Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 16 a. Semana – Ciclo B

Santiago, Apóstol

“Se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Pero Jesús replicó: “No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Contestaron: “Lo somos”. (Mt 20,20-28)

Hay mamás que parecen generosas entregando a sus hijos al servicio de la Iglesia.
Pero su generosidad no apaga en su corazón un cierto egoísmo y vanidad.
Los entregan a Dios en la Iglesia.
Pero luego, no pueden ocultar sus deseos de una “mitra” o lo que sea.
Lo importante es que sean los primeros, estén por delante, por encima del resto.
Bueno, yo a las mamás, les perdono estos sentimientos.
No en vano son “mamás”.

Me extraña un poco más el que, quienes han tomado en serio seguir a Jesús, caigan en la trampa de los sentimientos maternales de “mami”.
Pareciera que tampoco a ellos les desagrada ese “aire de las alturas” que dicen arriba es más puro, pero también tiene menos oxígeno.
Ese “mal de las alturas” aquí lo llaman “soroche”.
¡Y no se imaginan cómo duele la cabeza cuando le agarra a uno!

Y sin embargo, también debo reconocer que, Jesús tampoco me da la razón en todo.
Los mira y se admira de lo que le están pidiendo.
Es consciente de que ni ellos saben lo que piden.
Porque eso de ocupar los primeros puestos, a la luz del Evangelio, es atreverse a correr el mismo riesgo que Él corrió.
Ocupar los primeros puestos implica sentarse en el último.
Ocupar los primeros puestos implica pasar por el difícil momento de la Cruz.

Por eso me admira Jesús.
No apaga las ilusiones de sus corazones.
No apaga las esperanzas de sus corazones.
No apaga sus ideales, por más que parezcan muy humanos.
Sencillamente los enfrenta con la realidad:
“¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”
¿Sois capaces de llegar hasta el final con todas las consecuencias?
¿Sois capaces de llegar a dar la vida por los demás?

Y los chicos no parecían torpes.
De inmediato respondieron decididos: “Lo somos”.

Es posible que, muchas veces, sean los padres los que piensen en vez de los hijos.
Es posible que, muchas veces, sean los padres los que pretenden planificar la vida de los hijos.
Sin embargo, me gustan los padres que miran lejos, cuando se trata de sus hijos.
Me gustan los padres que no se contentan con hijos “rapados como arbolitos mochos del jardín”.
Me gustan los padres que ofrecen metas altas a sus hijos.
Me gustan los padres que despiertan en los hijos la capacidad de riesgo.
Me gustan los padres que siembran ilusiones y esperanzas.
Me gustan los padres que tienen fe en sus hijos.

Y por más que todo ello huela a “vanidad del apellido”, Jesús mismo, no quiso matar aquellas ilusiones y esperanzas.
Tan solo quiso hacerles aterrizar y confrontar las consecuencias.
Tan solo quiso hacerles ver sus reales posibilidades.
Tan solo quiso hacerles tomar conciencia de que, el seguimiento no era una pura ilusión sino que tenía que pasar por el aro de la cruz.
Tan solo quiso hacerles sentir que, para ser primero a la luz del Evangelio, hay que aprender a ser el último.
Tan solo quiso hacerles ver que los primeros puestos, como los grandes hombres, sólo se forjan, no con el poder sino con el servicio.

Clemente Sobrado C. P.

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