Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 25 a. Semana – Ciclo B

“Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte”. El les contestó: “Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. (Lc 8,19-21)

Jesús fue claro aquella noche con Nicodemo. No he venido a hacer arreglos ni a poner parches. Estamos en tiempos de la novedad: “hay que nacer de nuevo”.
Hay que comenzar a ser de nuevo.
Es preciso nazca el hombre nuevo.
Es preciso nazca un mundo nuevo.

Esta vez, no es de noche sino de pleno día.
Y esta vez Jesús anuncia “una familia nueva”.
Una familia que no nace de la carne y la sangre.
Sino una familia que nace de la escucha de la Palabra de Dios.
Una familia que nace de vivir y poner en práctica la Palabra de Dios.

Jesús no desprecia ni devalúa la familia natural nacida del amor y de la sangre.
En ella vivió casi toda su vida.
Pero, ya es hora, no de casarse para fundar una familia nueva.
Es hora de anunciar la Palabra de Dios y formar esa otra familia de los que “la escuchan y ponen por obra”.
Es la familia de la palabra.
Es la familia de la escucha.
Es la familia donde, por encima de los lazos humanos, todos somos familia.
Es la familia de la comunidad cristiana.
Es la familia de la Iglesia.
Es la familia donde todos somos “hermanos en el hermano mayor” que es El.

La gran novedad de Jesús es no quedarse encerrado en su propia familia de Nazaret.
El ha venido a hacer de la humanidad entera una nueva familia.
Ha venido a cambiar el mundo de relaciones entre las personas y los pueblos.
Esto lo ha entendido muy bien Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate, cuando dice:
“Hoy la humanidad aparece mucho más interactiva que antes: esa mayor vecindad debe transformarse en verdadera comunión. El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro”.

Y añade: “es preciso un nuevo impulso del pensamiento para comprender mejor lo que implica ser familia: la interacción entre los pueblos del planeta nos urge a dar ese impulso, para que la integración se desarrolle bajo el signo de la solidaridad en vez del de la marginación. Dicho pensamiento obliga a una profundización crítica y valorativa de la relación”. (CV n 53)

Jesús no quiere una humanidad archipiélago, sino continente.
Jesús no quiere que las fronteras geográficas impidan la comunión entre las personas y los pueblos.
Jesús no quiere que las condiciones sociales y culturas sean un impedimento para sentirnos todos hermanos.
Jesús no quiere una humanidad que margina sino que cada día sea hace más fraterna.
Hay una nueva maternidad, más allá de la biológica.
Hay una nueva fraternidad, más allá de los lazos de la sangre.
Hay una comunión de personas y pueblos en cuya base está precisamente “la escucha de la palabra”.
Escuchar la palabra es hacernos más madres.
Escuchar la palabra es hacernos más hermanos.
Escuchar la palabra es hacernos más comunión y solidaridad.

Juan Pablo II decía que “el futuro de la humanidad pasa por la familia”. Benedicto XVI podría decir: “el verdadero desarrollo de los pueblos pasa con sentirnos familia”.

Clemente Sobrado C. P.

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