Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Sábado de la 30 a. Semana – Ciclo B

“Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. (Lc 14,7-11)

Jesús no quiere darnos clases de urbanidad y cortesía.
Jesús quiere enseñarnos que el Reino de Dios es, en primer lugar, un convite.
Jesús quiere enseñarnos que el Reino de Dios es, una comida a la que somos invitados.
Jesús quiere enseñarnos que en el Reino de Dios, los últimos serán los primeros.

Porque los invitados a la comida de Dios no se rige por nuestros criterios humanos:
Aquí, no hay asientos reservados.
Aquí, no hay asientos que pongan de manifiesto la categoría humana de los invitados.
Aquí, se invierten los papeles.
Aquí, los pequeños tienen preferencia.
Aquí, los marginados tienen preferencia.
Aquí, los grandes y los que se creen más, no serán precisamente los primeros.

Dios no ha leído nuestras normas de cortesía.
Dios no es de los que a los grandes les da preferencias.
Dios, más bien tiene preferencias por los sencillos, los humildes.

Con perdón de todos me van a permitir expresar mis dudas y hasta mis preocupaciones.
¿Será el Presidente el que ocupe el primer lugar?
¿Será el Papa el que ocupe en primer lugar preferencial?
¿Serán los Cardenales y Obispos los que ocupen el primer lugar?
¿Seremos los sacerdotes los que ocupemos el primer lugar?
¿Seremos los religiosos y religiosas los que ocupemos el primer lugar?

Confieso que, leyendo el Evangelio, no siempre me siento cómodo.
Por eso, tampoco me siento cómodo cuando alguien me dice: “Pase Usted, Padre”.
Me siento incómodo cuando me dan preferencias, precisamente por ser sacerdote.
Un día, acudí a la cita con mi médico.
Había bastante gente que había llegado antes que yo.
Salió la secretaria, y con gran vergüenza mía, me dice: “Pase usted, Padre”.
Me sentí tan mal, que me atreví a responderle: “Hay muchos antes que yo, esperaré mi turno”.
Cuando me invitan a una casa, suelen ponerme en la cabecera de la mesa.
Yo con malicia me siento en el montón y no me muevo.
Mi respuesta es siempre la misma: “Gracias, pero el sacerdote de casa es el papá o la mamá”

Estoy seguro que en el banquete del Reino nos vamos a llevar muchos “chascos”.
Muchos que hoy cortésmente ocupamos los primeros lugares, en el banquete de Dios, vamos a estar bien lejos, hasta es posible que tengamos que mirarle con “catalejos”.
Y muchos que hoy, ni siquiera sentamos a nuestra mesa con los invitados y tienen que comer en el “comedor de los empleados”, el banquete de Dios, ocupen los primeros lugares.

Es decir, Dios no ha estudiado nuestra cortesía humana.
Dios mira con ojos diferentes a lo que hacemos nosotros.
Dios nos valora de una manera diferente a la nuestra.
Claro, Dios mismo al encarnarse “se humilló a sí mismo haciéndose uno cualquiera”.
Y ahora, esos que son “uno cualquiera” también tienen las preferencias de Dios.
Los títulos y dignidades valen poco a la hora de sentarnos a la mesa del Reino.

Señor, yo no sé cuál será la silla que me tienes reservada.
De todos modos, me contento con que haya una silla para mí, cuando yo no he tenido una silla para muchos de mis hermanos.

Clemente Sobrado C. P.

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