Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Domingo 30 – Ciclo B

“El ciego Bartimeo estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: “Hijo de David, ten compasión de mí”. Muchos lo regañaban para que se callara. Jesús se detuvo y dijo: “Llamadlo”. Llamaron al ciego diciéndole: “Animo, levántate, que te llama” Se acercó a Jesús. Jesús le dijo: “¿Qué quieres que haga por ti?” “Maestro, que vea”. (Mc 10,46-52)

Un ciego muy interesante.
No reconoce a nadie de los que pasan por el camino.
Pero es capaz de reconocer a Jesús.
Un ciego que no ve a los que pasan.
Pero sí puede ver a Jesús como su única esperanza.

Se me ocurre pensar cuántos pasaron anónimamente delante de él.
Ni lo vieron ni les vio.
Ni sintieron lástima ni despertaron esperanza.
Ni se detuvieron ni les pidió más que una limosna.

He pasado delante muchos.
Posiblemente no me he fijado en ellos.
Y lo peor, que tampoco ellos han visto en mí una esperanza en sus vidas.
Posiblemente dejé una limosna en su sombrero.
Pero me dejaron pasar de largo porque no descubrieron en mí posibles esperanzas.

Y todavía peor:
¡Cuánto nos fastidian los gritos de los que sufren!
¡Cuánto nos fastidian los gritos de los que tienen hambre!
¡Cuánto nos fastidian los gritos de los que viven sin esperanza!

Y claro, lo más fácil es:
Mandarlos callar.
Mandarles que no molesten nuestra tranquilidad con sus quejas.
Mandarles silenciar para que no perturben nuestra indiferencia.
Impedirles que se manifiesten para que no perturben el orden.

¡Qué fácil es acallar el hambre de los que no tienen pan!
¡Qué fácil es acallar la soledad de los que viven sentados al borde de la vida!
¡Qué fácil es acallar el sufrimiento de los que no tienen consuelo!.

La gran esperanza está en que Jesús:
No es de los pasan y no ven.
No es de los que pasan y no oyen.
No es de los que pasan y piden silencio.
Porque Jesús, nunca pasa indiferente ante el sufrimiento humano.
Siempre se detiene.
Siempre ordena que nos “acerquemos a El”.
Siempre nos pregunta ¿qué puede hacer por nosotros”.

Perdón, amigos si he pasado a vuestro lado y nos os he visto.
Perdón, si he pasado a vuestro lado y os mandado callar.
Perdón, si alguna vez vuestro sufrimiento me ha incomodado.

Maestro, que hoy podamos ver.
Maestro, que hoy podamos ver a los que no ven.
Maestro, que no mandemos callar a los que gritan su dolor.
Maestro, que hoy podamos escuchar de ti que nos dices:
“Anda, tu fe te ha curado”.
Maestro, que también hoy recobremos nuestra visión y podamos seguirte por tu camino.
Maestro, no te pedimos milagros, te pedimos una fe que pueda hacerlos.

Clemente Sobrado C. P.

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