Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 18 a. Semana – Ciclo B

“Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos viéndolo andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: “¡Animo, soy yo, no tengáis miedo”. (Mt 14,22-36)

La noche crea muchas fantasías de miedo.
Las sombras y la oscuridad encogen el espíritu y nos llenan de miedo.
Diera la impresión de que todo lo malo sucede durante la noche.
Y que la realidad se desfigura.

Pero no solo en esa noche en la que desaparece el sol y el mundo se cubre de sombras.
Hay también esas noches que todos llevamos dentro.
Esas noches en las que el miedo nos invade.
Esas noches en las que la inseguridad nos domina.
Y comenzamos a perder el criterio de realidad.
Y nuestra fantasía todo lo ve agigantado.
Y nuestros miedos todo lo convierte en fantasma.

El miedo, la inseguridad, la falta de riesgo:
Deforman lo que vemos.
Deforman nuestros compromisos.
Deforman nuestras decisiones.
Puede ser pleno día, pero el miedo siempre lo oscurece todo.
Puede ser pleno día, pero el miedo nos lo hace también a nosotros ver fantasmas.

Cuando queremos asumir un compromiso, el miedo nos lo hace ver imposible.
Cuando queremos comprometernos “hasta que la muerte nos separe”, el tiempo nos parece una eternidad.
Cuando leemos el Evangelio, sus exigencias nos parecen excesivas.
Cuando sentimos que Dios nos llama, el futuro nos asusta.
Cuando se nos habla de santidad, inmediatamente pensamos que eso no es para nosotros.

El miedo:
Nos hace ver a Dios como un fantasma en nuestras vidas.
Nos hace ver la vida de fraternidad como un fantasma.
Nos hace ver el perdón como un fantasma.
Nos hace ver la reconciliación como un fantasma.
Nos hace ver la fidelidad hasta el final como un fantasma.

Todos llevamos demasiados fantasmas dentro:
Fantasmas en nuestra cabeza.
Fantasmas en nuestro corazón.
Fantasmas que nos llenan de miedo.
Dejamos de hacer demasiadas cosas por esos fantasmas del miedo.

Por eso, ahí está Él, para decirnos a todos:
“Animo: soy yo”.
“No tengáis miedo”.
Ahí está Jesús, para abrir nuestros ojos.
Ahí está Jesús, para poner luz en nuestros ojos.
Ahí está Jesús, para poner ánimo en nuestros corazones.
Ahí está Jesús, para hacernos más grandes que nuestros miedos.
Ahí está Jesús, para darnos el coraje de afrontar las dificultades.
Ahí está Jesús, para llenar el corazón de ilusiones.
Ahí está Jesús, para despertar en nosotros las esperanzas.
Ahí está Jesús, para hacernos más grandes que nuestras limitaciones.
Ahí está Jesús, para hacernos sentir que para nosotros todo es posible.

No le pidamos pruebas, porque pueden aumentar nuestros miedos.
No le pidamos pruebas, porque pueden acrecentar nuestras dudas.
Nos basta fiarnos de Él y de su palabra.

Clemente Sobrado C. P.

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