Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 20 a. Semana – Ciclo B

“Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda” Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. Id a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos”. (Mt 22,1-14)

Flickr: Mariusz Opiela and Dominik Opiela

La relación de Dios con el hombre es de carácter esponsalicio.
La alianza matrimonial es a lo largo de la Biblia uno de los símbolos de la relación de Dios y el hombre.
Incluso Dios llega a llamarse esposo.
A nosotros su esposa.
El mismo Jesús llega a llamarse novio.
Y Pablo se atreve a proponer el amor de Jesús como modelo del amor de los esposos:
“Esposos amad a vuestras esposas como cristo amó a su Iglesia”.

Por eso Jesús nos propone la parábola de las bodas:
Su Padre desposa a su hijo con la humanidad.
Vivir el misterio es vivirlo como una boda.
Por tanto una relación amorosa y nupcial.
Me estoy imaginando a Dios “repartiendo invitaciones”.
Creer se trata de vivir la fe como un banquete de bodas.
Creer es vivir una fiesta de amor y comunión con Dios.
Creer no es cuestión de ideas de algo que no logramos comprender.
Creer es vivir en la fiesta de Dios con nosotros.

El problema somos nosotros que nos negamos a la boda.
Que nos negamos a la fiesta.
Preferimos nuestros intereses a la fiesta con Dios.
Damos más importancia a nuestras tierras, que al banquete con Dios.
Preferimos nuestros negocios que al banquete con Dios.
Preferimos lo que tenemos que a lo que Dios nos ofrece.
Preferimos las cosas a la fiesta.
Preferimos lo nuestros a la fiesta.
Preferimos nuestras cuentas bancarias a la fiesta de la fe.
Preferimos nuestras tarjetas de crédito a la fiesta de la fe.
Preferimos incluso matar a los que anuncian e invitan a la fiesta a la misma fiesta.

Sin embargo Dios no renuncia al carácter nupcial de la fe.
Dios se pone en el cruce de los caminos de la vida.
E invita a todos “malos y buenos”.
Todos quedamos invitados a la alegría festiva de la fe.
Incluso los malos son invitados.
Es la boda de la que nadie debe quedar excluido.
Es la boda a la que todos estamos llamados e invitados.
Es la universalidad de la llamada de Dios que nos quiere ver a todos en la sala del banquete.
Es la universalidad del amor de Dios que quiere ver no el cielo vacío sino el cielo lleno.
También los malos están llamados a descubrir la fiesta del amor de Dios.

Es posible que muchos sigamos prefiriendo:
Nuestros intereses a la generosidad de Dios.
Vivir nuestra fe como una institución o unas ideas a como una relación nupción.
Por eso hay tantos cristianos tristes.
Por eso hay tantos cristianos con cara de velorio.
Y lo que Dios quiere son cristianos festivos.
Cristianos en fiesta de boda.
A Dios no le van los velorios.
A Dios la va la alegría de la fiesta.

Clemente Sobrado C. P.

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