Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 24 – Ciclo B

“Dijo Jesús a sus discípulos: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo y cargue con sus cruz y me sigue. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, y por el Evangelio la salvará.” (Mc 8,27-35)

¿Quieres seguir de verdad a Jesús?
He aquí algunos criterios para el discernimiento:

“El que quiera venirse conmigo”.
Principio fundamental del seguimiento.
Nadie te obliga a seguirle.
Dios no trabaja con obligados.
Dios solo acepta a los que deciden libremente.
Somos totalmente libres de seguir a Jesús.
Somos totalmente libres de creer en el Evangelio.
Claro que si decidimos seguirle, luego sí tenemos que ser consecuentes.
Nadie te obliga a creer.
Pero si decides creer, tienes que ser coherente y vivir de la fe.
Dios no juega con obligaciones sino con libertades,
Dios no quiere obligados sino libres.
Porque un amor obligado ya deja de ser amor.

“Que se niegue a sí mismo”.
Eso sí, cuando decidimos seguirle, el seguimiento es el valor supremo.
Incluso por encima de la propia vida.
Negarnos a nosotros mismos no significa que no valemos nada.
Significa que estamos dispuestos a sacrificar nuestra vida por él.
¿No es lo que hizo Jesús por nosotros?
Pudo liberarse y seguir viviendo hasta viejo.
Pero vio que la revelación del amor era más importante que su vida.
¿Exageraré si digo que Jesús nos amó tanto que prefirió nuestra salvación a su propia vida?
No se trata de despreciar la vida.
Se trata de valorar tanto la nuestra que vale la pena sacrificar la suya.
Seguir a Jesús es reconocer que él es tan importante que bien vale la pena sacrificar nuestra vida si se diera el caso.
Aquí valdría la frase de Pablo: “Tener a los demás por más que a vosotros”.
Tener al Evangelio por más que nosotros mismos.
Y ser capaces de sacrificar nuestra vida por el Evangelio.
¿Qué otra cosa hicieron los mártires?
Es vivir nuestra fe sin rebajas.

“Cargue con su cruz y sígame”.
Mi cruz tiene que ser como la de Jesús.
Jesús no anduvo buscando sufrimientos ni los quiso.
La cruz del cristiano, la mía, como la de Jesús es consecuencia de nuestra fidelidad al Evangelio.
No es la cruz dolorista.
Es la cruz fruto de la fidelidad.
La que los hombres nos imponen por ser fieles, ser diferentes, parecernos a El.

“El que quiera salvar su vida, la perderá”
El que prefiera su vida al Evangelio, pierde su vida.
El que prefiera su vida al Reino, pierde su vida.
El que prefiera su vida a darla por el hermano, pierde su vida.
El que prefiera su vida a salvar la vida del hermano, pierde su vida.

Clemente Sobrado C. P.

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