Bocadillos espirituales para vivir la Navidad: Viernes después de la Epifanía – Ciclo C

“Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos porque andaban como ovejas sin pastor y empezó a enseñarles muchas cosas. Cuando se hizo tarde se acercaron los discípulos a decirle: Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer”. El les replicó: “Dadles vosotros de comer”.(Mc 6,34-44)

No hace sino comenzar y la gente le sigue en rebaño.
La gente descubre algo nuevo en él.
Se distancian de sus escribas y maestros y siguen la enseñanza de Jesús.
Jesús sintió lástima porque los ve como ovejas que quieren pastar y no tienen donde.
Tienen maestros. Pero no tienen pastores.
Tienen quien les enseñe doctrinas. Pero no tienen quienes se preocupen y cuiden de ellos.

El gran peligro de todos.
Me piden atención y yo no tengo tiempo.
Me piden orientación y yo no dispongo de tiempo para escucharles.
La gente necesita de pan.
Pero la gente necesita de quienes les escuchen y les presten atención.
La gente no son cosas que se arruman sino personas que necesitan abrir sus vidas.
Por eso siguen a Jesús porque se sienten valoradas.
Siguen a Jesús porque se sienten importantes.
Siguen a Jesús porque sienten que alguien que vale la pena.
Siguen a Jesús porque sienten alguien les presta atención.

Hay un algo en Jesús que le hace ser diferente.
Hay un algo en Jesús que hace que la gente lo busque.
Hay un algo en Jesús que hace que la gente lo siga olvidándose del tiempo e incluso del estómago.
Es que la gente necesita llenar el estómago.
Pero la gente necesita de algo más.
Necesita ser tratada como gente.
Necesita ser tratada como personas.
Necesita sentir que para alguien son importantes.
Son gentes que buscan algo más que doctrinas.
Son gentes que buscan vida.

Pero Jesús sabe ver y mirar. Por eso siente lástima.
Les habla, pero también piensa en el estómago.
Les enseña, pero sabe que también necesitan de comer.
Está bien hablarles de Dios, pero sin olvidar que tienen hambre.
Está bien hablarles de cosas espirituales, pero sin olvidar las necesidades materiales.

Es gente que tiene dos hambres:
Hambre de Dios.
Hambre de estómago.
Los discípulos se dan cuenta de que necesitan comer.
Y buscan la solución más fácil: que se vayan a buscar comida por los pueblos vecinos.

Sin embargo Jesús no es el de las soluciones fáciles.
Quiere que aprendan a ver a la persona de manera integral: alma y cuerpo.
Está bien les ayuden a salvar el alma.
Pero sin olvidar que también necesitan comer.
Dadles el pan del espíritu.
Valoradlas como personas.
Que se sientan acogidas.
Pero aprendan también a mojarse.
“Dadles vosotros de comer”.

Benedicto XVI lo entendió muy bien cuando, en la Encíclica “Dios es Amor” escribe:
“La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: “Anuncio de la Palabra de Dios”, “celebración de los sacramentos” y “servicio de caridad”. “Para la Iglesia, la caridad pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia”.
“La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario”. “Quedando a salvo la universalidad del amor, también se da la exigencia específicamente eclesial de que, precisamente en la Iglesia mismo como familia, ninguno de sus miembros sufra por encontrarse en necesidad”. (DC n.25)

Palabra de Dios, sí.
Sacramentos, sí.
Servicio de la caridad, sí.
Y esto pertenece “a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia”.

Clemente Sobrado C. P.

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