Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 27 – Ciclo B

“Se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús para ponerlo a prueba “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?”El les replicó: “Qué os ha mandado Moisés?” Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne” De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. (Mc 10,2-16)

Matrimonio

Con perdón del Evangelista, me voy a permitir el cambio del texto de este Evangelio:
“Maestro: “le es lícito a una mujer divorciarse de su hombre?”
¿Acaso solo el hombre es sujeto de derechos?
¿Acaso solo la mujer tiene que ser la víctima del hombre?
Los derechos no son masculinos.
Son masculinos y femeninos.
La mujer tiene los mismos derechos y obligaciones que el hombre.
Ambos tienen la misma dignidad.
Y ambos son igualmente sujetos de derechos (aún en el supuesto de que el divorcio fuese un derecho).
Dios no hizo al hombre libre y a la mujer esclava.
Hombre y mujer han sido creados libres.

Jesús no entra en esas disquisiciones.
Ni tampoco aboga por la libertad del divorcio.
Jesús va al fondo del problema:
Moisés actuó forzado por los hombres.
Pero Moisés no responde al plan de Dios.
Dios no creo al hombre y a la mujer como si fueses cosas distintas e independientes.
La creación está pensada para el hombre y la mujer.
La creación es plural.
No hay verdadero hombre sin la mujer.
Ni verdadera mujer sin el hombre.
Los creó “hombre y mujer”.
La humanidad es masculina y femenina a la vez.
Forman una unidad en igual condición y dignidad.

La indisolubilidad del matrimonio:
No es un problema de leyes.
No es un problema de permisividad.
Sino que es algo inherente a la naturaleza misma del hombre y de la mujer.
Ambos están llamados a la unidad.
Una unidad que está por encima de todas las demás unidades.
Incluso por encima de la unidad entre padre e hijo.
Hombre y mujer se sienten tan necesarios el uno del otro que “abandonan a sus padres”, para unirse “en una sola carne”.
Ambos están llamados a la mutua complementariedad.
Ambos forman lo que llamamos la humanidad.
Con los mismos derechos y las misma obligaciones.

Por eso el divorcio no forma parte de la naturaleza hombre-mujer.
La indisolubilidad es esencial al ser de ambos.
La indisolubilidad es un principio creacional, pertenece a la voluntad creadora de Dios.
Y cuando el hombre legisla admitiendo el divorcio, está atentando contra el plan original de Dios.
Por principio creacional, el matrimonio forma “una sola carne”.
Por el principio salvífico de Jesús el matrimonio forma “una sola vida, un solo corazón”
Moisés permitió el divorcio.
Nuestros legisladores también.
Sin embargo la respuesta está en volver al comienzo: “al principio no fue así”.
A la ley y voluntad de Dios pertenece no el divorcio sino que “sean uno”.
Y si dividimos el uno nos quedamos con “la mitad”.

Clemente Sobrado C. P.

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