Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 19 – Ciclo B

“Los judíos criticaban a Jesús porque había dicho; “Yo soy en pan bajado del cielo”, y decían: “¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice que ha bajado del cielo? Jesús tomó la palabra y les dijo: “No critiquéis”. (Jn 6,41-51)

Criticar, algo que todos hemos aprendido muy bien.
No como críticos sino como “criticones” todos somos capaces de sacar sobresaliente.
En una ocasión un Señora, ya mayor, me decía con la mayor naturalidad: “Padre, me gusta criticar”.
A mí solo me salió: “¿Le gusta criticar?” “¿Y a qué sabe? ¿Qué sabor tiene?
Recuerdo que la vieja no se esperaba mi respuesta y se quedó desconcertada.

De todo modos, algo debe tener porque:
Nos encanta criticar.
Nos encanta hablar mal de los demás.
Nos encanta dejar mal a los demás.

Cuando alguien me dice que “he escuchado criticarle a Usted”, mi respuesta suele ser siempre la misma:
“Me encanta”.
“Eso significa que preocupo”.
“Eso significa que no paso desapercibido”.
“Lo peor es cuando nadie habla nada de ti”.

Ahora también reconozco que la crítica:
Es destructiva.
Es capaz de apolillar al más majo.
Es una pobre manera que tenemos de rebajar a los demás.

Hay el espíritu de crítica que me parece bueno, para que no nos metan gato por liebre.
De ordinario en esto solemos ser poco críticos y nos lo tragamos todo.
Hay esa otra crítica que es la manera de desacreditar al otro.
Esa sí me parece una actitud bien pobre del corazón.
Hay esa otra crítica que es la manera de protegernos para no hacer caso a lo que dice el otro.

Jesús nos dice claramente “No critiquéis”.
No habléis mal de los otros.
No desacreditéis al otro ante los demás.
No busquéis razones para no creer en los demás.
No le busquéis la quinta pata al gato.
Sabed abriros a la verdad.
Saber aceptar la verdad, por más que no coincida con vuestros intereses.
Mi verdad no depende de vuestras críticas.
Mi verdad no depende de que vosotros lo logréis entenderme.
Mi verdad no depende de que no me comprendáis.
Yo seguiré “siendo el pan de la vida”.
Mi verdad no depende de vosotros, sino de mi Padre.

Creéis que me conocéis.
Creéis que sabéis quien soy porque conocéis a mi origen humano.
En vez de criticar:
Escuchad primero a mi Padre.
Creed a mi Padre aunque no le hayáis visto.
Creed a quien sí le ha visto.
Ya es hora que olvidéis el pan del desierto contra el que también protestasteis.
Ya es hora que olvidéis el viejo pan del desierto.
Ya es hora de que abráis vuestro apetito al “nuevo pan”, aunque os parezca extraño.
Ya es hora de dejar y olvidar el pan que solo alimenta el estómago.
Ya es hora de comer el nuevo pan.
Sí ese nuevo pan bajado del cielo, por más que creáis que es de la tierra.
Ya es hora de que decidáis comer “el pan que os hará vivir” para la vida eterna.

¡Qué difícil aceptar las novedades de Dios!
Dios comenzó en el desierto, pero ahora ya camina por los caminos de la vida.
¡Qué difícil nos resulta a todos cambiar de pan!
Cuando nos dieron el pan del desierto, nosotros seguíamos empeñados en los ajos y cebollas de Egipto.
Ahora que nos dan el “nuevo pan de la vida”, queremos volver a “aquel viejo pan”.
No hemos visto a Dios.
Y tampoco creemos a quien sí lo ha visto.
¡Cada vez entiendo menos mi corazón!

Clemente Sobrado C. P.

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