Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Miércoles de la 26 a. Semana – Ciclo B

“Mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: “Te seguiré a donde vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. A otro le dijo: “Sígueme”. El respondió: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Le contestó: “Deja que lo muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios. Otro dijo; “Te seguiré, Señor: Pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. (Lc 9, 57-62)

Tres seguimientos, o tres posibles seguimientos.
El seguimiento de Jesús no es elegir una profesión.
El seguimiento de Jesús es una gracia.
El seguimiento de Jesús es una llamada.

Seguirle a El no es ponerle condiciones.
Seguirle a El es ser como El.
No se sigue a Jesús para alcanzar título alguno, sino correr el mismo riesgo de carecer de todo y ponerse sencilla y totalmente al servicio del Reino.
Aquí no se trata de hacer carrera.

El Papa Francisco se lo dijo muy claramente a los Obispo:
“De hecho, como Jesús eligió a los apóstoles y los envió a predicar el Evangelio y apacentar su rebaño, así los obispos, sus sucesores, son colocados a la cabeza de las comunidades cristianas, como garantes de su fe y como un signo vivo de la presencia del Señor en medio de ellos. Comprendemos, por lo tanto, que no se trata de una posición de prestigio, de un cargo honorífico.
El episcopado no es una condecoración, es un servicio. Jesús lo ha querido así. No debe haber lugar en la Iglesia para la mentalidad mundana. La mentalidad mundana, dice: “este hombre ha hecho la carrera eclesiástica, se ha convertido en Obispo…” No. En la Iglesia no debe haber lugar para esta mentalidad. El episcopado es un servicio, no es una condecoración con la que jactarse. Ser Obispos quiere decir tener siempre ante los ojos el ejemplo de Jesús, que como Buen Pastor, no vino a ser servido, sino a servir y para dar su vida por las ovejas”.

Seguir a Jesús es:
Estar dispuesto a vivir al día, sin seguridad alguna.
Sin tener “donde reclinar la cabeza”.
Estar dispuesto a dejarlo todo por el reino.
No mirar atrás, sino mirar siempre adelante.

Los ejemplos que pone Jesús pueden parecer inhumanos.
Pero son imágenes que quieren expresar la disponibilidad del seguimiento.
Jesús no es inhumano.
Y por eso pone esas condiciones de contraste que lo único que hacen es expresar la radicalidad y la totalidad del seguimiento.
No se le sigue para hacer carrera a cuenta del Evangelio.
No se le sigue sin desprenderse de lo más querido en la vida.
No se le sigue mirando atrás, a lo que se deja.
A Jesús se le sigue con los pies descalzos y un bastón en la mano y caminando siempre hacia delante sin quedarse añorando lo que se deja.

Ser cristiano es:
La disponibilidad total al Evangelio.
El compromiso total con la construcción del reino.
Tener como única meta y estilo de vida a Jesús.
Para ello la imagen de Jesús tiene que estar bien grabada en el corazón.
No se pueden poner condiciones.
Ni caer en quejas sobre las piedras del camino.
Ni caer en peticiones de rebajas.
Es entregarse totalmente como él se entregó.
No mirando al pasado sino proyectándose al futuro incondicional.

Clemente Sobrado C. P.

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