Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Viernes de la 29 a. Semana – Ciclo B

“Decía Jesús a la gente: “Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Chaparrón tenemos” y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: “Va hacer bochorno” y lo hace. Si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?” (Lc 12,54-59)

Somos originales.
Vemos lo que queremos.
Y no vemos lo que no queremos.
Escuchamos lo que nos conviene.
No se oye, Padre, en aquello que no nos interesa o no nos conviene.
Hay más ciegos por intereses que ciegos por la naturaleza.
Por eso, las cosas no son como son, sino como nosotros las vemos.

Solemos tener buena vista para interpretar las realidades terrenas.
Solemos ser bastante miopes para las cosas de Dios.
Jesús lo experimentaba cada día.
Una simple nube nos descubre que va a llover.
En cambio sus actitudes y comportamientos no les dicen nada.

A Dios lo tenemos cada día delante de nosotros.
Y nosotros no lo vemos.
Dios se nos manifiesta constantemente.
Pero nosotros nos vamos de largo.
Dios nos habla cada día.
Pero nosotros no le escuchamos.
A nuestros hermanos los vamos como vecinos.
Pero ¡qué difícil es verlos como hermanos!
Y, por supuesto, “como hijos de Dios”.

A Dios no podemos verlo directamente.
A Dios solo podemos verle en aquellos signos en los que se nos revela.
En la vida de la naturaleza vivimos de signos.
En la vida de fe, también.
Es preciso tener esa misma sensibilidad para con las cosas de Dios.

¡Qué fácil vemos los defectos de los otros!
¡Cuánto nos cuesta ver sus virtudes!
¡Qué fácil vemos la Iglesia en los defectos de los hombres!
¡Cuánto nos cuesta ver la Iglesia en sus signos evangélicos!

Vivir de la fe y vivir la fe es vivirla desde los signos.
Necesitamos aprender a leer los signos de Dios.
Necesitamos leer más allá de la noticia.
Para ver lo que hay al otro lado de la misma.

En nosotros mismos hay infinidad de señales de Dios que debiéramos reconocer.
Y que con frecuencia los leemos al revés.
Y hasta acusamos a Dios de no escucharnos.
¿Una enfermedad nos dice algo sobre Dios?
¿La amistad de los demás nos dice algo de Dios?
¿La salud nos dice algo sobre Dios?
¿El despertarnos cada día, nos habla algo de Dios?
¿La muerte de un amigo, nos habla algo de Dios?
¿El silencio actual de Dios, nos dice algo?
¿Esta cultura del placer, nos dice algo de Dios?
¿Este abandono de la Iglesia, nos dice algo de Dios?

Señor:
Sé que eres invisible.
Pero te haces visible en los signos.
Dame la gracia de poder reconocerte en ellos.

Clemente Sobrado C. P.

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