Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Lunes de la 30 a. Semana – Ciclo B

“Un sábado, enseñaba Jesús en la sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poder enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. El Jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado dijo a la gente: “Seis días tenéis para trabajar; venid en esos días a que os cure, y no los sábados”. (Lc 13,10-17)

La intransigencia nos hace duros e insensibles.
Y peor cuando se trata de la intransigencia religiosa.
De la intransigencia a nombre de Dios.
No es lo mismo ser exigentes que intransigentes.
Dios es exigente, pero no intransigente.
La intransigencia puede ser una manera de disimular nuestras propias deficiencias.
Y sobre todo, la intransigencia:
Endurece nuestras relaciones personales.
Deforma la religión.
Deforma la experiencia de Dios.
Deforma la autoridad.
Deforma la misma ley en la que se fundamenta.

Jesús era exigente.
Pero no era intransigente.
Cada vez que se encuentra con el sufrimiento humano su corazón se enternece.
Es sábado y está en la sinagoga enseñando.
Ve una pobre mujer toda una vida encorvada.
Nadie le pide que la sane, es el mismo que se acerca a ella con ternura.
“Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Y le impuso las manos. Y ella se enderezó”.
El escándalo vino de parte del jefe, responsable del cumplimiento de la ley.
Y arma un escándalo en la sinagoga.
Pero Jesús sale en defensa de la persona por encima del sábado.
La verdadera religión ha de comenzar por valorar a la persona.
La religión es para el hombre y no el hombre para la religión.
No llegamos a Dios con nuestras intransigencias.
No llegamos a Dios a través de la ley que no da preferencias al hombre y a la mujer.

Esposos: no os amáis más siendo intransigentes.
El amor os hace exigentes, no intransigentes.
Papás: no educáis a los hijos con vuestras intransigencias.
Pero sí con vuestras exigencias y comprensiones.
Sacerdotes: seamos amablemente exigentes.
Pero que no nos vean como mecánicos intransigentes con nuestra gente.

El Papa Francisco nos pide ser exigentes.
Pero no intransigentes.
Constantemente nos habla de la comprensión, de la misericordia y del perdón.
Quiere una Iglesia llena de amabilidad.
Pero no quiere una Iglesia rígida e intransigente.

“El Papa Francisco pidió hoy a los sacerdotes que sean pastores caracterizados por una actitud de “ternura” y “amor” hacia los cristianos, para evitar así convertirse en “mercenarios”.
“Todos los que en la Iglesia estamos llamados a ser pastores, no podemos desviarnos de este modelo si no queremos convertirnos en mercenarios. El pueblo de Dios tiene un olfato infalible para reconocer a los buenos pastores y distinguirlos de los mercenarios”.
Por una falsa fidelidad no alejemos a la gente de la Iglesia.

Es posible que hayamos vivido un moral de intransigencia más que una moral de misericordia y comprensión.
La intransigencia aleja.
La misericordia y la comprensión acercan.
La intransigencia es fruto de los hombres esclavos de las normas y las leyes.
La misericordia y la comprensión es fruto del amor.
No es el hombre para la moral, sino la moral para el hombre.
Porque cada uno de nosotros valemos más que el buey o el burro.
Dios lo sabe muy bien.
Ahora tenemos que saberlo nosotros.

Clemente Sobrado C. P.

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