración del leproso a la nuestra?
Por qué nos lamentamos tanto de que nuestra oración no es escuchada.
Examinemos nuestro corazón y nuestras actitudes.
¿Ganarán el corazón de Dios?
¿O será exigencias y el sentirnos con derechos frente a él?

Señor dame un corazón noble.
Dame un corazón sencillo.
Dame un total abandono a tu voluntad.
“Hágase en mí según tu voluntad”.
Que mi voluntad se someta a la tuya.
Pase lo que pase, seguiré confiando y fiándome de ti.

Clemente Sobrado C. P.

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