Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 20 a. Semana – Ciclo B

“Al oírlo, los discípulos dijeron espantados; “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús se les quedó mirando y les dijo: “Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo”. Entonces le dijo Pedro: “Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?” (Mt 19, 23-30)

Los discípulos “se espantaron” al escuchar a Jesús decir que era bien difícil que “un rico se salve”.
Y hasta preguntan “¿entonces quién podrá salvarse?”
Se ve que en aquel entonces había muchos ricos.
O casi todos eran ricos, y el cielo corría el peligro de quedarse vacío.

Alguien me preguntó un día ¿por qué Jesús era tan duro con los ricos?
Bueno, traté de darle mis propias explicaciones:
Al cielo se entra desnudo y no con todo lo que tenemos apegado al corazón.
Además, dicen que la riqueza infla.
Y claro, si la puerta es estrecha, no caben.
¿Recuerdan los avisos que nos dan en los aviones?
“En caso de necesidad no inflen los chalecos dentro del avión”.
Claro, ¿cómo vas a salir por las ventanas con el chaleco inflado?

Pero le añadí algo:
Jesús no es enemigo de los ricos.
Jesús es contrario a que las riquezas se nos peguen al corazón y le impidan respirar.
Jesús no habla tanto contra los ricos sino contra aquellos que viven esclavos de lo que tienen.
Y cuidado, que aquí también podemos caer los pobres.
Porque también las riquezas se pegan al corazón del pobre, aunque no sea sino con el deseo de tenerlas a como dé lugar.

Entiendo que la frase de Jesús es dura y asusta a cualquiera.
Pero tampoco me resulta más sabrosa la pregunta de Pedro.
Confiesa que todos ellos son pobres “porque lo han dejado todo y le han seguido”.
Pero tampoco él demuestra demasiada generosidad.
Me gustaban los delfines, hasta que me di cuenta lo egoístas que son:
Trabajan un ratito haciendo piruetas, pero luego regresan enseguida por la sardina.
Aquí nadie hace nada por amor al arte.
Tampoco los discípulos:
“Oye, nosotros lo hemos dejado todo por ti”.
“Y ahora ¿qué nos va a tocar?”

Esta el diferencia entre Jesús y nosotros.
El lo da todo y no pide nada.
El lo entrega todo y no pide el “vuelto”.
Nosotros jugamos al “interés”, a la “mejor inversión”.
El juega incluso a perder.
Es que para Él lo importante no es cuánto se gana.
Para Jesús lo que importa es cuánto se da, cuánto se regala.

Y resulta tan simpático que, a pesar de nuestras apuestas, todavía nos promete el “ciento por uno”.
La verdad que no entiendo a los que juegan en la Bolsa. ¡Que si ha subido unos centavos, que si ha subido un uno, un dos o tres por cien!
No entiendo por qué esos apostadores de la Bolsa no apuestan por el Evangelio:
No vivirían la angustia de tantos riesgos.
No vivirían la angustia de estar pendientes en cada momento cómo sube y baja.
Y al menos tendrían la seguridad:
De que en la Bolsa de Dios siempre se gana.
De que en la Bolsa de apostar por el Evangelio nunca se pierde.
De que en la Bolsa de jugárselo todo por Él, siempre juegan a ganar.
“El que por mí deja casa … recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”.

Hoy estoy feliz. Yo no dejé nada. Porque no tenía nada.
Pero le “aposté mi vida”. Y creo que he acertado.
Estoy recibiendo el ciento por uno, y de propina “la vida eterna”.
¿Alguien da más? ¿Estaré cayendo el egoísmo de Pedro?

Clemente Sobrado C. P.

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