Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Jueves de la 25 a. Semana – Ciclo B

“Herodes decía: “A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?” Y tenía ganas de ver a Jesús”. (Lc 9,7-9)

Nunca me han gustado esas vidas anodinas que pasan por la vida sin inquietar a nadie.
No era nada fácil inquietar la conciencia de Herodes.
Más bien, se diría que era un hombre sin conciencia.
Sin embargo, la vida de Jesús le inquietaba.
Y hasta sentía ganas de verlo.

Un gesto que, para mí, debiera ser como un modelo de catequesis y de predicación.
Nosotros enseñamos muchas cosas de Jesús.
Pero no logramos crear esa inquietud y es ansia de “verlo”.
Creo que es una de las grandes deficiencias de la Evangelización:
Hablamos mucho de El.
Enseñamos muchas doctrinas del Evangelio.
Enseñamos eso que hemos llamado “la doctrina cristiana”.
Yo recuerdo que comencé estudiando el Catecismo de memoria.
En aquel entonces estaba de moda y era obligatorio el Catecismo del P. Astete.
Yo me lo sabía de memoria de “pe a pa”.
Pero Jesús seguía sin interesarme mayormente.
Debí esperar muchos años, hasta que me olvidé del Astete, y comencé a descubrir la persona de Jesús.

Herodes no sabía mucho de catecismo.
Tampoco sabía y conocía mucho del Evangelio.
Pero le llegaban noticias de El.
Y era El, el que le creaba esas inquietudes y esas preocupaciones.
“Quería verle”.

Está bien la doctrina. Pero:
¿No tendremos que comenzar por presentar a Jesús mismo?
¿No tendremos que comenzar por despertar la curiosidad por verle a El?
¿No tendremos que comenzar por ilusionarnos con El?
¿Por qué el cristianismo nos resulta bastante pesado?
¿Por qué el ser cristiano termina en aprender unas cuantas doctrinas que, no siempre entendemos?
Y entonces vemos que, ser cristianos, es simplemente aceptar “una doctrina más”.
Y las doctrinas, como todas las ideas o ideologías, suelen ser siempre frías.
No es la doctrina cristiana la que nos entusiasma.
Sino que, lo que tendría que entusiasmarnos es la persona y la figura de Jesús.
Un cristianismo con el Evangelio, pero sin Jesús ¿es cristianismo?

Comienzo a ser cristiano:
Cuando comienzo con la curiosidad de querer verle a El.
Cuando comienzo con la curiosidad de saber cómo era El.
Cuando comienzo con la curiosidad de saber qué sentía El.
Cuando comienzo con la curiosidad de saber qué pensaba El.
Cuando comienzo con la curiosidad de parecerme a El.
Cuando comienzo con la curiosidad de ser como El.

Es que el cristianismo no es “una escuela” ni es “una doctrina”.
El cristianismo es “Alguien” que ilusiona y arrastra.
El cristianismo es una “Persona” que nos encanta.
El cristianismo es Jesús.
Sin Jesús no hay cristianismo, sino doctrinas cristianas.

Clemente Sobrado C. P.

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