Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Los Fieles Difuntos

“Estaba María llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve a dos ángeles de blanco… Dícenle ellos: “Mujer, ¿por qué lloras? Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Dicho esto, se volvió y vio que Jesús, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella pensando que era en hortelano, le dice: “Si tú le has llevado, dime dónde le has puesto, y yo me lo llevaré”. Jesús le dice: “María”. “¡Maestro!” (Jn 20, 18)

Ayer, Todos los Santos. ¡Santidad universal!
Hoy Todos los difuntos, ¡realidad universal!
La Liturgia da hoy opción a toda una selección de textos. Yo he preferido elegir este texto pascual de Juan, por lo tierno, por su realismo y también por lo bello y hermoso.
Como el domingo de Resurrección, también y mañana la gente llenará los cementerios visitando los sepulcros.
Sepulcros también vacíos.
Sepulcros también vacíos, aunque nadie se haya robado a nuestros seres queridos.
Sepulcros donde también habrá más de una lágrima.
Sepulcros junto a los cuales manifestaremos nuestros recuerdos y sentimientos.
Sepulcros vacíos que no nos hablen de robos, sino de “ya no está aquí”.
Sepulcros en los que habría que escribir, “no busquéis entre los muertos al que está vivo”.

“Mujer, ¿por qué lloras?”
¿Por qué llorar a los que nosotros creemos muertos, si están vivos?
¿Por qué llorar a los que la vida ha sacado afuera y están en el jardín de la vida?

Pondremos flores, muchas flores.
¿Para quién?
Para nosotros como recuerdo.
Porque los sepulcros aunque estén cerrados, están vacíos.
Porque los sepulcros aunque huelan a muertos, son llamadas a la vida.

No lloremos a los que ya no están en el sepulcro.
No lloremos a los que ya han salido del sepulcro.
No lloremos a los que ya están en el seno del Padre.
No lloremos a los que el Padre ha glorificado.

La Liturgia de los muertos comenzó la mañana de Resurrección.
La Liturgia de los muertos comenzó la mañana en que Jesús pronuncia nuestro nombre.
Una Liturgia que para nosotros es de muertos.
Una Liturgia que para Dios es de vivos.

Las mujeres empeñadas en embalsamar a los muertos para conservarlos.
Mientras tanto el difunto está embalsamado con la vida pascual que no muere.
Mientras las mujeres piensan conservar el cuerpo muerto, Jesús disfruta de la vida en el jardín.
Aquí no hay muertos.
Aquí sepulcros donde estuvo unas horas.
Aquí hay sepulcros que nos hablan de cómo Dios:
Corre la losa pesada.
Despierta al que está dormido.
Levanta al que está envuelto.
Enciende la vida que se había entregado ya y no era suya sino nuestra.

Es posible que hoy haya más gente camino de los cementerios que camino de las Iglesias.
Es posible que hoy haya más gente en los cementerios que en las Iglesias.
Es posible que hoy demos más importancia a los que han muerto que a los santos.

No lloremos a los que viven ya en Dios.
Podemos llorar por nosotros que aún estamos en camino.
No lloremos a los que viven la bienaventuranza de Dios.
Podemos llorar por nosotros que aún no hemos llegado.

No es el “día de los muertos”.
Es el “día de los que ya viven”.
No es el “día de los sepulcros que huelen a muerto”.
Es el día de los sepulcros vacíos porque quienes los han habitado ya no están sino que se han ido al corazón de Dios.

Clemente Sobrado C. P.

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