Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 25 a. Semana – Ciclo B

“Y si alguno no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes”. (Lc 9,1-6)

Jesús va dándoles confianza a sus discípulos.
Sabe que todavía están inmaduros pero les confía, a pesar de todo, el anuncio del Evangelio.

Nunca olvidaré el consejo que solía dar un amigo mío que ya ha partido a la casa del Padre. Nunca terminamos de darles confianza a los seglares porque no están tan preparados como nosotros. Que nosotros los haríamos mejor. Posiblemente. Sin embargo, yo prefiero que las cosas no salgan tan bien, pero que los seglares vayan tomando confianza en ellos mismos.

Que Jesús lo hacía mejor, no cabe duda.
Sin embargo, les confía su misión a los discípulos.
Que todavía están “verdes” como suele decirse, de acuerdo.
Pero nadie aprende si no practica.
Creo que este debiera ser un buen criterio para nosotros los sacerdotes.
Saber delegar muchas cosas en manos de los seglares.
Aquí no se trata de quién lo haría mejor, sino de que todos asuman conciencia de su misión. Y esto sólo se aprende practicando.
A hablar se aprende hablando.
A amar se aprende amando.
Y a evangelizar se aprende evangelizando.

Uno siente que está escuchando al Papa Francisco:
“La Iglesia tiene que salir de sí misma”.
“Una Iglesia que no es misionera no es Iglesia”.
“Nada de balconear”, el discípulos es hombre de caminos”.
“Pastores oliendo a ovejas”.

“Se pusieron en camino”.
No se evangeliza esperando a que los demás vengan.
No se evangeliza sentados en los despachos parroquiales.
Se evangeliza poniéndonos “en camino”.
La evangelización se hace con la palabra, pero se hace también con los pies.
Salir a las aldeas.
Salir al encuentro de los hombres.
También a los hombres que viven en las aldeas, aunque no tengan renombre en las ciudades.

La Iglesia está demasiado acostumbrada a los sillones parroquiales.
Cuando el Evangelio nos pide abandonar nuestros sillones de comodidad y salir a los caminos.
Jesús no quiere una “iglesia de gente super preparada”.
A la Iglesia le sobran los “doctores en teología y Escritura”.
La Iglesia necesita gente que sabe poco, pero anuncia desde sus limitaciones.
Jesús quiere gente disponible a ponerse en camino.
Jesús no quiere gente que hace muy bien las cosas.
Jesús quiere gente que no sepa cómo hacer las cosas.
Jesús quiere gente que aprenda a evangelizar, evangelizando.
Jesús quiere seguidores que saben más de caminos que despachos parroquiales.
Jesús quiere seguidores que saben más de caminos que de despachos episcopales.
Jesús quiere seguidores que saben más de ir a los demás que quedarse ensimismados en sí mismos.

Tampoco Jesús les asegura que todos quieran escucharles.
También encontrarán quienes se rían y hasta se mofen.
No importa.
Quienes no quieran escuchar, respetarlos, pero no perder el tiempo con ellos.
Pero, eso sí, no vayamos solo con bonitas palabras.
La gente necesita ser sanada y curada.
La gente necesita sanemos su corazón, para hacerlo capaz de abrirse al anuncio del Evangelio.
Y no desanimarse.
A nosotros nos toca ofrecer el Evangelio, no convertir a nadie.
A nosotros nos toca anunciar el Evangelio, el resto queda a la responsabilidad de cada uno.
Por eso me gusta esa canción que solemos cantar los domingos:
“Ya no temo, Señor, los fracasos,
Ya no temo, Señor, la ingratitud:
Porque el triunfo, Señor, en la vida
Tú lo tienes, Tú lo das”.

Clemente Sobrado C. P.

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