Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 25 a. Semana – Ciclo B

“Entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: “Meteos bien en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.” Pero ellos no entendían esta lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto”. (Lc 9,43-45)

El camino no Jesús no resulta nada fácil.
Por una parte vive entre admiraciones.
Y por otra parte entre rechazos
Eso le pasó cuando llegó a su pueblo.
Y eso le pasó en distintos momentos de su vida.
Le admiran mientras les conviene.
Pero no quieren entender cuando las cosas se ponen serias y no coinciden con los propios intereses.

Lo admiran por lo hace.
Pero no le entiende cuando habla de lo que los hombres harán con él.
Lo admiran mientras sana y cura enfermos o reparte panes y peces.
Pero no lo entienden cuando habla de su Pasión y Muerte.
Admiran un Jesús a medias.
No comprenden al Jesús entero.
Lo admiran mientras responde a sus intereses o a su modo de pensar
Pero no entienden, o no quieren entender, cuando habla de su final.

Yo no me escandalizaría demasiado de ellos.
Al menos si me examino a mí mismo y observo a los demás.
Nos encanta un Jesús que nos sana de nuestras enfermedades.
Nos encanta un Jesús que nos da la razón en nuestros criterios.
Nos encanta un Jesús que nos hace milagritos por ahí.
Pero cuando nos habla de que hay que pasar por a Pasión y la Cruz, no entendemos nada.
¿No estaremos viviendo un Jesús a medias?
¿No estaremos viviendo un Dios a medios?

Recuerdo haber escuchado al P. Pedro Richard C. P. hablando a parejas.
En un momento les dijo:
“Ustedes corren el peligro de creer y acompañar a Jesús hasta la Ultima Cena.
Pero luego no quiere saber nada de El hasta el Domingo de Resurrección.
Algo así como si la Pasión y Muerte no fuera para ustedes los casados”.

En cambio, Jesús hablando a los discípulos, les dice bien claro: “Meteos bien esto en la cabeza”.
No conoceremos bien a Jesús si no lo vemos en su Pasión y Muerte.
No entenderemos la vida de Jesús si no aceptamos su Pasión y Muerte.
No podremos seguir de verdad a Jesús si le mochamos la Pasión y la Muerte.
No entenderemos de verdad nuestra fe si prescindimos de la Pasión y Muerte.
Lo decimos cada día en nuestras misas:
“Este es el sacramento de nuestra fe.
Anunciamos tu muerte y proclamamos tu resurrección”.

Los Discípulos tampoco entienden nada.
Y lo curioso es que “todo aquello les resultaba oscuro y no lo cogían el sentido”.
Pero tampoco se “atrevían a preguntarle”, a “pedirle explicaciones”.
Preferimos no entender.
Pareciera que nos sentimos más libres.
Pero también hemos de reconocer que para ellos, por la experiencia que tenían de la cruz, no era fácil comprender que Jesús terminase en ella.
Era una experiencia que contradecía totalmente el resto de la vida de Jesús.
Todo aquello les parecía un absurdo. Y realmente lo era.
Sin embargo, son de estos absurdos de Dios, que terminan siendo las grandes verdades de Dios.
La cruz siempre nos resultará incomprensible desde nuestra lógica humana.
Necesitaremos la lógica de la fe, la lógica del amor de Dios.

Clemente Sobrado C. P.

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