Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 23 a. Semana – Ciclo B

“Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno”. (Lc 8,4-15)

Cuentan que una señora viajaba todos los días en el mismo autobús y a la misma hora a su trabajo.
A su lado viajaba también un caballero.
Este se sorprendió de que, en determinado momento, la señora metía la mano a su bolso y echaba algo por la ventana.

Un día quiso salir de su curiosidad.
– Señora, disculpe la indiscreción, pero ¿qué arroja usted por la ventana todos los días?
Ella muy tranquila le responde: “Semillas, caballero, sólo semillas”.
– Pero ¿para qué? Ahí en la carretera no va a brotar ninguna semilla.
– Alguna brotará.
No brotan cuando no se siembran.
Pero cuando se siembra alguna nacerá.

Pasó el tiempo y la señora ya no viajaba en el autobús.
El caballero preguntó qué había sido de ella.
Ha muerto le dijo otra señora que ocupaba su sitio con una niña.
De pronto, la niña grita, mami, mami, mira cuántas flores….
A orillas de la carretera un montón de flores adornaban el camino…
La que sembró las semillas no las pudo ver, pero otros se deleitarían con ellas.

Lo importante en la vida no es ver los frutos.
Lo importante es haber sembrado.
¿Qué tu hijo se ha declarado rebelde y no quiere saber ya nada?
No lo condenes. Siembra semillas en su corazón.
¿Qué tu hijo dice que ya no tiene fe y ya no cree en nada?
No lo presiones ni condenes. Siembra semillas en su corazón.
Algún día florecerán.
¿Qué tú no las verás?
¿Y eso qué importa?
Lo importante es que las semillas nazcan y den fruto algún día.

Esa fue y sigue siendo la actitud de Jesús. Fue un enamorado de las semillas.
Sembró las semillas del Evangelio.
Y las sembró en todos los campos.
En los corazones endurecidos por la Ley.
En los corazones endurecidos por la costumbre.
En los corazones endurecidos que se negaban a escucharle.
Pero también:
En los corazones sencillos donde su palabra germinaba y daba frutos.
En los corazones limpios donde su palabra cambiaba las vidas.
En los corazones abiertos donde su palabra se hacía seguimiento.

Encontró muchos corazones duros como la tierra del camino.
Pero también en ellos sembró sus semillas.
También en ellos sembró semillas de oportunidades.
Encontró muchos corazones demasiado enredados en los propios prejuicios.
Pero, también en ellos sembró sus semillas.
También a ellos les quiso ofrecer las oportunidades de la gracia.

Y es lo que Dios sigue haciendo.
El Dios de nuestra fe, el del Evangelio de Jesús es el Dios de las oportunidades.
Oportunidades que no niega a nadie.
Es posible que muchas de esas llamadas de Dios tampoco hoy sean escuchadas.
Pero el amor de Dios se ha manifestado en ellos.
Es posible que muchos ya nos hayamos acostumbrado a sus llamadas.
Y nos hagamos los sordos.
No importa. Dios seguirá ofreciendo oportunidades a todos.
Dios es de los que prefiere que se pierdan las semillas a que dejemos de sembrar.
Dios es de los que prefiere que su amor no sea escuchado.
Pero no por eso dejará de amarnos.

Las semillas sembradas por Dios son de calidad.
La diferencia puede estar en el campo de nuestros corazones.
Cada uno es consciente de cuántas semillas se han sembrado en su corazón.
Y cada uno es también consciente de cuánto han crecido los trigales en su vida.

Clemente Sobrado C. P.

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