Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 29 a. Semana – Ciclo B

Y les propuso una parábola: Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Qué haré?” No tengo donde almacenar la cosecha”. “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha”. (Lc 12,13-21)

No es pecado tener una gran cosecha.
Al contrario, es una bendición de Dios.
Lo difícil es verla como “bendición”.
Porque verla como bendición es verla como regalo de Dios para todos.
La bendición saca las riquezas de las manos del egoísmo.
Jesús, cuando toma el pan en sus manos, lo primero que hace es “levantar los ojos al cielo y bendecirlo”.
Ahora ya está listo para repartir.
Ahora ya está listo para que coman todos.
Ahora ya está listo para convertirse en eucaristía.
La bendición nos quito el pan de las manos para que otros coman.

El problema de este hombre:
No es ser rico.
Ni tener una gran cosecha.
Sino el mirarse a sí mismo.
Pensar solo en sí mismo.
Y olvidarse del resto.
Para él los demás no existen.

No se le ocurre pensar que otros no tienen cosecha.
Ni que otros tendrán que mendigar un pedazo de pan.
Lo único que lleva en su corazón son los graneros que le parecen pequeños.
Los nuevos graneros que tendrán que ser más grandes.
“Almacenar” es lo único que le preocupa.

Jesús no le condena por la cosecha.
Le condena por la estrechez de su corazón que solo piensa en almacenar.
Le condena por la pequeñez de su corazón donde solo caben los granos.
Su mayor granero es su propio corazón.
Está lleno de granos y vacío de personas.
Vacío de necesitados e indigentes.

El gran problema social de hoy y de siempre no está en la carencia de pan.
También hoy abundan las grandes cosechas.
El problema que llevamos está dentro de nosotros.
Solo pensamos en nosotros.
Solo pensamos en amontonar.
Solo pensamos en almacenar.
Pero ni se nos pasa por la cabeza el compartir.
Y ese es el problema de la pobreza en el mundo.
Cada uno piensa en sí mismo.
Cada uno vive para sí mismo.
Por eso, no solo hay pobreza en el mundo.
También hay demasiada soledad.
Porque es una riqueza que nos hace incapaces de ver que también los otros existen.
Para la riqueza solo existo yo.
Para la riqueza solo existo yo y mi cosecha y mis graneros.

La riqueza puede dar comodidad.
Pero no puede darnos vida.
La riqueza no asegura la vida.
Los grandes graneros pueden dar satisfacciones.
Pero los graneros no aseguran la vida ni nos hacen vivir más.
Nos hacen vivir como extraños en medio de una humanidad que no existe ni nos interesa.

Clemente Sobrado C. P.

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