Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 28 a. Semana – Ciclo B

“Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: “Esta generación es una generación malvada; busca una señal y no se le dará otra señal que la de Jonás. Porque así como Jonás fue una señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación”. (Lc 29-32)

El gran peligro de nuestra fe es cuestionar siempre a Dios.
Nos cuesta aceptar su Palabra.
Le pedimos señales.
Le pedimos pruebas.
Es Dios quien tiene que justificarse.
No somos nosotros los que tendríamos que justificarnos delante de El.

Jesús es la gran señal de Dios.
Pero no le creen.
Le exigen señales, signos que le justifiquen.
Con frecuencia, somos de los que nos quedamos mirando al dedo que señala algo.
No vemos la luna sino el dedo que la señala.
No las señales que él nos da cada día.
Sino las señales que a nosotros nos interesa.
Que nos dé un buen trabajo.
Que nos sane de nuestra enfermedad.
Que ingrese a la universidad.
Que apruebe los exámenes, aunque no haya estudiado.

La verdadera prueba de Jesús es la misma de Jonás.
La predicación de la conversión.
La resurrección al tercer día.
Digamos que la gran señal que marca a Jesús es la Cruz y la Resurrección.
La señal de Jesús es su muerte como expresión del amor y llamada al cambio.
La señal de Jesús es su resurrección como expresión de que la vida triunfa sobre la muerte.
La señal de Jesús es el anuncio del Reino y la llamada a la conversión.

Los Ninivitas juzgarán a muchas generaciones.
Ellos no creían.
Pero escucharon la predicación de Jonás.
Y se convirtieron.

Creer es ver los signos que Dios nos ofrece.
No pedirle los que nos interesan a nosotros.
Creer es ver el signo de la Cruz como expresión de amor.
No los signos de nuestro egoísmo.
Creer es ver el signo del Resucitado como triunfa de la vida sobre la muerte.
Por eso, la señal del cristiano será siempre el signo de la Cruz.

Además, la verdadera fe no exige pruebas.
La verdadera fe no exige argumentos.
La verdadera fe no exige milagros.
La verdadera fe no exige razones a Dios.
Creemos porque nos fiamos de él.
Creemos porque sabemos ver las señales que nos da cada día.
Incluso si esas señales dieran la impresión de oscurecerle, como la cruz.

Pedir pruebas significa que no le creemos.
Exigir signos significa que no nos fiamos de El.
Exigir que escuche nuestros intereses y egoísmos no es signo de fe.
Cuando le pedimos no con el “hágase tu voluntad” sino la nuestra, no es señal de fe.

Clemente Sobrado C. P.

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