Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 22 a. Semana – Ciclo B

“Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino nuevo revienta los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos”. (Lc 5,33-39)

“Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio, los tuyos a comer y a beber”.
Siempre es más fácil una religión de ayunos y abstinencias, que una religión de amistad.
Siempre es más fácil una religión de penitencias, que una religión de amor.
Siempre es más fácil una religión de austeridades, que una religión de relación personal con Dios.

Jesús anuncia un nuevo estilo de relación con Dios.
Es el estilo de “estar con El”.
Es el estilo de “vivir como amigos”.
Es el estilo de “sentirle nada menos que como novio”.
Es el nuevo estilo de la relación personal y de amistad.

No es que no haya momentos difíciles.
No es que no tengan que pasar por las oscuridades de la cruz.
No es que no tengan que pasar por las desilusiones de la muerte.
Pero, Jesús, siempre prefiere la alegría pascual del encuentro.
Jesús siempre prefiere la alegría del hacerse presente en medio de ellos.
Jesús prefiere la religión del amor a la religión del ayuno.
Jesús prefiere la religión del amor a la religión de la abstinencia.

Claro que quien está acostumbrado a lo antiguo, tiene dificultad de abrirse a lo nuevo.
Con frecuencia hablamos de “renovar”, de “cambiar”, de “renacer”.
Pero siempre tropezamos con las piedras del camino.
Más que cambiar, preferimos hacer un batido entre lo viejo y lo nuevo.
Más que renacer, preferimos hacer un cóctel con lo viejo y lo nuevo.

Y esa no es la intención de Jesús.
El viene a traernos el cambio.
El viene a traernos lo nuevo.
El viene a hablarnos, no de maquillajes ni cirugías estéticas.
El viene a hablarnos de “renacer”, de “nacer de nuevo”.
Jesús no está pensando en esos “centauros” con cabeza humana y cuerpo de animal.
Jesús no está pensando en un mundo viejo parchado, sino un mundo nuevo de amor y de relaciones amorosas personales.
Jesús está pensando en un nuevo rostro de Dios, que no cabe en los odres viejos.
Jesús está pensando en un nuevo rostro de hombre, que no remienda su traje.

Jesús no es un sastre “remendón”.
Jesús prefiere hacer trajes nuevos.
Jesús prefiere lo nuevo, a lo viejo pintado con brocha gorda.

Y lo nuevo necesita también estructuras nuevas.
Lo nuevo no cabe en lo viejo.
Lo nuevo estropea lo viejo porque es incapaz de resistir su fuerza.
“A vino nuevo, odres nuevos”.
A cristianos nuevos, estilos de vida nuevos.
A cristianos nuevos, estilos de compromisos nuevos.
A cristianos nuevos, estilos de presencias nuevas.
A Iglesia nueva, estructuras nuevas.
A Diócesis nuevas, estructuras nuevas.
A parroquias nuevas, estructuras nuevas.
A Evangelización nueva, métodos y estilos nuevos.

El miedo al cambio de odres, nos pone en el peligro de perder, tanto los odres como el vino nuevo.
El miedo al cambio de estructuras, nos hace correr el peligro de que, ni lo antiguo tenga interés ni lo nuevo pueda florecer.
La vid echa cada año sarmientos nuevos. Y nos regala vino nuevo.
Los rosales los podamos con frecuencia. Y nos regalan rosas nuevas.
Hay que cambiar lo viejo y dejar que florezca lo nuevo del Evangelio.

Clemente Sobrado C. P.

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