Bocadillos espirituales para vivir el Tiempo Ordinario: Martes de la 34 a. Semana – Ciclo B

“Algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: “Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido”. (Lc 21,5-11)

Jesús no se pierde una.
A todo le saca punta.
Pero Jesús nunca que se queda en el follaje de las cosas.
Siempre va a las raíces.

Hace unos años Jean Guitton, filósofo francés, publicó un libro muy pequeño. Total 89 páginas. Pero el título lo dice todo. “Silencio sobre lo esencial”. Y comienza diciendo:”Abordo un tema difícil: lo esencial. Sobre lo esencial, en todos los dominios, se guarda silencio”.

Es que nosotros preferimos irnos siempre por las ramas, por lo accidental.
Nos da miedo plantearnos lo esencial. Es más fácil nadar a flor de agua que no bucear en las profundidades.

Era lo que le sucedía a la gente, mientras contemplaba el Templo.
La belleza del templo no estaba dentro.
La belleza del templo estaba por fuera.
Era la belleza de las piedras y de los exvotos.

Y lo externo, lo accidental, las apariencias duran poco.
Basta preguntar a todos esos que, a cierta edad se resisten a mirarse ya en el espejo y prefieren la cirugía estética.
“Eso que contempláis, llegará un día que no quedará piedra sobre piedra”.

Para Jesús la verdadera belleza no está fuera.
Para Jesús la verdadera belleza no está en las piedras del templo.
Sino dentro del templo.
Sino en el sentido del templo como “casa de Dios y espacio de oración”.

El gran peligro que todos corremos está precisamente en eso.
Templos para el turismo, no templos para encontrarnos con Dios.
Templos para sacarles unas fotos de recuerdo, no para llevarnos el recuerdo de Dios.

Y algo parecido sucede con “nosotros, templos del Espíritu Santo”.
Mucho cuidado externo.
Mucha preocupación por la belleza externa.
Mucha preocupación por lo accidental
Mucha preocupación por lo secundario.
Mucha preocupación por las apariencias.

Pero demasiado silencio sobre lo que llevamos dentro.
Demasiado silencio sobre la belleza del corazón.
Demasiado silencio por las verdades fundamentales de la vida.
Demasiado silencio por las grandes verdades:
La gracia.
La presencia de Dios morando en nosotros.
De donde venimos y a donde vamos.
¿Qué somos y que tendríamos que ser?
La vida y la muerte.

Demasiado silencio sobre las grandes preguntas del corazón.
Demasiado silencio sobre Dios.
Demasiado silencio sobre la trascendencia de la vida.

Nos quedamos con la cáscara de la vida.
Pero olvidamos la verdad de la vida.
Y nos da miedo preguntarnos por eso que es esencial.
Preferimos entretenernos con lo superficial.
Porque enfrentarnos con lo esencial es enfrentarnos con nuestra verdad.
Y eso nos da miedo a todos.
Nos cuesta mirarnos en el espejo de nuestra verdad.
Y preferimos distraernos con nuestra cirugía estética.

Quien olvida lo esencial, se olvida del ser.
Quien olvida lo esencial vive del vacío.

Clemente Sobrado C. P.

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