Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 24 a. Semana – Ciclo B

“Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama”. Y a Ella le dijo: “Tus pecados están perdonados”. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: “¿Quién es este, que hasta perdona pecados?” Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”. ( Lc 7,36-50)

Uno de los relatos más tiernos del Evangelio y que comentamos el 20 de septiembre de 2012, y que lo repetimos hoy por su importancia para descubrir el verdadero sentido de la confesión.
Extraña que un fariseo invite a Jesús a comer con él.
La tragedia de una mujer pecadora (llámenla ustedes como quieran) ansiosa de descargar su vida y vaciar su corazón de tanta basura.
La dureza del corazón humano de los que se sienten buenos, pero son incapaces de amar.
La defensa cerrada que hace Jesús ante tanto bueno mal pensante.
La ternura con que Jesús la acoge y la limpia y perdona y la devuelve a la vida.

Toda una historia que revela:
Que los que “tenemos por malos” también tienen un corazón capaz de dejarse tocar por la gracia.
Que los buenos, no tenemos derecho a juzgar y condenar a nadie.
Que los que en la Iglesia ejercemos el ministerio de confesores, estamos llamados a manifestar, no nuestros criterios, sino la “misericordia y la bondad del corazón de Dios”, respetando en todo momento la “dignidad de los penitentes”.

L´Osservatore Romano, en su edición española del domingo 4 de marzo, publica parte de la intervención del Obispo regente de la Penitenciaría apostólica, en el III Simposio tenido en la Santa Casa de Loreto para los “Penitenciarios”, los días 23 y 24 de enero y que titula: “Todas las cualidades del buen confesor”. Copio algunas de sus frases:

“Como confesores, estamos llamados a transmitir misericordia y esperanza; a escuchar con mucha paciencia, transmitiendo esperanza y misericordia en todos los casos, aunque no podamos dar la absolución a todos.
“El Sacramento de la Penitencia “es, según la concepción tradicional más antigua, una especie de acto judicial; pero dicho acto se desarrolla ante un tribunal de misericordia, más que de estrecha y rigurosa justicia, de modo que no es comparable sino por analogía a los tribunales humanos, es decir, en cuanto que el pecador descubre allí sus pecados y su misma condición de criatura sujeta al pecado

“No hay que olvidar nunca que la casa del Padre siempre está abierta para los hijos que se han alejado de ella, pero también y sobre todo para quienes han preferido abandonarla y ahora sienten con fuerza la nostalgia del regreso. Siempre es posible obtener la misericordia de Dios.”

“Tal vez en el pasado el aspecto de juicio, con la investigación que comporta, ha prevalecido a veces sobre la “benignidad y humanidad” que Cristo manifiesta a los pecadores en el Evangelio”

“La conciencia no debe ser nunca oprimida o atormentada. El Sacramento de la Penitencia no es “psicoanálisis”, es un sacramento, un signo eficaz de perdón para quien se ha arrepentido, no para quien ha aceptado someterse al análisis o al tratamiento de su psique.
El confesor sabe que sólo Dios escruta a fondo el corazón y que el juicio objetivo y el don de la misericordia le pertenecen a él, que originariamente absuelve y de cuya gracia el confesor es solo portador. Lo más importante no es el análisis la confesión, sino el arrepentimiento, que reside en el alma”.

“Siempre hay que tener presente que el confesor:
jamás debe manifestar estupor, independientemente de la gravedad de los pecados que se acusa el penitente;
jamás debe pronunciar palabras que suenen más como una condena de la persona que del pecado;
jamás debe indagar sobre los aspectos de la vida del penitente, cuyo conocimiento no es necesario para la evaluación de sus actos;
jamás debe usar términos que hieran la delicadeza de sus sentimientos, aun cuando, hablando con propiedad, no violen la justicia y la caridad;
un sacerdote jamás debe mostrarse impaciente y celoso de su tiempo, mortificando al penitente con la invitación a apresurarse (excepto cuando la acusación se haga con una palabrería inútil)”

Y cita a Juan Pablo II que decía: “Cuanto más grande sea la miseria moral del penitente, tanto más grande deberá ser la misericordia”.

“Y cada sacerdote que se siente en el confesionario debe ser imagen de la mansedumbre de Cristo, para que, poniendo al penitente en relación con el corazón misericordioso de Dios, a través de su rostro amable y amigo, redescubra con alegría y confianza este sacramento y comprenda cada vez más que el amor que Dios siente por nosotros no se detiene ante nuestro pecado, no retrocede ante nuestras ofensas”.

Clemente Sobrado C. P.

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