Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: La Natividad de María

“José su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”. (Mt 1, 18-.23)

Celebramos hoy el Onomástico de María. El día de su nacimiento. Cualquiera pudiera pensar que tendríamos un Evangelio gozoso. Y sin embargo el Evangelio nos habla del tremendo problema de José ante el misterio de la encarnación de Jesús. Tenemos la impresión de que Dios tendría que hacer todas las cosas tan claras y simples que no nos hiciésemos problemas.

Nunca he podido entender este lío del pobre José y María.
¿Es que María no le contó nada a José de su encuentro con el Angelical Gabriel?
¿Es que era tan pudorosa que no quiso hablar de esas cosas íntimas de Dios con José?
¿Entonces de qué hablaban?
Porque el susto de José fue de campeonato.
José no era un tonto al que se le puede meter gol sin que se entere.
José veía cosas para las que no encontraba explicación.
Su espíritu debió pasar por una noche de fe.

Pero hay algo en todo esto que debiera ayudarnos a nosotros a pensar.
José no era de los que buscaban el escándalo.
José no era de los que tomaban decisiones sin pensarlas.
José no era de los que se dejaban llevar de sus primeras impresiones.
José era un hombre maduro.
José era un hombre que pensaba antes de tomar decisiones.
José era un hombre que no se dejaba llevar de sus sentimientos espontáneos.
Ni siquiera había resentimientos de venganza.

Es cierto que no podía aceptar lo que veía.
Sería ir contra su conciencia.
Pero ¿para qué hacer escándalo?
Las cosas se pueden hacer sin escándalos y, sobre todo, sin destruir al otro.
Si debía cumplir con su conciencia, no tenía por qué alborotar el gallinero.
Lo haría todo en secreto.
Sin ruidos escandalosos.
Sino en sagrado silencio.
Era un hombre respetuoso de la dignidad de la mujer.
Era un hombre respetuoso de la dignidad de María.

Como a María, también a él se le aparece el enviado de Dios.
María no pudo comprender el misterio de su encarnación.
Tampoco él debió de entender nada.
Pero los dos tenían algo en común:
Creer sin comprender.
Aceptar el plan de Dios sin comprenderlo.
Decir un “sí” desde el corazón a la palabra de Dios.
Dijo “Sí” María.
Dijo “Sí” José.
Los dos en sintonía de fe.
Los dos en callada y silenciosa obediencia a los planes de Dios.

Para creer no pretendas primero entender.
Primero cree y verás que luego comienzas a entender sin entender.
La fe no pide razones.
La fe solo pide fiarse de Alguien.
Y cuando no veas nada, deja que tu corazón se abra al que sí ve.
Y cuando no veas nada, no pienses que ya no hay nada.
Es posible que al otro lado de esa oscuridad se esté encendiendo el misterio.
Es posible que al otro lado de esa oscuridad esté el misterio de Dios encarnado.

¡Feliz cumpleaños, María!

Clemente Sobrado C. P.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s