Palabras para caminar: Una visita a tu museo

1.- ¿Has entrado alguna vez a un museo? Desde afuera no se ve nada de lo que hay dentro. Cuadros famosos, estatuas valiosísimas, y todo climatizado para que se conserven en buenas condiciones. ¿Entras con frecuencia dentro del museo que tú mismo eres por dentro? ¿Has visto bien los cuadros pintados por Dios en las paredes de tu espíritu? Vale la pena que te visites hoy. Entrada gratis.

Flickr: Xavier

2.- Cuando entras a un museo necesitas de un guía que te vaya explicando las salas, los cuadros, los autores. Para entrar dentro de ti necesitas de un guía. Es el Espíritu Santo.
Nadie como Él para explicarte la obra pictórica de Dios en tu corazón: la creación, la redención, el bautismo, la confirmación, la eucaristía, el matrimonio… Son otros tantos cuadros de gracia pintados por el pincel de Dios dentro de ti.

3.- En el museo que llevas dentro, la primera sala representa la creación. Dios está entretenido contigo, dándote los últimos detalles. Se ve cómo del pensamiento de Dios pasan rayos de luz a tu propia cabeza. Al fondo del cuadro apareces tú sonriente y mirándole a Él sereno y tranquilo. Y Dios te dice: ahora anda. Eres libre. Ahora sé tú mismo.

4.- En el museo interior de tu espíritu, la segunda sala corresponde a la redención. En un primer cuadro, Dios encarnándose haciéndose en todo igual a ti. En un segundo cuadro, Jesús muerto en la Cruz. Y una leyenda que te dice: “ahora ya sabes cómo te ama Dios”.

5.- En ese museo interior de tu espíritu, la tercera sala corresponde a tu condición de Iglesia. No. No aparecen paredes pintadas, ni campanarios. Aparece gente simpática, sonriendo, cantando, celebrando fiesta. Es tu propio espíritu viviendo en comunión de fe y de vida con todos tus hermanos.

6.- En ese museo interior de tu espíritu, la cuarta sala, es muy simple, pero riquísima en contenido. Una serie de cuadros van describiendo la historia de Dios en ti: bautismo, estás saliendo de la pila bautismal como hijo de Dios recién nacido… En otro, allá más al fondo, iluminado por los rayos de luz de una ventana, te representa a ti sucio y pasando por el sacramento de la penitencia, y saliendo por la otra parte blanco como la nieve y brillante como un solete.

7.- Finalmente hay una sala que sólo enseñan a algunos. Es tu experiencia espiritual interior. No hay palomas ni nada. La llaman “la sala del Espíritu Santo”… Aquí pareciera que los pinceles se detuviesen y sólo aparecen dos escenas como dos luminosidades: Una luz intensa que es el Espíritu de la luz, el Espíritu Santo y otra luminosidad, ésta de un rojo vivo, es el Espíritu de caridad.

Clemente Sobrado C. P.

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